Desde hace siete días Ecuador se encuentra paralizado por las protestas sociales desencadenadas por el paquete de medidas de ajuste anunciadas por el presidente Lenín Moreno.

El mandatario ecuatoriano desencadenó una brutal represión, declaró el Estado de excepción y el Toque de queda. Al menos 700 personas fueron arrestadas y decenas fueron heridas. Se suspendieron libertades y derechos ciudadanos, se intentó culpabilizar de las protestas al expresidente Rafael Correa y el gobierno de Venezuela. Lenín Moreno huyó a Guayaquil desde donde anunció que seguirá con la represión y sus ministros amenazaron con arrestar a todos los dirigentes del correísmo.

Para analizar la realidad que vive ese país, Contexto dialogó con Gabriela Rivadeneira, integrante de la Asamblea Nacional, dirigente de la Revolución Ciudadana y una de las figuras más destacadas de la política ecuatoriana.

– ¿Por qué se produjo este estallido social en Ecuador?

– Ahora todo el mundo es testigo de que Lenín Moreno, luego de que asumió el poder, dio un giro a su política económica. Eso promovió la ruptura de nuestros sectores. Desde ese giro de la política económica ha acumulado una un conjunto de decisiones que poco a poco han ido mermando una política de redistribución de la riqueza, para remplazarla por políticas de beneficio a las élites económicas.

A raíz del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Moreno empezó a aplicar despidos masivos, una serie de medidas económicas ancladas a políticas de tercerización y flexibilización laboral y el retiro de subsidios, uno de ellos –el más fuerte– el retiro total de subsidio a los combustibles que hizo que subieran más del doble.

Una vez que Moreno anuncia estas medidas empieza a haber los primeros brotes de movilización en el país. Al segundo día de las protestas pierde el control y declara Estado de excepción. Prácticamente militarizó el país y dio paso a una serie de vulneraciones y violaciones de derechos humanos.

– ¿Cuál fue la consecuencia de la protesta y la represión?

– El martes se cumplieron seis días de paro nacional. Hay más de 700 personas detenidas arbitrariamente en territorio ecuatoriano, incluido dirigentes sociales y sindicales; decenas de personas heridas y un fallecido.

El ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín​, que es un exmilitar del gobierno de León Febres Cordero (que fue el único gobierno dictatorial que tuvimos en el país), salió a hacer una amenaza y decir que la Fuerza Pública va a responder como tenga que hacerlo para controlar la situación social.

Todo esto motivó que se levante el movimiento indígena que junto con jóvenes, estudiantes, movimientos feministas, y otros actores sociales, prácticamente han tomado la capital. Moreno ha abandonado el Palacio de Carondelet (Casa de Gobierno de Ecuador, en Quito). Ahora se encuentra dando declaraciones pública desde Guayaquil, donde está uno de sus principales aliados, Jaime Nebot (el virtual candidato de los socialcristianos). Hay un cierre de la Asamblea Nacional (Poder Legislativo). El presidente de la Asamblea, César Litardo, se ha negado a convocar a sesión del pleno, con lo que evidencia que la función legislativa está fuera del juego político, cuando debería ser quien llame a restituir el orden democrático por vía constitucional.

En definitiva: Hay un caos social muy grande y una crisis política que se evidencia en la crisis de representación que vivimos hoy en el Ecuador.

– Ante la negativa del presidente de la Asamblea Nacional de convocar sesiones para tratar esta crisis y la postura de Lenín Moreno que en la conferencia de prensa que dio el lunes, en donde dijo que no retrocedería en sus medidas, que las protestas era parte de un intento de desestabilización y culpó de ello al expresidente Rafael Correa, al correísmo todo e incluso responsabilizó al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. ¿Cuál es el camino que queda para solucionar este conflicto?

