Por Rocío Cereijo

En un artículo publicado por la revista científica Biology Open, investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) difundieron los resultados de su trabajo sobre los efectos del consumo a largo plazo de cannabis sobre la función cardíaca y su relación con el manejo de los niveles de calcio dentro del corazón. Ivana Gómez, Maia Rodríguez, Manuela Santalla, George Kassis, Jorge Colman Lerner, Oswaldo Aranda, Daniela Sedán, Darío Andrinolo, Carlos Valverde y Paola Ferrero concluyeron que, si bien a corto plazo genera arritmias, el consumo crónico mejora la función cardíaca.

El trabajo surgió en el marco de la reglamentación de la Ley 27.350 de uso medicinal de la planta de cannabis y sus derivados, que tiene entre sus objetivos principales el estudio de los efectos para «comprobar la eficacia de la intervención estudiada, o recoger datos sobre sus propiedades y el impacto en el organismo humano» a fin de «garantizar el derecho a la salud». Para ello, tanto el CONICET como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) cuentan con la autorización para cultivar la planta y elaborar la sustancia para los tratamientos.

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Para la elaboración de este proyecto, analizaron el efecto de la inhalación de cannabis vaporizado por Drosophila melanogaster (conocidas como «moscas de la fruta»). En el documento destacaron que «las moscas adultas fueron expuestas al cannabis durante períodos de tiempo variables y se estudiaron los efectos sobre la función cardíaca». «Nuestros resultados son la primera evidencia del impacto in vivo de los fitocannabinoides (compuestos que aparecen únicamente en la naturaleza en la especie Cannabis sativa L)», escribieron, y celebraron que su labor abra «nuevos caminos para realizar exámenes genéticos utilizando compuestos vaporizados».

«Nuestros resultados son la primera evidencia del impacto in vivo de los fitocannabinoides (compuestos que aparecen únicamente en la naturaleza en la especie Cannabis sativa L)»

La directora del equipo de trabajo e integrante del Centro de Investigaciones Cardiovasculares Dr. Horacio E. Cingolani, Paola Ferrero, señaló que el objetivo principal de la indagación fue «caracterizar los efectos que generan en el corazón los fitocannabinoides, es decir los compuestos orgánicos de la planta Cannabis sativa que pueden ser utilizados potencialmente con fines terapéuticos dado que portan ciertos principios activos que actúan sobre el control del dolor o la modulación del apetito, el humor y el sueño, entre otras cosas». 

Por su parte, la investigadora Ivana Gómez comentó que los componentes del cannabis tienen repercusiones en la función cardíaca: «En situaciones de consumo agudo, es decir a corto plazo […] entre otras cosas puede provocar taquicardia e hipotensión; pero la idea en este caso fue comenzar a describir qué pasa en un tratamiento crónico». Su compañera Maia Rodríguez comentó que, tras exponer a los insectos en diferentes grupos, analizaron «el comportamiento de las células del corazón, el latido, la frecuencia cardíaca, el índice de arritmia y se evaluó cómo afecta el consumo en comparación con un grupo de moscas control que no habían sido expuestas al cannabis».

Rodríguez señaló que el hallazgo principal que obtuvieron fue el haber logrado «ver en las moscas que estuvieron expuestas entre 11 y 13 días que se va dando un efecto de acostumbramiento y aumenta la contractilidad del corazón, es decir la fuerza con la que éste se contrae. Un corazón con mayor contractilidad responde mejor a condiciones de estrés, por ejemplo». Este efecto se relaciona con un aumento en los niveles de calcio al interior de las células cardíacas, «lo que permitió tener una idea sobre el mecanismo celular que provocaría ese proceso», según agregó la integrante del equipo de trabajo.

«el uso de cannabinoides con fines terapéuticos proporcionó evidencia sobre su eficacia en el control del dolor»

Como antecedentes de este estudio, las científicas remarcaron que «el uso de cannabinoides con fines terapéuticos proporcionó evidencia sobre su eficacia en el control del dolor», reducción de las náuseas provocadas por la quimioterapia, «estimulación del apetito en pacientes con VIH, modulación de trastornos del sueño, disfunción motora en paraplejia y en el tratamiento de trastornos de ansiedad, diabetes y síndrome metabólico, entre otros». El equipo profundizará esta investigación y trabajará para ver qué efectos tiene el uso de la planta en personas con Parkinson y epilepsia.