A trece años de la segunda desaparición de Jorge Julio López se llevaron adelante diferentes actividades convocadas por la Mesa por los Derechos Humanos de La Plata. Durante la mañana, en la Escuela Normal Superior N° 1 «Mary O. Graham», la agrupación estudiantil Laura Carlotto presentó a Rubén López, hijo de Jorge Julio López, y a Verónica Bogliano, abogada querellante en juicios por crímenes de lesa humanidad. Ambos relataron lo vivido el día de la segunda desaparición, describieron el proceso de búsqueda y reflexionaron acerca de los contextos de ambas desapariciones.

López fue secuestrado por primera vez en el marco de la última dictadura cívico-militar en Los Hornos, el 27 de octubre de 1976. Estuvo detenido-desaparecido en cinco centros clandestinos de detención bajo el mando de los genocidas Ramón Camps y Miguel Osvaldo Etchecolatz: Cuatrerismo, Pozo de Arana, Comisaría Quinta, Comisaría Octava y Unidad Penal N° 9, hasta el 25 de junio de 1979. Mientras estaban vigentes las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los indultos presidenciales otorgados por Carlos Menem a los represores, se presentó como testigo en los Juicios por la Verdad abiertos en 1998 y relató las torturas que padeció. 

La nulidad de las leyes de impunidad permitió la reapertura de los juicios penales contra los autores y coautores del plan sistemático de desaparición, tortura, apropiación y exterminio. López también brindó su testimonio en esta instancia y relató los tormentos que sufrió junto con sus compañeros de cautiverio. En su declaración sostuvo que el genocida Etchecolatz dirigía sesiones de tortura y ejecuciones. Sobre este punto, describió los asesinatos de Patricia Dell’Orto y Ambrosio De Marco y, a pesar de que los cuerpos de ambos permanecen desaparecidos, gracias a su aporte se pudo condenar al genocida por homicidio.

El 18 de septiembre de 2006, López fue desaparecido. Ese día la querella concluyó su alegato y al día siguiente el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata, presidido por el exjuez Carlos Rozanski, condenó a Miguel Osvaldo Etchecolatz a prisión perpetua por algunos de sus delitos cometidos en el marco del genocidio. Se trata de la primera condena argentina que tuvo en cuenta la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas tras la Segunda Guerra Mundial. 

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Acerca de lo sucedido hace trece años, Rubén López reconstruyó cómo vivieron los días previos a la desaparición de su papá. En este sentido, describió el impacto que significó para la familia escuchar el testimonio de Jorge Julio en el juicio, donde relató las torturas que padeció mientras estuvo en cautiverio. Rubén dijo que su padre «vivió con tranquilidad, con mucha ansiedad pero tranquilo» el proceso judicial que se llevó adelante en el Salón Dorado de la Municipalidad de La Plata. Sin embargo, lamentó que aún no se sepa qué sucedió: «Mi vieja falleció y nos causa mucho dolor no poder haberle dicho qué pasó con mi papá».

Luego de felicitar a los estudiantes secundarios por la realización de una masiva marcha a 43 años de la Noche de los Lápices, donde «dieron un claro ejemplo a los grandes de lo que debe ser la unidad», Rubén López analizó el contexto político actual: «Los cambios de administración de gobierno llevan a que los jueces cambien de pensamiento. La prisión domiciliaria de Etchecolatz, la ‘libertad domiciliaria’, como le digo yo, se la dieron dos días antes de la feria judicial para que tuviera sus vacaciones en su casa», repudió en relación con el beneficio otorgado al genocida en 2017, luego revocado. Asimismo, recordó la desaparición forzada de Santiago Maldonado y exigió que la causa esté caratulada de ese modo.

Verónica Bogliano remarcó la importancia de los juicios por crímenes de lesa humanidad y afirmó que «gracias a la declaración de Julio se pudo constatar que asesinaron a Patricia Dell’Orto y a su compañero Ambrosio De Marco». En relación con este punto, explicó que existen grandes dificultades para condenar al autor de un homicidio cuando los cuerpos están desaparecidos. Asimismo, en relación con su testimonio por su primera desaparición, recordó que López brindó grandes aportes para la apertura de otras causas y describió que logró ver a varios detenidos desaparecidos por haber sido tabicado (ojos cubiertos) por los genocidas con un pulóver amarillo, a diferencia de la tela negra que utilizaban usualmente. 

En relación con el punto anterior, Bogliano recordó que durante una inspección ocular realizada en el marco del juicio contra Etchecolatz, «en la Comisaría Quinta iba relatando con tantos detalles que los secretarios tuvieron que pedirle que fuera más despacio por todo lo que recordaba». Acerca del impacto que tuvo la segunda desaparición, la abogada dijo que «al año siguiente tuvimos que afrontar un juicio sin López, y muchos testigos tenían miedo», y repudió que «la causa judicial no diera ninguna respuesta. Se hacían búsquedas en lugares que eran infructuosos y se plantaron pistas falsas». 

«En un genocidio no solamente es víctima la persona que fue secuestrada, sino también la familia y toda la sociedad», afirmó tras relatar la historia de sus padres, Susana Leiva y Adrián Bogliano, asesinados durante la última dictadura cívico-militar.

Verónica Bogliano convocó a los estudiantes secundarios a profundizar la lucha y la continuidad de los juicios que investigan y juzgan delitos de lesa humanidad.