– Nada de eso es nuevo. Lenín Moreno ha puesto todo un aparato mediático al servicio de desprestigiar al correísmo, empezando por Rafael Correa pasando por todos los que hacemos dirigencia aquí en el país. Esto además tiene como fin justificar una persecución política que empezó desde la ruptura con una serie de acusaciones judiciales contra Rafael Correa, contra el vicepresidente Jorge Glas, que lleva dos años en prisión sin que se le haya comprobado ninguna de las acusaciones en su contra, y contra Ricardo Patiño, que ahora está en condición de refugiado en México justamente por haber dado un discurso a la militancia para la organización y la resistencia en forma pacífica. Toda una construcción discursiva para la persecución política en la que se sigue insistiendo en la responsabilidad del correísmo cuando en realidad las protestas están conformadas por sectores autónomos.

Nosotros hemos propuesto la vía constitucional. Nuestra Constitución es muy clara en este aspecto, señala que ante la ingobernabilidad el Presidente puede llamar a una figura que se denomina “Muerte cruzada” en la que prácticamente anula el Parlamento y tiene que convocar a elecciones para presidenciales y parlamentarias.

El nivel de violencia que estamos viviendo en el país amerita la aplicación de esta figura constitucional y esta salida dentro del orden constitucional y democrático.

Lastimosamente no sabemos hasta cuándo va a seguir en esta postura el Gobierno. La protesta social se profundiza en el país. Veinte de las veinticuatro provincias están totalmente paralizadas. Eso da una clara muestra de lo que está pasando en Ecuador hoy. Esperamos que en los próximos días esta situación pueda ir bajando de tono y que se encuentre una salida democrática.

– ¿Cómo han actuado los medios de comunicación frente a este conflicto?

– Las corporaciones mediáticas han sido totalmente complacientes con el Gobierno. Han tratado de ocultar y tergiversar la información. Frente a las medidas económicas de ajuste anunciadas por Moreno, no hicieron foco en que se retiraba el subsidio al combustible, sino en que entrarán al país tablet, teléfonos celulares y computadoras sin aranceles. Este tipo de mensajes son los que evidencian que hay una prensa y medios de comunicación que están prácticamente en alianza con el gobierno de Lenín Moreno y con los grupos de élite política y económica que están detrás de este gobierno.

Moreno no se cae porque tiene detrás al Departamento de Estado, a las corporaciones mediáticas y a las élites económicas que lo sostienen.

A pesar de que muchos comunicadores y periodistas han sido violentados por la Fuerza Pública durante sus coberturas y de que ahora contamos con un pronunciamiento de la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y distintos organismos de Derechos Humanos sobre las violaciones que se están sufriendo, los medios hegemónicos siguen complacientes con el Gobierno y minimizan todo lo que está pasando en el país. Repiten el discurso de la Ministra del Interior, María Paula Romo Rodríguez, y dicen que el país está volviendo a la tranquilidad y que ya no pasa nada.

– Ecuador tiene una memoria reciente de luchas que han terminado con la expulsión de mandatarios que traicionaron el voto popular y que aplicaron políticas neoliberales. ¿Se puede hacer un paralelo entre aquellas luchas y la que se está desarrollando en la actualidad?

– Antes de la llegada de la Revolución Ciudadana en 2006, Ecuador cambió siete presidentes en 10 años. Muchos de ellos tuvieron que salir del país derrocados por las movilizaciones y la lucha popular.

Muchos de los síntomas que vemos ahora y muchas señales que se han dado en las manifestaciones, especialmente del movimiento indígena, hacen recordar la gran movilización del movimiento indígena de los 90’. Aquellas luchas marcaron un hito en la historia de nuestro país y de América Latina en materia de organización y movilización del sector indígena contra políticas antipopulares y neoliberales. Creemos que esto se le ha ido de las manos al gobierno de Moreno y esperamos que el presidente sea capaz de reconocerlo y abogar por una salida democrática a pesar de habernos militarizado de estar reprimiendo al pueblo en las calles.