Por Pablo Pellegrino

En medio de una nueva jornada caótica para las finanzas argentinas, donde el Riesgo País superó los 2.100 puntos básicos, el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, anunció que el gobierno comenzará a renegociar los plazos de pago de los próximos vencimientos de deuda. El objetivo sería darle mayor libertad al Banco Central para contener la cotización del dólar y «no pasarle el problema al que sigue», según las palabras del propio funcionario.

Si bien Lacunza insistió con el concepto de «reperfilar» –usado en la jerga financiera–, no fueron pocos los que leyeron detrás una reestructuración o directamente un «default técnico», «encubierto» o «selectivo». Quienes se expresaron de esta manera fueron, más que nada, los especialistas que suelen ser consultados por los medios de comunicación, de todas las ideologías.

El discurso del ministro es uno más de los que quedarán en la historia junto con las expresiones de representantes de altos cargos institucionales durante las últimas semanas. El «reperfilamiento» se incluye en la lógica discursiva de un gobierno empecinado en atribuir los males a la oposición. 

Horas antes de los anuncios de Lacunza, el candidato a vicepresidente por Juntos por el Cambio, Miguel Ángel Pichetto, sostenía que el círculo íntimo de asesores económicos de Alberto Fernández había hablado con acreedores externos para decirles que no era conveniente que el FMI desembolsase los 5.000 millones de dólares que la Casa Rosada espera para las próximas semanas. 

Concretamente, en el programa televisivo de Animales Sueltos, uno de los periodistas dijo que fue Guillermo Nielsen el que habló. El diálogo efectivamente existió, pero desde el entorno del economista aportaron la versión taquigráfica de la videoconferencia donde no hubo menciones al tema. Pero Mauricio Macri volvió a activar el operativo de responsabilizar al principal partido opositor por la inestabilidad de estas horas. 

Megacanje II

Las medidas que anunció el reemplazante de Dujovne implican una negociación para alargar los plazos de pago del enorme endeudamiento llevado a cabo en estos años, sin quita de capital ni intereses. La relajación que eso producirá en el programa financiero macrista para lo que queda de este año y para el período 2022-2023 permitirá supuestamente al Banco Central abocarse con mayor libertad al control del tipo de cambio sin pensar en los vencimientos venideros. 

El más importante de los cuatro puntos anunciados quizá sea el referido al Fondo Monetario Internacional. Según Lacunza, en el transcurso de la semana comenzará el diálogo «que inexorablemente deberá concluir el próximo mandato» para «reperfilar» los vencimientos de deuda con el organismo. El millonario acuerdo firmado con el FMI estipulaba que se comenzaría a pagar en el año 2021. 

Otra de las propuestas que ya comenzó a generar polémica es el envío al Congreso de la Nación de un proyecto que promueva el canje voluntario de bonos de deuda bajo jurisdicción local que, al igual que el resto, no incluirá quitas ni de capital ni de intereses, sino que solo estirará los plazos. 

Desde la oposición ya se dieron señales de descontento. El mayor reclamo es que prácticamente todo el festival de deuda, incluido el acuerdo con el FMI, se realizó de forma inconsulta y a espaldas del Parlamento y recién ahora se acude a la vía legislativa para reestructurarla. 

Además, se extenderán los vencimientos de la deuda a corto plazo (Letes y Lecaps del Tesoro) solo para inversores institucionales y no para particulares. La extensión del plazo para los inversores institucionales (compañías de seguros, bancos) será de entre tres y seis meses. 

También se iniciará un proceso de canje de bonos bajo legislación extranjera con el fin de estirar los plazos, nuevamente sin quitas de capital ni de intereses. Según el ministro, mañana convocarán a los bancos para que empiecen a acercar propuestas en ese sentido.

La culpa de todos

«No existe, claro, la épica de hombres mesiánicos ni funcionarios omnipotentes, tampoco la autoindulgente contracara del chivo expiatorio que algunos prefieren para eximirse de sus propias responsabilidades comunitarias. El éxito o el fracaso son siempre colectivos», dijo Lacunza al comienzo de su mensaje. Dos semanas después de las PASO, la responsabilidad de la inestable situación económica en Argentina pasó de los electores a Alberto Fernández, y ahora a todos. 

Aunque en cierta medida lo intentó, Lacunza no pudo bajarse de la línea discursiva del gobierno y volvió a arremeter contra la oposición, esta vez con mayor sutileza. «Todas las fuerzas políticas queremos ganar las elecciones, es legítimo, pero eso no es excusa para poner en riesgo la estabilidad de todos los argentinos. Tenemos que coincidir todos en preservar la estabilidad como un objetivo prioritario, no negociable ni sometido a un interés partidario», afirmó.

«Un experimentado colega que tuve hasta hace unas semanas en el Gabinete de la provincia una vez me hizo un comentario: ‘A un hombre de Estado le pueden faltar algunas virtudes, pero no una: la prudencia. Porque hay 45 millones de personas que pueden verse afectadas por sus palabras o sus actos’», agregó.

«En el proceso electoral, los equipos de los candidatos en campaña pasan a formar parte del sistema porque sus opiniones, sus promesas, sus discursos, sus tuits, dan señales sobre el futuro que los mercados ponderan en sus decisiones e inciden en variables como el tipo de cambio, los precios, la inflación, el Riesgo País», continuó Lacunza, y consideró: «Podemos analizar cómo llegamos hasta acá: algunos atribuirán la culpa de todos los males al gobierno actual, otros al pasado o al futuro. Casi sin matices, la culpa es del otro. La verdad, no creo que al ciudadano de a pie le importe quién tiene razón». 

Haciendo gala del desconocimiento histórico al que apela el gobierno toda vez que intenta responsabilizar al peronismo por los desastres del programa económico iniciado en 2015, Lacunza dijo que «hace 91 años, casi un siglo, que un presidente no peronista no puede terminar su mandato en tiempo y forma. Ese es un fracaso colectivo de la dirigencia, no de la ciudadanía, que miran absortos cómo especulamos con su tranquilidad».