Por Ramiro García Morete

«No somos héroes, no somos mitos/ somos amigos del ruido infinito». Cuando entró a la sala sintió el flechazo. Así describirá la sensación de ver una batería, un bajo y guitarras en un garaje. «Chau, listo. Es esto», pensó casi como una epifanía cuando lo llamaron para cantar e intentar tocar el bajo, precisamente, en John 3:16. Apenas cursaba cuarto año del Nacional, pero la música siempre había estado ahí. Ya fuera por los primeros acordes en criolla de su madre o por la música que su hermano mayor le pasaba, como aquel cassette de rock nacional que compraron en unas vacaciones en Córdoba. Aún faltaría para dar esa promoción que fue ingresar a Sacachispa Carrascosa y todo un universo de posibilidades de la canción que se expandió.

Es esto, seguirá pensando seguramente. Como después del 2001, cuando la crisis y la rabia fueron el contexto para dejar atrás bandas experimentales como Arboles Quietos o Grupo Soporte. «Cansado» –nada menos– sería disparador cuando sus amigos Juan Pedro y Nono lo apoyaron, sin saber que no era un chiste. Cuarenta temas en un año lo demostraban no solo en cantidad sino en lenguaje. Directo pero no explícito, urgente pero no ligero. Los integrantes cambiarían así evolucionaría el sonido disco a disco pero se mantendrían ciertas líneas. Rectas o diagonales, como la ciudad que aprendió a caminar junto a su abuelo en pleno centro del cuadrado y a la que su familia pertenece nada menos que desde antes de la fundación. Rectas, puntiagudas, son palabras que usará para referirse estas canciones «punks, simples y sin distorsión». Como esa voz, tan personal como enfática, inspirada en su amigo Rodrigo y por carácter transitivo en Wire.

«Uno» sería el primer tema de cuatro elepés que tendrían a Richard Baldoni y Gualberto de la Orta como aliados infalibles. Pero esa voz trascendería a Chivas Argüello (de él estamos hablando). Con referencias a las ciudad (746), las nuevas generaciones (Chics), la memoria (Pañuelos), la alienación (TV), el snobismo (Warhol), ideología pura (Poder) y otro tópicos con ingenio e ironía, una suerte de conciencia colectiva sería condensada como un mensaje cifrado y poético. Más que robótico, un perfecto ensamble mecánico con tracción a sangre candente. Algo así es Norma (de ellos estamos hablando).

«No somos alguien, no es colorido/ donde esté la fama no es nuestro destino…» Tras los shows de regreso con 2 Minutos en Obras y Gang Of Four, la banda renovaría energía con el ingreso de Gastón Mateos al bajo, pero mantendría el flechazo. El placer de hacer música sin otro objeto, más allá de haber logrado el respeto y admiración de público y prensa nacional diecisiete años de camino. Poder seguir haciendo una canción con un minuto y un solo acorde para decir algo más que «todos los colifas/ todos los locos por el diagonal 78». Es esto, sí. Pero en Norma «esto» siempre trae debajo algo más. O delante. Por eso una de la mejores bandas del país planea un disco y seguir diciendo entre el ruido infinito.

«Se grabó el 11 de agosto en ION –introduce Chivas sobre el nuevo corte–. Es re fresco. Lo hice dos semanas antes. Como los bluseros, siempre tengo intención de hablar de la esquina ¿no? La ciudad es una inspiración». También lo fue la palabra «colifa», que Gualberto de Orta (guitarrista) suele utilizar. Pero tanto en el sonido como en la letra se percibe algo que él mismo define como «una declaración de principios». «Estamos en un lenguaje anticuado pero al mismo tiempo el tema refuerza la idea de que no tenemos otra cosa que hacer. Que somos esto. Y tenemos la fuerza para decirlo todavía». Y extiende: «No somos chicos que estamos buscando sonidos en sintetizadores. Hacemos música con esto. No estamos viendo las vistas en spotify. Hay algo que trasciende a esto. Tenemos que ser fieles a nosotros mismos. No hay otra. Y si tengo ganas de hacer un tema con un tono solo y un minuto de duración lo hago. Nadie me lo va a impedir ni me va a importar si se escucha o no». La declaración –es importante aclararlo– no tiene que ver con una mirada melancólica ni menos reaccionaria con el presente. Por lo contrario, Chivas suele mostrarse muy receptivo a lo que ocurre a las nuevas generaciones. «Otras verdades vendrán, diferentes», cantaba en «mentes» y dice ahora: «Al mismo tiempo de la selfie, el yo, el ego, también hay un montón de movimientos colectivos re copados, pibes y pibas, que se juntan a hacer cosas en conjunto».

El músico cuenta que la incorporación de Mateos y los preparativos para un show en Niceto fueron el puntapié para volver a pensar un disco que ya está grabado y que se editará en Marzo del año que viene. «Mantiene el lenguaje, pero al mismo tiempo disparamos a distintos lugares. Hay temas medio psicodélicos, algo que estaba en Norma, pero con más desprejuicio. Lo mismo con unas partes darks. Y es un poco noventoso, va un poco para el lado de Pixies o bandas más experimentales pop. Un disco con más curvas, no tan rectas, no tan puntiagudo».

El músico intenta explicar ese estilo: «Es como lo natural que nos sale. Tenemos una forma re contra histérica de tocar y hacer ruido. Pero para divertirnos, para sacarnos la mierda. Si llevo algo tranqui, nos juntamos los cuatro y sale fuerte, sale fuerte y ya. Los cuatro juntos nos potenciamos». Pero ese estilo no es salvajismo puro sino que hay un concepto poético: «La síntesis es una especie de estructura que te hace más concreto. Un poco es usar lo que tenés, las herramientas y adaptarte a eso. No sé florear la canción. No me gusta dar muchas vueltas a la hora de concretar el tema». Lo mismo ocurre con sus lúcidas letras: «Cuando escribía poesía, respetaba la primera intención. Un respeto al primer envión».