Por Ramiro García Morete

Una escritora vestida de luto entre rejas oxidadas custodia el umbral de un teatro derruido. No es preciso invocar a la vieja mitología escénica sobre fantasmas para inquietarse. No hay marquesina, pero todo anuncia una rutilante ausencia en la función principal. Con la misma potencia y alegoría, la serie se extiende en otros retratos: músicos cabizbajos ante las chapas grafiteadas que clausuran el Anfiteatro del Lago; una estufa desvencijada y tres tablas del Hermandad del Princesa sobre una pared húmeda; skaters cubriéndose con sus cascos bajo un techo del Pasaje Dardo Rocha; una bailarina con guantes y campera desplegándose como un cisne en un helado depósito del Teatro Argentino y otra estirándose sobre un piano roto. Todo en color, como si el claroscuro entre la vitalidad del arte y la decrepitud de la desidia no demandara el característico blanco y negro de este nacido en Villa Mercedes, San Luis.

O sencillamente para evitar tanta interpretación estética y correrse del foco. Algo que entendió mucho tiempo después de aquel viaje de egresados de primaria con la pocket o las fotos con la cámara del padre que tomaba con alguna novia o en alguna vacación. Quizá fueran los piquetes del 2001 o la sensación de que su carrera de politólogo no era suficiente para expresar y servir a sus inquietudes. “No te puede dar lo mismo”, dirá en algún momento. Ese otro u otre que aparece en sus retratos es alguien que puja por derechos y dignidad. Y lo hace en las calles, donde “se disputa el sentido”, remarcará. En la calle (en 5 entre 46 y 47) puede verse desde hoy este registro del abandono y cuya triste coautoría pertenece al Estado. O mejor dicho, a una gestión que desde lo municipal a lo nacional -pasando por lo provincial- se ha encargado de vaciar y desfinanciar todo lo que ataña a lo público. Y eso incluye, por supuesto, a los espacios culturales. Indignado en principio por la situación inconcebible del Teatro Argentino, luego fue convocado por otros artistas y trabajadores de la cultura de nuestra ciudad en lugares que replicaban la misma desidia. El reconocido autor de “Aluvión” o fotos icónicas como la de Milagro Sala no dudó en accionar con un fin concreto. Inspirado en nombres como Favio o Carpani, rescata la tradición del artista comprometido con la política y entiende la fotografía como una forma de memoria. En definitiva, el arte no es tanto hacer que miren nuestro mundo sino que puedan ver el mundo que miramos. Y Seba Miquel, con su Nikon d800 pero básicamente con su alma, mira hacia donde muchos no quieren ver. Allí de donde el Estado se ha alejado, pero pronto -si el pueblo así lo exige- va a volver.

Miquel cuenta que la serie surge a partir de que vio cómo estaban trabajando las chicas y chicos del ballet del Teatro Argentino. “Tengo amigas ahí. Entonces, informándome, lo que hice fue tratar de evidenciar con la fotografía el estado del teatro. Básicamente porque todos los espacios culturales son muy importantes y que este gobierno provincial dejó de lado totalmente. No les interesa la cultura, el patrimonio, ni los trabajadores ni trabajadoras”, explica.

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A través de algunas notas en medios nacionales y las redes, las fotos circularon al punto de que “muchos amigos platenses me dijeron: ‘Tendrías que hacer esto en otro lugares también’. Fue un llamado de amigos que dijeron que esto mismo se podía replicar en espacios en la esfera municipal”. Y agrega: “Se trata de mantener la memoria en futuro para que tengamos en claro de qué se tratan estos gobiernos”.

“Esto viene pasando a todo nivel: municipal, provincia y nacional -se explaya Miquel-. Cuando se habla de la ciencia pareciera que habla de algo abstracto. Estás hablando de los trabajadores y lo mismo pasa con la salud, la educación. En este caso tocó la cultura y los trabajadores alrededor de la cultura”.

En concordancia con su estilo (donde los retratos son recurrentes) le pareció importante que los espacios fotografiados incluyeran personas ligadas: “Siempre pasa que hay uno que va y hace una foto relativamente buena de un espacio. Aunque esté destruido puede tener una belleza. Pero cuando uno le pone el factor humano, lo dimensiona desde otro lugar. Son las personas que deberían estar actuando, leyendo, participando. La idea era incluir a los que tienen que ser protagonistas. Y que sean todos platenses. Es una apuesta política para evidenciar un problema: el desinterés del gobierno de Garro”.

“LA IDEA ERA INCLUIR A LOS QUE TIENEN QUE SER PROTAGONISTAS. Y QUE SEAN TODOS PLATENSES. ES UNA APUESTA POLÍTICA PARA EVIDENCIAR UN PROBLEMA: EL DESINTERÉS DEL GOBIERNO DE GARRO”

Ese objetivo concreto incidió en desplazar el recurso del blanco y negro: “No buscaba lucirme ni generar tanto un aspecto fotográfico. Busqué hacer una denuncia. Y la mejor manera era mostrando las cosas tal cual se ven. Sin ninguna interfaz artística”.

“La fotografía -define Miquel- principalmente es memoria, si se quiere. Lo que plasma queda y depende como se preserve o se cuide y termina siendo memoria popular. Esa es una parte. La otra es esa cuestión más inmediata que tiene que ver con mostrar algo que no todos quieren ver o el poder no quisiera que se viera. Entonces el poder te muestra otras cosas. Esto es una manera de hacer contrapoder. Es una manera de mirar lo que no todos miran”. Y extiende: “Tratar de eso que está tapado se vea por todos los medio posibles. Y creer que la calle es un espacio de disputa político. Y es el principal lugar donde deben mostrarse las cosas. Están las redes, pero la calle es un lugar simbólico de disputa de sentido y es un buen lugar para manifestarse”.

El desprecio de gestión de Garro no solo alcanza a lugares esenciales como el Teatro del Lago y el Club de Ajedrez sino que afecta a distintos centro culturales independientes, cuya cantidad cayó de 100 a 63 según un relevo de la Red Multicultural.

“Hay una cuestión fundamental que es la curiosidad -enfatiza el fotógrafo-. Y hacerse cargo con la máquina. ¿Por qué esta foto sobre el estado del patrimonio? Porque me lleva la curiosidad, el interés. No te puede dar lo mismo. No me da lo mismo gente pasando hambre. Hay que correr el foco de uno mismo y ponerlo en el otre”. Y también propone otra cosa más para hacerse cargo: “Tenemos los argentinos una tradición de artistas y pensadores comprometidos que han ayudado a darle forma y estética a los pensamientos y los sentimientos populares”.

Respecto al futuro, hace hincapié en la reconstrucción: “Uno sabe que las urgencias sociales son altísimas y no es ciego con las prioridades. A pesar de eso espero que se pueda rearmar y reconstruir no solo el tejido social -que es lo prioritario- sino todo lo que condensa que es también lo cultural”.

Testigo y actor de situaciones de conflicto y lucha, también se da lugar para imaginar un posible futuro escenario tras las elecciones: “Bastante más alegre. Una gran bacanal de alegría popular. Pero más que fotografiar espero ser parte de eso. Y uno es parte sacando fotos. Fundirme con el pueblo y con la alegría que también va a ser la mía. Yo siempre le robo la frase a Leonardo Favio que dice: Me hice peronista porque no se puede ser feliz en soledad”.