Por Ramiro García Morete

“Todo en el universo tiene ritmo. Todo baila”, decía una tal Maya Angelou. Y por repetido no es inexacto asociar los tambores con los corazones. Hace falta de ambos para que la música no solo mueva el alma sino los pies. Y para sostener el ritmo ya no solo de un forró, frevo, un samba reggae o latin jazz sino de un proyecto. Reivindicando la raíz afroamericana y el baile como lenguaje que no reduce sino potencia la imaginación musical, son diez años ya del numeroso y poderoso ensamble Tioco. Entre la percusión candente y sofisticados pero vivificantes vientos, el grupo no solo publicó un adelanto de su primer disco de estudio sino que prepara una celebración acorde a la ocasión. La cita será este 2 de noviembre a partir de las 18 hs en el Galpón de las Artes en Meridiano V (71 e/ 13 y 14), al aire libre y con entrada gratuita.

“Tioco es una banda que ha pasado muchos músicos -cuenta Joaquín Pérez, saxofonista-. Algunos se fueron a vivir a otros lugares o armaron otros proyectos. Al festejar lo que queremos generar un reencuentro con esa gente. No solo festejamos haber permanecido diez años, sino que quienes hayan transitado quieren volver a tocar con nosotros”.

El grupo está conformado por un baterista, tres percusionistas, bajista, guitarra, y una sección de vientos de dos trompetas, trombón y tres saxos, además de las voces de todos los instrumentistas.

“Durante estos diez años la banda se dedicó a tocar. Más que nada en fiestas, festivales, en las calles. También tocamos con bandas de rock o cumbia. Como la gente baila, tiene ese carácter más festivo. Entonces nuestro foco estaba en tocar. Pero últimamente sentimos que debía quedar cristalizado en una grabación piola. Había cosas en vivo, videos. Pero queríamos algo en estudio”. Lo grabaron en Santa Espina, el estudio de Juampi Espina, guitarrista del grupo, quien ofició de ingeniero.

“El modo de trabajo de la banda -define Pérez- está entre una orquesta y lo que es una banda de rock. Muchas cosas de oreja, de probar, más bien de arreglos artesanales. En la cruza entre ese modo que es más oral que tienen la percusión y más de composición escrita que tienen los vientos, aprendizaje de melodías de oído”.

Así como en el teatro se dice que en verdad es más difícil hacer reír que llorar, se podría pensar que es similar con el baile. “En esa especie de heterogeneidad y eclecticismo también es que laburamos la danza y baile de ese lugar. Pero no es que escuchar la música sea un acto menor. Vos podés simplemente escuchar con un montón de acordes en la cabeza o también sumarte en una especie de pogo”.

De cara a un gran festejo, Pérez confiesa: “Sostener un proyecto así no es fácil. Nos autogestionamos. La producción de este evento me encuentro escribiendo un arreglo, invitando, ensayando y a la vez hablando con vos. Pero también preocupándome del escenario. El sostén de un grupo que no aspira a tener un desarrollo o por las coyunturas no tiene una devolución comercial como quisiera, necesita una carga de energía extra. Si lo que te mueve no es la música, no lo podés hacer. Tengo 38 años. Y después de hacer música desde los 20 años, muchas veces como trabajo y otras no, hay que seguir poniéndole el cuerpo. Creer en un objetivo. Ahora en el show. Queremos que sea una fiesta puesta ahí. No pensando en lo que vayamos a recibir, simplemente en que esa fiesta se produzca y que esa especie de carnaval loco que imaginamos sea”.

Pérez dice con que el tiempo han generado “una especie de mística de grupo y capas de públicos de diferentes edades” en diez años donde debieron pasar de lugares como La Mulata o Ciudad Vieja a espacios más amplios dado el volumen e intensidad.

Para concluir, Pérez habla sobre la devoción por la música afro de esta agrupación cuyos músicos proceden de diversos géneros o mejor dicho, han tocado muchísimos. “A la música hay que explorarla, vivenciarla, compenetrarse. Tiene toda una profundidad que tiene que ver con la búsqueda de identidad y de nuestra cultura negada. También con una alternativa a lo que se presenta como la música en un sentido gigante: la música clásica, el jazz, el pop. Se trata de generar el baile, traerlo a otros lares y llevarlo a la fiesta popular”.