Por Ramiro García Morete

En la parábola del buen pastor un tal Jesús proclama –casi como coach motivacional de una empresa– que ante la amenaza huye el que trabaja solo por el pago y no le importan las ovejas. El poema de Góngora lo deja más claro: pastor y pasto son lo mismo. Casi como un loop o escribir “google” dentro de Google. El sistema, cuyo nombre podría ser Capitalismo, evoluciona a niveles impensados para que la puerta de salida y entrada sean la misma. A través de ventanas táctiles, el mundo parece más pequeño, cercano y paradójicamente ajeno. Algo de todo ello –pero con mayor rigor y profundidad– habrá pensado una noche que Braian Kobla salió a tomar una cerveza y vio “esos chicos y chicas mirando el celular en bicicleta o moto llevando pedidos”. En la calle, allí “donde la personas salimos para encontrarnos” cuando no alcanza con notificaciones, respuestas heladas de call center o anuncios políticos redactados por publicistas. Inspirado intensamente por “La Sublevación” de Franco Berardipero, también en sus amistades, pensó en las nuevas formas de flexibilización y precarización como disparador para una escena junto a Federico Aimetta delinearían en un Laboratorio de creación producido por el Teatro Municipal Coliseo Podestá en 2018.

“Cuatro jóvenes freelancers prestan servicio a través de sus celulares y computadoras, para una empresa multinacional. En un contexto de gran despersonalización del vínculo laboral, deciden organizar un reclamo para denunciar la precarización de sus condiciones de trabajo”. ¿A quién?, sería una de las preguntas. Dios está en todos lados, pero atiende en Sillicon Valley. Con una disposición espacial y temporal acorde a la naturaleza multitasking de estos empleos, se problematiza sobre la despersonalización de los vínculos a través de una de las experiencias más atávicas, vivas y físicas: el teatro. “Oveja perdida ven sobre mis hombros que hoy no solo tu pastor soy sino tu pasto también” es título para contar de modo creativo y reflexivo un nuevo capítulo de esta historia tan vieja como Dios.

“La situación es sencilla –plantea Kobla, dramaturgo, director, actor y docente teatral–. A partir de estos cuatro jóvenes freelancers en un espacio de coworking o home office. Trabajan con celulares y computadoras para una multinacional que está en Sillicon Valley pero no tienen un encargado o una figura reconocible. Cuando surgen reclamos, se filman con una cámara para viralizarlo… pero no saben a quién dirigirse. Trabajan para un espectro. Que es un poco lo que pasa con el capitalismo financiero: una nube donde el dinero se fuga, pero nadie sabe bien quienes son los que operan o toman las decisiones”.

“Trabajar a través de una pantalla nos iguala a todos”, dice Kobla irónicamente sobre el particular modo de igualar –quitando derechos, claro– que tiene el sistema ya sea para un repartidor de Glovo o para un programador web. Tras una investigación y audiciones abiertas, junto a Federico Aimetta pensaron cómo sería la narrativa si replicara la lógica multitasking, allí donde “la atención está repartida en un montón de actividades”. Así delinearon una obra donde “el espectador pueda tener una experiencia pendiente de muchas cosas y un dispositivo donde está parado todo el tiempo alrededor del mismo. Casi como una percepción cubista: tiene la posibilidad de ver todas las caras de la obra, ver un actor de espaldas o de frente”.

La misma idea de transpolar modalidades contemporáneas al lenguaje teatral, la narrativa no tiene una estructura lineal. “Como sucede con la navegación, el relato está fragmentado. Es aleatorio, suceden muchas cosas y muchas situaciones. La temporalidad está fragmentada. La lucha contemporánea es apropiarse del tiempo y la experiencia. Pero el cuerpo no nos da para estar en todas la experiencias que propone este bombardeo de información. Acorde a eso, saturamos de información la escena”. Si bien es crítica, la obra –que participó del FIBA, de la Bienal de Arte Joven Buenos Aires y el Festival LATE– tiene momentos de humor. Intentamos que no sea solemne, que no tenga una sola mirada. Multiplicar ese sentido, eso que pasa. La ficción tiene ese poder. Nos posicionamos para dialogar con la actualidad”.

Kobla vuelve a tomar como referencia al autor Franco “Bifo” Berardi para reflexionar sobre los vínculos atravesados por las tecnologías. “Se genera una des-erotización de los cuerpos y es difícil generar empatía. Habla de una distorsión afectiva. Trabajamos mucho en eso”. Y en contrapunto surge el teatro. “Su base es pura experiencia, puro presente. El teatro de por sí ya propone una resistencia, con cuerpos viendo a otros sacudirse, donde le pasan cosas. Así que nos hizo pensar en la importancia del teatro, una suerte de ritual arcaico que propone lo contrario”.

FICHA:

Actúan: Mariel Santiago, Francisco Sendra, Agustín Recondo, Sofía Boué.

Diseño de iluminación: Sol Santacá.

Diseño de vestuario: Santiago Régulo Martínez.

Edición de sonido: Juan Francisco Raposeiras.

Fotografía y diseño gráfico: Denisse Van der Ploeg.

Registro audiovisual: Nicolás D’amico.

Producción ejecutiva: Carolina Sueta.

Dirección de actores: Federico Aimetta.

Duración: 45 minutos.

Reservas de entradas: Facebook Oveja perdida ven sobre mis hombros e IG https://www.instagram.com/ovejaperdidaven/

Valor de la entrada: $250 (descuentos a estudiantes y jubilados).