Por Rocío Cereijo

La investigadora independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Corina Graciano, conversó con Contexto sobre el uso del fuego como herramienta de manejo y la diferencia que existe con los incendios. La profesora adjunta del Taller de Investigación Curricular I e integrante del Instituto de Fisiología Vegetal (INFIVE) habló sobre el fuego que se encuentra fuera de control en la selva amazónica y las consecuencias que tiene en la biodiversidad.

¿Cuál es el impacto ecológico del incendio en la selva amazónica?
El impacto ecológico es muy importante, porque el Amazonas es la zona con mayor biodiversidad del mundo, cubre una superficie muy amplia. Si bien sufrió deforestación, aún sigue siendo muy relevante lo que queda en pie. El impacto es, principalmente, hacia la biodiversidad; pero también es uno de los lugares donde más se produce oxígeno y donde más se fija dióxido de carbono. Entonces ayuda a la atmósfera general del planetay por eso genera, también, un fuerte impacto en la atmósfera general del planeta. 

Corina Graciano, investigadora del CONICET.

Las organizaciones ambientales sostienen que el fuego fue provocado por ganaderos y mataderos. ¿Con qué fin lo hacen?
La quema para habilitar tierras para otros usos es bien antigua. Los pueblos originarios del Amazonas, y también en Argentina, realizaban quemas, pero en pequeña escala, en pequeña superficie, y controladas. Con eso lograban tener un lugar donde poder instalar las casas, tener seguridad, poder transitar, hacer agricultura. Posteriormente se empezó a generar el desmonte para el cambio del uso de la tierra: algo que es un bosque podrá tener otro uso. El otro uso podrá ser agrícola, ganadero o, por ejemplo, una ciudad. 

En el caso de Brasil, principalmente está impulsado por la ganadería que desmonta. Se quema porque la selva tiene muchos estratos de árboles herbáceos abajo, helechos. Se desmonta, se cortan los árboles, se saca lo que tiene cierto valor y el resto que queda sin valor económico genera mucho residuo. Es muy difícil caminar, labrar la tierra o que crezca el pastizal. Se usa la quema para reducir esos restos. 

¿Entonces el incendio actual es intencional?
En el Amazonas se hizo intencionalmente en gran superficie y se les fue de escala, se les fue de las manos. Entonces, pasó de ser el uso del fuego como una herramienta de manejo a producir incendios. Hay que hacer una diferenciación: una cosa es el fuego como una herramienta de manejo –donde hay que hacer un análisis para ver si es bueno, malo y ver los impactos ecológicos que tiene, porque los tiene–, y otra cosa es un incendio. Un incendio es fuego fuera de control y eso nunca es bueno que ocurra. 

En algunos ecosistemas a nivel mundial el fuego genera los ecosistemas que vemos como naturales. Por ejemplo, en Estados Unidos muchos de los pinares se mantienen por el fuego que quema todo, la piña se abre, la semilla germina y vuelve a generar un pinar. O sea, no es que siempre el fuego es malo o es por culpa del hombre: el fuego es una fuerza natural que modela los ecosistemas que vemos independientemente del hombre. Lo que pasa es que el hombre está aplicando el fuego donde naturalmente no lo había o a escalas o frecuencias que naturalmente no existían.

«el fuego es una fuerza natural que modela los ecosistemas. Lo que pasa es que el hombre está aplicando el fuego donde naturalmente no lo había o a escalas y frecuencias que no existían»

En el mapa del fuego mundial que actualiza la NASA se ven algunos focos de fuego en Argentina. ¿A qué se debe?
Es, justamente, porque se utiliza como una herramienta de manejo: una cosa es un foco de fuego y otra cosa es un incendio. Lo que la NASA capta son fuegos. Muchos fuegos pueden ser de ganaderos. En 2008, por ejemplo, la quema de pastizales del delta llegó a Buenos Aires y fue muy visible mediáticamente, pero es una práctica común. Ahí pasó lo mismo: se les fue de las manos y el fuego tomó una escala muy grande. Pero la quema de pastizales en el delta, en Corrientes y en las zonas donde se produce la plantación de especies forestales exóticas como pinos y eucaliptos es usual. Después de hacer la cosecha y la «tala rasa» –que es cuando se llevan todos los árboles en pie– quedan ramas, ramitas, hojas que hacen imposible volver a plantar. Entonces se hacen escolleras, se juntan esos residuos y se los quema.

