Por Ramiro García Morete

«En cada canción hay una historia / Una historia de amor, un mensaje eterno» (El Mojo). Cuando escucha Palabras más, palabras menos se transporta a su casa de Coghlan y a su hermano. «¿No te pasa que una canción que re flashaste y después de un tiempo la volvés a escuchar y te lleva a esa época?», preguntará sencilla y genuina como cada palabra que pronuncia. Pensar que a través de Los Rodríguez llegaría a Los Gatos y que un día nada menos que Ciro Fogliatta la convocaría a su banda Las Blusettes. Por entonces ya se destacaba en esas zapadas a la vuelta de la plaza de Flores, cuando 133 o 113 mediante sorprendía con su soltura y expresividad en la guitarra. Además, resaltará ella misma, llamaba la atención que fuera una chica. Casi del mismo modo que María Gabriela Epúmer lo había hecho años atrás con su solo en «Cerca de la revolución» e hizo pensar a la chica que gustaba cantar los Cadillacs en la ventana: «Esto es lo que quiero».

Criada entre la música de los Beatles y la radio, había asistido a un colegio donde había talleres artísticos y en la clase de música cantaban cosas como «Nos siguen pegando abajo». «Una letraza», definirá efusiva sobre algo que le interesa por sobre las múltiples notas que puede extraer de las seis cuerdas, sobre todo después de haber hecho varios cursos de armonía: las historias. Será por eso que tras el notable e instrumental Dedos negros (2016), grabado solo seis meses después de unir por pura intuición y energía a Nicolas Silva (bajo) y Rodrigo Benbassat (batería), decidió poner la voz. «Me gusta jugar con el error. Creo en la identidad de mi voz», señalará. Dueña de una técnica de esas que se perciben no en el ampli o el pedal sino en la mano, sabe que el asunto va por otro lado. Sobre todo en el blues, que lejos está de ser el marco de su universo pero sí la raíz. Su hermano Simón escuchando «Buscando un amor» de Pappo había sido la puerta de entrada, con una producción de carácter internacional «pero con canciones propias». Luego vendrían las clases con Pedro («uno de esos héroes anónimos») y sumergirse en gigantes como Freddie King. Pero la esencia –o el mojo– siempre estuvo en otro lado. «Déjame que con solo dos cuerdas te voy a reivindicar», reza una canción que surge, como todas, de historias propias o recopiladas como a ella le gustan. Si bien habla del Oso y de Martina, podría ser autorreferencial. Porque siendo zurda y sin saber que había guitarras para ello, apenas si tocaba al aire a los quince con su primera guitarra. La había comprado una tarde de un verano en el que no tenía materias que rendir y esperó paciente en las escaleritas del Paseo La Plaza hasta que abriera la Antigua Casa Núñez.

El tiempo transcurre distinto cuando gira alrededor de la música. A veces se detiene y otras –por el contrario– no puede evitar avanzar. Como cuando en 2018 editara Calles de tierra y ya asentada dentro de la canción entendiera que –más allá de los solos– ese es el camino a seguir. «Muy Atahualpa, ¿no?», se reirá Sol Bassa. Proyectando un nuevo disco o EP, una de las artistas más interesantes del under avanza como en la portada de su último trabajo: guitarra en mano, calma y rodeada de muchos más colores que el blues.

«Estamos presentando Calles de tierra y también lo mezclamos con el primer disco –anticipa sobre su show en La Plata–. Y estamos tocando canciones de lo que va a ser el EP, que se va a llamar Errores coleccionables. Son cinco canciones que editaremos en formato digital. Con esas tres producciones vamos saliendo a la cancha. Un poco rompemos con la regla de tocar solo lo que tenemos editado. En el día a día vas construyendo y querés mostrar en tiempo real».

«Yo creo que va para un lado mucho más cancionero todavía. Hay solos de guitarra en dos temas. Quizá en Errores coleccionables intento dejar más huella en una letra. Desde lo cotidiano, de cosas que voy viviendo. La letra está muy presente, con mucha identidad. Igual sin dejar de perder de vista la guitarra». En la charla surgen nombres como Clapton, Epúmer o Rot a la hora de ejemplificar que –salvando distancias– por ser guitarrista no hace falta demostrar o puntear todo el tiempo. «Hay otra ramita de la música que me llama mucho la atención, que es construir una canción». Y con el tiempo fue ganando confianza: «Se dio con respecto a la voz. Me gusta jugar con el error. Creo en la identidad de mi voz. También me dio confianza el camino, el recorrido. Me dio confianza un disco instrumental primero y dejar de acompañar. Estuve mucho tiempo solo tocando sin componer, y por un tiempo lo dejé de hacer. Aunque tampoco lo quiero perder. De hecho después de cuatro o cinco años estoy haciendo eso con Santiago Moraes».

Espontánea y humilde, Bassa se expresa sobre la naturaleza de la música independiente: «Lo construye uno mismo todo. Nosotros editamos los discos, trabajamos muy a paso de obrero. Muy de boca en boca, nos vamos recomendando. Pero compartís fechas con otras bandas… como por ejemplo ir a La Plata y que Hojas o Mostruo!, que son bandas súper locales y con nombre, nos llamen es súper motivador». Bassa habla siempre en plural: «Una vez el periodista Santiago Segura me preguntó por qué hablo en plural. Es por el respeto de la camaradería y el aguante que me hacen mis compañeros. Es una banda. Lleva mi nombre pero debatimos todo. Cualquier fecha, todo lo comento con ellos. De hecho me gusta eso, necesito eso. Si de repente no estuviera alguno de ellos, me movería los cimientos. Lo respetaría porque es parte de la vida. Pero me gusta tocar con ellos. Lo necesito».

Más allá de su evolución, el blues siempre está. «Me gusta tener una historia, es como un acto de expresión cuando no tenés recursos. Vos pensá que es como un canto de protesta. Surgió siendo así. En su momento flashé con el género. Siempre vuelvo, es el ADN. Siempre va a estar, en cualquier banda que armemos, el rock que escuchamos, vas a la raíz y está eso». Sin embargo no se cierra.

Al pasar, se menciona en la charla al grupo electro pop Ibiza Pareo y dispara reflexiones de género, en varios sentidos de la expresión. «Cruzarse con compañeras así me da pila. Fui a un festival, tocamos juntas y esto pasa porque se abre el juego. Los festivales y las propuestas desde lo femenino hacen que a la vez, en lo musical, la cosa sea bastante ecléctica. Por ahí parece que no tiene nada que ver el estilo. Pero las dos hacemos música popular y propia». Y reconoce. «En este momento hay movimiento y pasa también por un montón de otras artistas que vienen desde tiempo atrás: Rosario Bléfari, Andrea Álvarez…».