El secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación, Claudio Avruj, participó en un acto del Ejército en el que reconocieron como «héroes» a militares que murieron en ataques de organizaciones guerrilleras. Su presencia es una nueva demostración del gobierno nacional de su intención de reinstalar la Teoría de los dos demonios, que busca igualar a las víctimas del genocidio desplegado durante la última dictadura cívico-militar con las bajas sufridas por las Fuerzas Armadas en el marco de la lucha armada que algunas organizaciones políticas llevaron a cabo durante la década de 1970.

En la actividad estuvo presente también el ministro de Defensa, Oscar Aguad, y fue encabezada por el jefe del Ejército, Claudio Ernesto Pasqualini. El homenajeado principal fue Argentino del Valle Larrabure, muerto en agosto de 1975, luego de permanecer un año detenido en una cárcel del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). La familia de este exmilitar había solicitado reabrir la causa a fin de que el caso fuera juzgado como un delito de lesa humanidad. Sin embargo, el pedido fue rechazado por la Cámara Federal de la ciudad de Rosario, por no tratarse de «un ataque generalizado o sistemático contra la población civil en el marco de una política de Estado o de una organización con apoyo estatal». En diciembre del año pasado la Cámara Federal de Casación ratificó esa negativa.

Pasqualini, quien en mayo pasado negó las torturas sufridas por excombatientes de Malvinas en dictadura, también entregó la Orden a los Servicios Distinguidos a familiares de Jorge Oscar Grassi, José Dalla Fontana, Néstor Horacio López, Héctor Abel Sánchez, Jaime Gimeno, Miguel Ángel Keller, Luis Roberto Brzic, Diego Barceló y Alberto Hugo Vacca.

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Desde la asunción del gobierno de Cambiemos se construyó una nueva versión de la Teoría de los dos demonios cuyo objetivo de la dualidad es hacer visibles a las que llaman «víctimas negadas», es decir, quienes sufrieron la violencia insurgente de las décadas del sesenta y setenta. A partir de la caracterización de un sector como productor de un terror que llevó a niveles demenciales al que era necesario socavar –con el apoyo de medios hegemónicos de comunicación y de grupos editoriales–, funcionarios públicos intentan contribuir a la construcción de una necesidad de exculpación colectiva.

Luego del homenaje, Avruj difundió su participación en su cuenta de Twitter. «La historia debe ser contada siempre sin falsas ni tendenciosas interpretaciones», apunta el funcionario macrista a fin de correr el eje de debate de la noción de genocidio. «Lograr el encuentro de los argentinos nos exige aprender las lecciones de nuestra historia para honrar el valor de la vida, recordar a todos nuestros muertos y acompañar a las familias en su dolor ante el silencio de tantos años», continúa el mandatario que en 2016 se reunió en el ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio Ex ESMA con integrantes del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv), una asociación que defiende a los perpetradores del terrorismo de Estado.

Las Fuerzas Armadas durante la última dictadura no tuvieron como «blanco» a la guerrilla, sino al conjunto de la población mediante la transformación de los valores morales y cristianos. Se trató de un plan sistemático de desaparición, tortura, apropiación y exterminio que tuvo como principal objetivo la destrucción parcial de la identidad del grupo nacional. Las violencias ejercidas no pueden considerarse simétricas y es necesario remarcar que las acciones del Estado genocida fueron indiscriminadas.