Las empresas que tienen certificación ambiental, como FSC [Forest Stewardship Council; en español, Consejo de Administración Forestal], tienen prohibida la quema. Pero los productores que no tienen esa certificación van a quemar y sobre eso hay que trabajar. Porque esas quemas implican la pérdida de nutrientes, de materia orgánica del suelo, que debería ser evitable. Lo que pasa es que las otras estrategias de manejo de los residuos son más caras. Sobre eso hay que trabajar: qué estrategias se les puede proponer a los productores para que puedan adoptar para «limpiar» los restos forestales que no sea quemarlos. Lo mismo sucede en los pastizales: el fuego se usa porque produce un pasto «tiernito», mucho más rico para el ganado; pero existen otras estrategias de manejo de pastizal que se pueden realizar. 

El fuego quema la materia orgánica del suelo y hay mucho nitrógeno en fósforo que se va a la atmósfera. Es un efecto nocivo, de pérdida de nutrientes del suelo que podría ser evitable. Cuando se produce cualquier producto –agrícola, ganadero o forestal–, el suelo nos da los nutrientes que esa planta herbácea o ese árbol necesitó para crecer o esa vaca necesitó para engordar. Cualquier actividad –agrícola o forestal– implica una extracción de nutrientes del suelo, esto es inevitable. Lo que pasa es que hay que evitar la pérdida de nutrientes por lugares que no tienen ni siquiera la ventaja de estar alimentando a alguien o dándole un producto con cierta utilidad. Hay que intentar minimizar las quemas. 

¿Cuáles serían estos otros mecanismos de «limpieza» de los suelos?
En lo forestal, se pueden trozar los restos de hojas, de ramas, lo que llamamos «chipear» para que queden desparramados y más rápidamente se descompongan y se incorporen al suelo. Entonces, trabajar o caminar sobre esa manera «chipeada» es mucho más fácil porque permite hacer los pozos para la nueva plantación, controlar las hormigas. Hay una serie de restos que «molestan» para iniciar una nueva plantación. 

En el caso de los pastizales, se puede realizar un trabajo mecánico que va a tener asociado un gasto de gasoil, claro que no es inocuo. Pero es necesario hacer estudios serios para analizar cuál va a ser el daño, cuántos nutrientes se pierden, cuál sería el impacto que va a haber en el pastizal si se realiza la quema. 

Dirige un grupo de investigación que busca revertir la degradación de la selva misionera. ¿En qué consiste su trabajo?
La Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos clasifica las áreas con bosques nativos en rojo, amarillo y verde. Rojas son las zonas que hay que conservar y donde no se puede realizar ninguna actividad económica. En las zonas amarillas se puede obtener algún tipo de producto, pero el bosque siempre tiene que seguir estando como tal. 

Al implementarse esta ley, había pocas propuestas sobre cómo un productor podía tener un bosque amarillo, obtener un producto rentable y mantenerlo como tal. Así empezamos a probar diferentes estrategias, como plantar las especies nativas dentro del bosque como una manera de acelerar lo que ocurriría naturalmente. Incluso, muchas veces se mejora cuando se interviene y se plantan determinadas especies de rápido crecimiento en lugares degradados donde hay, por ejemplo, cañas o enredaderas que impiden que se formen nuevamente los bosques con una estructura de bosque: con árboles altos, enredaderas, lianas y árboles chicos abajo. A veces, los lugares degradados donde, por ejemplo, se extrajo madera o donde hubo un tabacal que se abandona se llenan de cañas o enredaderas que no permiten que las semillas germinen. 

Intervenir y plantar algunos árboles y acompañarlos los primeros años acelera los procesos de recuperación de la estructura del bosque, de la biodiversidad. Hacia eso apunta este proyecto: proponer estrategias de manejo para que un productor pueda tener mayor cantidad de madera de valor comercial. O sea, que pueda cosechar esa madera y venderla, porque se entiende que en esas áreas amarillas puede haber un rédito económico que le resulte rentable. Si uno espera que crezca espontáneamente una especie de valor, quizá pasan muchos años; pero si se plantan estas especies van a crecer con más frecuencia y van a poder tener un mayor rédito económico. Vamos probando diferentes tipos de especies de valor en madera: la cancharana, el guatambú, laureles y especies que sabemos que tienen valor económico.