Por Ramiro García Morete

«Irá cambiando el lugar del escenario / siempre fue música la sangre de mis sueños / y poesía todos mis deseos…». El escenario natural era inmejorable: un lugar solitario y esplendoroso cerca de Capilla del Monte, ideal para la introspección. Lo mismo ocurría con los viajes quincenales de regreso a La Plata para visitar a sus hijes, con plácidas lecturas como Free Play de Stephen Nachmamovich o Armonía de las esferas a la par de un I-Pod que en random disparaba Larralde, Bowie o Aristimuño. Lo cierto es que la experiencia y también el estudio de nuevas armonías en guitarra, promovían nuevas canciones. Nacido en Mar del Plata («me encanta decir que nací cerca del mar», dice), pero criado en el cuadrado, en su casa no había tantos discos como sí músicos. Su madre era pianista aficionada, su tío profesional (tocó el piano con Juan D´Arienzo, entre otros) y su hermana integraba el coro infantil del Teatro Argentino. Quizá fueron esas reuniones donde los coreutas se hablaban armonizando, la música clásica que reinaba por sobre un poquito de Beatles o sencillamente la rebeldía adolescente pero él necesitaba otra cosa. Y a los 13 o 14, Los Piojos y la batería guiarían un rumbo.

En verdad serían las juntadas con su amigo Pato, quien tocaba la guitarra pero precisaba más que un baterista: alguien que escribiera letras. «Botella, botella / no soy nada sin ella», rezaría la primera de varias. Pero si hay un genio en toda botella, debería esperar un buen tiempo para salir. Con el Chino al frente de Don Lunfardo, desarrolló con mucha pericia el rol otorgado por las baquetas. «Algunas de mil millones termina siendo canciones / el dolor desenfundado termina siendo cantado». Pero algo siempre se siguió agitando en su interior. Y fue por ello que dejaría la convocante y ya mítica banda platense. Si bien tendría un breve paso en la bata de Estelares, era esa necesidad de cantar que lo llevó a comenzar de nuevo. Otra vez. «Vos siempre estás empezando», dice que le dice su compañera.

Su frescura y espiritualidad tendrían en Magos Galácticos el lugar para florecer y dar el paso como compositor y cantante. Pero no sería magia. Y algunos cambios de integrantes le darían la certificación de que la banda no funcionaba como tal. «Me enredé con preguntas sin respuesta / me cansé de golpear todas las puertas». Quién sabe si fue el silencio del monte o la terrible crisis personal del 2017 la que lo llevó a decidir que esas canciones debían grabarse bajo su propio nombre. Damián «Starky» Celedón (Guasones) y el productor Matías Sorokin serían aliados para darle un sonido impecable en el mejor sentido a estas canciones que –siente él y se advierte– detentan crecimiento. Mayor amplitud melódica y lírica que sin dejar de lado el existencialismo, demuestran más trabajo. «Antes hacía cuatro canciones por día y ahora una por mes». Canciones adhesivas pero personales, que se plantan en el rock pero que pueden acercarse a una chacarera, una balada o lo que surja desde adentro. Como cuando «ritualiza» el momento de componer y prende un sahumerio o hace unos mates. Y sabe que algo va a venir, sin pensar una influencia u otra. «Esa pelota en el estómago o un cosquilleo». El resultado sería Perfectamente humanxs, un disco que tranquilamente podría apuntar a la alta rotación y del que sin embargo no espera más que la satisfacción de la obra. Con más de veinte años como músico, Diego Ocampo está feliz de empezar de nuevo y de aceptarse humanamente imperfecto, perfectamente humano.

«Lo tenía planeado inmediatamente después de Magos», introduce Ocampo. «Siempre quise formato banda, todos tirando para el mismo lado. Pero funcionaba como un solista, más que nada a la hora de laburar. Yo quería hacer un disco pero por una cosa u otra se retrasaba, faltaba guita, costaba ensayar». Ocampo había decidido juntarse con Starky para trabajar con canciones que no entraban en Magos Galácticos. Pero eventos personales mencionados y giros varios hicieran que no solo entrara en juego Matías Sorokin como productor sino que la banda se terminara y decidiera grabar con su nombre.

Ocampo distingue este nuevo trabajo del álbum con la banda del 2014: «Sí hay continuidad en el género canción. Pero siento que esto es una profundización que empezó con Magos, en lo musical, en lo personal, con más conocimiento y más escucha de música. Con las letras me puse más exigente a la hora de que no aparezcan tópicos comunes. No me sale escribir sobre otro. Me sale escribir sobre cómo me siento en ese momento».

En el medio, el músico atravesó una internación por un agudo cuadro de stress que nuevamente hizo tambalear todo, generando cambios y una certeza: «Mi vida es 50% música y 50% familia». Dos certezas, mejor dicho: «Mi vida es constante cambio. Y este disco marca un nuevo cambio». Ocampo tiene la sensación de que esta vez es distinto: «Sería el ‘empezar de cero’ definitivo. Desde acá construyo los cimientos de una cosa nueva. Algo más grande a nivel personal. Magos Galácticos fue la piedra fundamental y lo re agradezco. Pero con el disco yo flashaba las radios y con este, disfruto el momento de ensayo. O que los nenes me pidan las canciones o mi compañera tararee una en cualquier momento del día».

Más allá de que el enfoque y las expectativas son otras, sabe que el disco tiene un status. «Lo sé y estoy contento. El laburo de producción fue zarpado. En el estudio salieron cosas tremendas a un nivel muy pro. Por eso no sé si presentarlo este año o el que viene. ¡Porque hay que defenderlo en vivo!».

Un gran paso que representa Perfectamente humanxs se da a nivel vocal: «Este disco fue más plantado. Antes me daba más vergüenza. No sabía cómo iba a sonar mi voz… Aprendí un montonazo. Cuando grabé ya me gustaba porque tenía sustento lo que estaba cantando también. Soy yo mismo como si estuviera hablando pero cantando. Con profundidad y liviandad. Encontré en el canto lo que encontré con la batería. Me saqué también ese qué dirán. Y ahora no quiero tocar ningún instrumento: me hice cargo de que soy cantante».

Más allá del proceso existencial que infiere la música para Ocampo, no es ajeno a problemáticas sociales. «No leo diarios ni miro tele. No confío en los medios. Me entero más por más por charlas con mi compañera, por ejemple, que trabaja en la Consejería de la mujer. Creo que en el tema ‘Cárceles y hoteles’ hay algo de 1984. Pero como que por ahora no me sale mucho escribir sobre esos temas. Por supuesto que me interesa el mundo que me rodea y muchísimo que se vaya esta gente. Pero llevo todo un proceso de mucha introspección. ¡Pensá que recién ahora me abro a compartir una sala de ensayo!».