Por Ramiro García Morete

La Placita, el Tinto Bar, El Cafetal. Avanzados los años noventa La Plata era algo distinta. Ni peor ni mejor. «Quiero ser como esos viejos», pensaba Nacho al ver la Blues Oil. Su propio viejo, Eduardo, era un bluesman que le había legado el amor por la música y le había comprado una armónica. No hacía mucho lo había llevado nada menos que a ver a Los Redondos a Huracán. No es casual que los primeros trabajos de adolescente de Nacho fueran a cambio de clases de guitarras. Con amigos seguirían a todos lados a esos «viejos» y consecuente al lugar de reunión (Parque Saavedra) fundarían «La banda del parque», un intento musical más basado en osadía que pericia. Por entonces, el rap era una música que apenas si se conocía más allá de Illya Kuryaki o alguna mala parodia televisiva. A la electrónica se le decía «marcha» y Alak la repartía en un CD tan curioso como inolvidable. Entre Adidas y skates se juntaban muchos estilos bajo el mote «alternativo». Pero tras la primera visita de los Rolling Stones a nuestro país, había un género que vivía un nuevo esplendor: el rock & roll. A decir verdad, ¿por qué decir que volvía si nunca se había ido? Los sacos de pana que hoy desempolva, daban crédito de un culto que sin embargo tenía sus matices. Los poco reconocidos Blues Motel no solo le explotarían la cabeza sino que serían la guía para pensar una lectura más fidedigna del espectro stone: no es solo rock & roll. O el rock & roll es mucho más que tres acordes.

En tiempos donde se acuñaron el motes raros como «rock barrial» y «el aguante», Nacho emprendería aventuras con La Jaula. Mientras la banda de Villa Elvira colmaba Reconquista, Viejas Locas tomaba una posta a nivel nacional. Veinte años después, cuando Narvales lo había orientado a un hard rock más oscuro, Nacho compartiría una idea con Mauro: un homenaje a la banda liderada por Pity. Spotify y trap, influencers y pañuelos de colores hermosos y no tanto, otorgaban un contexto distinto. Un miércoles del 2017 en Pura Vida, un notable equipo de guerreros celebraría temas indelebles con participación de Fachi (bajista de la banda de Lugano). «El rock & roll sigue vivo», pensó el cantante. Entonces había dejado la música, pero tal revelación a la par de reescuchar “Sopa de cabeza de cabra» de los Rolling Stones, alentaron la llama. Que, por cierto, jamás se había apagado. Convocando de vuelta a gente «de distintos palos, pero del palo» al fin, se propusieron una misión: devolver a la ciudad ese fuego sagrado del rock & roll. Pero no desde el reviente, la pose o la precariedad. Con el aplomo que dan los años, una música que por simple no carezca de profundidad y contundencia. Como quien vuelve al barrio después de haber andado lejos, allí están estos «nuevos viejos»: Nacho Bruno (ex Narvales y La Jaula) en voz y guitarra acústica; Hernán «Cucha» Gil (ex la Smith) en guitarra; Mauro Barreka (ex Desbaratand Banda y Malayunta) en bajo; Mauro «Gallo» Gallina ( ex Gamulanes y Mojo) en guitarra; y Christian Vercesi (ex Lugosi y La Pelada) en batería. Conciliando ritmo & blues y rock sureño, entre Stones y Black Crowes, con un sonido vintage pero aggiornado, se lanzan al ruedo los Cabeza de Cabra. Y es que hay que ser un poco loco de la cabeza para seguir apostando a esta música que precisamente habita debajo: en los pies, en las caderas y sobre todo en el corazón.

«Había una idea premeditada –cuenta Bruno–. Imagínate que venimos de distintos palos pero a la vez del palo. Todos somos chabones elegante stone de los 90 de La Plata. Old school. Personalmente quería tocar rock roll. El rock de los noventa, homenajear a Blues Motel y esas bandas del conurbano de los noventa, con las raíces de los setenta como base. Pero con sonido nuevo. Fresco y con buena ferretería. Pero con inclinación más vintages».

Bruno se ríe al registrar este momento de redescubrimiento: «Volver a componer rock me fue una odisea. Tuve que volver a desempolvar discos, afinar la guitarra en sol abierto, cambiar la métrica de mis melodías, cortar frases largas. Volver a experimentar a mi primer amor, pero algo no adolescente». Y traza una analogía: «Es como volver al barrio, pero incluso a tenerle al barrio más respeto y darle lo que se merece». El músico reconoce que quizá por impulso juvenil, antes se tocaba como fuera y parte de la energía estaba en llenar lugares. Ahora el foco está exclusivamente en lo artístico. «Somos una banda de rock & roll treintañera. Ya no llegan mensajes de gente que había dejado de ir a ver bandas. No es que somos la nueva gran cosa, como canta Mostruo!. Pero volvimos a interpelar un publiquito que tuvo un auge y que no se sentía interpelado».

Bruno se entusiasma con llevarlo más allá de la banda. «Me pone bien volver a sacarle el polvo a la campera de cuero, sacos de pana, camisas con buenos cuellos. Vuelvan a usarlas. Queremos una fiesta elegante stone, con ese espíritu del buen vino. Escuchar para Ratones, Stones, The Faces, Blues motel…Volver a esa esencia. Pueden pasar mil estilos: candombe uruguayo, trap, rap, reguetón. Pero el rock siempre va a estar ahí, a veces más y otras menos masivo. Siempre perdura. Y lo que perdura y el vino».

De la mano de los cambios tecnológicos (que sacudieron la primacía de la música de guitarras), el género también es discutido por algunos discursos con los que se lo identifica. «El rock & roll tiene algo de pose. Yo la levanto. ¿Cómo voy repudiar querer verse bien? Lo que sí han cambiado son los modos de tocar ciertos temas. Por ejemplo, este single lo escribí a los 16. Lo saqué de un baúl viejo y tuve que cambiarle la letra. Antes decía «bella nena» y ahora «antiprincesa». Se trata de reconstruir el lenguaje acorde a una nueva idiosincrasia que se está plantando y bancamos a morir. Vuelvo a repensar mis modos. No se trata de repudiar sino de reversionar o escribir otra canción con lo que había».

Y expande: «Estamos reivindicando al viejo rock roll y aggionándonos. No le tiramos al reviente. Somos responsables, somos comunicadores. Hay hijos. Y escribimos más sobre otra cosa: sobre la amistad, el país, la calle. No queremos escribir que estamos de la cabeza… cambiaron los tiempos».

Como una máquina de componer canciones donde todos los integrantes participan, la banda tendrá su debut oficial el 8 de noviembre, a las 22 hs, en la Sala A de la Estación Provincial (17 y 71). Bruno remata: «El rock & roll tiene sentimiento y musicalidad. Y esa perseverancia, como un buen vino. Es sensual. Tiene cosas exquisitas, tiene imagen, tiene un sonido rico. ¡Me volvió a conquistar! Y bueno… todos vuelven al primer amor».