Por Ramiro García Morete

“Bailemos juntas y abracémonos. Sudemos el beat, viajemos en tu voz”. Era diciembre de 2013, hacía calor en Barracas y Marina se sentía algo rara o triste. Meses atrás había concluido YiLet, la banda donde cantaba y tocaba, como desde los 9, la guitarra. A decir verdad, siempre había tocado varios instrumentos y lo mismo le ocurría con la música. Las últimas fusiones de punk con ritmos más bailables no estaban funcionando, recordará Ani. Ambas se habían conocido como en las películas, alrededor del 2009. “Quiero tocar en esta banda”, pensó la entonces baterista de Rumanians al ver YiLet en Casa Brandon. “Queremos que toques con nosotras”, le habían dicho al bajar del escenario Marina y Marilina. Con la misma espontaneidad, esa tarde de fin de año Ani quiso animar a su compañera. Como cuando uno de sus seis hermanos le dijo que no podía pasarse el tiempo mirando MTV y que había reservado una clase de batería. Si bien la música ya ocupaba un lugar importante -en quinto grado Chemical Brothers ilustraba su carpeta- desde entonces no hubo vuelta atrás. Inclusive desapareció con su vestido brillante de su sencilla fiesta de 15 cuando el regalo entre familia y vecinos fue nada menos que una batería. “Siempre hubo gente que me ayudó”, evocará. Así que fueron a la sala y en pos de ayudar o al menos de levantar el ánimo, tocó un ritmo en la batería electrónica. Desde su fanatismo por Missy Elliot o su fascinación por los dj’sets de la costa española, el beat siempre estaría. Así como Marina -quien acercaría a su compañera a Depeche, Joy Division o hasta los Guns- sería el pilar armónico. Con mejor ánimo posiblemente, sumó un bajo y lo loopearon. Una ocarina comprada en un anfiteatro de Salta comenzó a delinear algo que no se parecía a nada de lo anterior. Desde ABBA a Madonna siempre compartieron el gusto por lo bailable e intuitivo. El aburrimiento no es su fuerte.

“¿Y esto? ¿De dónde salió”, se preguntaron extasiadas. “El sol juega con mi imaginación”, invocaba el tema que abriría su primer disco y que en cierto modo indicaría un camino: imaginar el lugar en el que querían estar. Y eso se parecía a “lo que queríamos tocar en vivo”. Ya fuera en medio de la Dengue Dancing en Morón pocos meses después ya con la Rolan SPD-SX, girando por el país como en la actualidad, sonando como si fuera un after en una playa mediterránea o en una plácida previa como prefiguran el próximo material. Electro pop con tintes noventosos, percusiones digitales, bajos predominantes, marimbas y líricas donde el amor, la corporalidad y el baile exorcizan por un rato la hostilidad del mundo. “Venimos de las discos -definirá Ani-, donde siempre se juntaron las disidencias a celebrar la vida que afuera no pueden tener en paz”. Pero no como un escape sino como una salida, Ani Castoldi y Marina La Grasta construyen el mundo que quieren empezando por su lugar soñado: Ibiza Pareo.

“En este momento estamos tocando un montón -comenta Castoldi sobre el presente de la banda- Todos los fines de semana con la agenda re completa: Capital, La Plata, Córdoba, otras provincias. Disfrutando y en paralelo, tocando temas nuevos, con ganas de terminarlos cuanto antes”. El vivo es una parte fundamental y está presente desde la composición: “Los vivos son increíbles, son nuestra razón. Cuando componemos queremos sumar momentos y sensaciones que nos imaginamos tener o tocar vivo”.

Si bien el pulso discotequero es dominante “tenemos un montón de temas más tranquilos”. Y grafica: “Estamos haciendo temas que son más para escuchar en tu casa, para la previa o para una cita. Todo el tiempo aparecen las necesidades y estímulos. Estamos sobre estimuladas por las cosa que vivimos, por lo que viajamos. Somos muy de hacer la música que nos gustaría escuchar. El segundo disco y el de remixes es todo re arriba. Por eso ahora estamos fantaseando con un disco muy hogareño”.

Más arriba o más abajo, la música de Ibiza Pareo hace hincapié en el baile y el romance no como un gesto vacío sino como una celebración consciente: “Si lo pensás gran parte de la música disco está hecha en acordes menores y hay una tristeza por un lado, una oscuridad dentro de lo bailable. Desde siempre las discotecas son lugares donde la gente se junta a ser lo que no puede ser: las mujeres, los gays, etc. Y sigue siéndolo. Bailar es nuestro acto de resistencia más grande”.

Al igual que relatado génesis de Ibiza Pareo, el proceso compositivo sigue manejando las mismas libertades. “No tenemos una formula a la que recurrimos. Nosotros somos re relajadas. Intentamos darle forma a las ideas pero sin juzgarlas, sino alimentarlas. Si nos gustan, trabajamos. Y si no quedan cosas de juego. Lo que más hacemos es jugar”. Lo mismo ocurre con las líricas y el imaginario del grupo: “Creo que la gracia nuestra es tener parámetros. Si bien hay una paleta de colores, porque son las cosas que nos gustan, que nos inspiran, tenemos una forma, una vida, una escena. Pero nunca nos pusimos ninguna pauta de hablar de una forma”. Y extiende el concepto: “Si vos pensás mucho las cosas se diluye el sentido. Si nosotras la pasamos bien, tiene sentido. Si no, no. Lo único que nos da pasión en el mundo es la música, así que tiene que tener ese parámetro de libertad y ser pura. Seguir siendo fieles a lo que creemos”.

El 15 de septiembre se llevará a cabo la 3° edición del Festival Marta en Crisoles (av. 1 e/ 41 y 42), donde Ibiza Pareo encabeza un line-up poblado de talentos como Isla Mujeres, Leticia Carelli, Franca y más. “Nos encantó la propuesta porque es una muestra abierta e inclusiva de mujeres trabajando en el mundo del arte, desde las vj’s, dj’s… Nos estamos juntando con gente que nos inspira, con una conciencia parecida. Es la tercera edición y tenemos muchas ganas”. Y en sintonía con ello reflexiona: “Lo que siento es que la disidencia está más organizada. En vez de esperar que la industria o que el mainstream absorba lo distinto. Por ejemplo, a veces uno dice: Yo quiero sonar en la radio. Pero al escuchar lo que suena ¿quisiera sonar en la radio? Estamos tocando en espacios hermosos de gente hace la cosas con mucha entrega, con mucho sentido de integración”.

“Yo creo que un mundo nuevo es posible, soy optimista y soñadora. Obvio que cuanto más vos inspires el cambio, los sectores reaccionarios van a intentar trabarlo. Yo quiero ocupar los espacios totalmente, pero que sea algo nuevo, no la contracara de lo que ya fue. Tenemos que aprender a superarnos”, completa. Y luego agrega: “Aún siendo disidente o lesbiana, estoy llena de privilegios en relación a un montón de trans, por ejemplo. Y quizá alguno de ellos lo esté en relación a otres. Hay que abrir el grado de conciencia de darnos cuenta todo el tiempo los privilegios. Así vamos ganando espacios. Preguntando por una cosa y cuando aprendamos de eso vamos a llegar a otra cosa. No podríamos legar a todo sin ir parte por parte”.