Por Mariano Camún

Todo sucedió en el barrio de San Cristóbal de la ciudad de Buenos Aires, donde un grupo de policías llegó para detener a un hombre que había interrumpido el tránsito con un cuchillo. Jorge Gómez se encontraba deambulando por la ciudad sin rumbo, perdido, abrumado y sin reflejos de la realidad. Se encontraba inconsciente en su accionar, hasta que llegó el oficial Ramírez y le pegó una patada en el pecho que lo derrumbó contra al asfalto. Jorge se desvaneció y falleció en el Hospital Ramos Mejía.

«La autopsia determinó que el hombre presentaba una fractura en la cabeza y que la causa del deceso fue el traumatismo craneoencefálico que sufrió al caer al asfalto», explicaron fuentes judiciales citadas por la agencia estatal de noticias Télam.

La familia busca respuestas por este terrible hecho, pero el Gobierno de la Ciudad no se comunicó ni se acercó a ellos. Están solos, con el cuerpo en la Morgue Judicial y lidiando en la Fiscalía y el Juzgado para que la muerte de su querido Jorge no quede impune.

Mientras tanto, la «reverenda» ministra de Seguridad Patricia Bullrich celebra el accionar policial y baila sobre la muerte de los desprotegidos del Estado. En una entrevista radial, la «sheriff» aseguró que el oficial «estuvo en una situación compleja, pero se entiende en el marco de una situación de agresividad y conmoción de una persona que podía usar su cuchillo contra un ciudadano o cualquier familia que estaba en el lugar. Lo ideal hubiese sido que tuviera un arma Taser. Pero al no tenerla en este caso tuvo que utilizar su cuerpo y tuvo un desenlace que no buscó». Y agregó que «el hombre generaba una amenaza con un cuchillo, una de las armas más peligrosas».

Otra vez más la ministra entierra un cuerpo caliente en palabras frías y llenas de odio, sin dudar en su expresión, que nada tiene que ver con la seguridad social.

En cuanto al policía, identificado como Esteban Ramírez, fue acusado de homicidio preterintencional. Se trata de una figura penal en la que el autor del hecho no ha tenido intención de matar.

Ariel Gómez, el hermano de Jorge, escribió una carta pública que divulgó la Garganta Poderosa:

Una patada mortal

¿Quién me devuelve a mi hermano? ¿Quién? ¿La Policía? ¿El Gobierno de la Ciudad? Nadie. Miren el video y es la prueba más contundente de lo que pasó. Un asesinato sin ninguna justificación. Mi hermano era una muy buena persona. Tenía 41 años y trabajaba sin parar. Desde muy temprano hasta la tarde, arreglaba relojes de taxi y a la noche hacía delivery y ayudantía de cocina, porque con un solo empleo no le alcanzaba.

Estoy destruido, no entiendo cómo se pudo llegar a esto. Desde siempre fuimos muy unidos, nos criamos y vivimos juntos. Nosotros somos de Santiago del Estero y hace más de 30 años que vinimos a Buenos Aires con mi viejo. Realmente no sé cómo seguir adelante. Mi hermano no había vuelto a dormir, pero no me preocupé porque salía seguido. Hasta que vi el video por Facebook y se me cayó el mundo. El hecho ocurrió ayer a la mañana a unas cuadras de casa, en el barrio de San Cristóbal. Cuando llegué al hospital ya era tarde: me mandaron directamente a la morgue.

La Policía está buscando instalar que Jorge los amenazó con un cuchillo cuando la imagen lo muestra todo: en ningún momento intimidó a nadie. Repienso cada segundo el video y no comprendo cómo el policía Esteban Armando Ramírez pudo golpearlo así. Eran un montón de efectivos y mi hermano estaba borracho, podían reducirlo sin lastimarlo. ¿Cómo le van a pegar esa patada? No fue un accidente ni una tragedia. El golpe fue criminal: al caer al asfalto sufrió una fractura de cráneo que le produjo la muerte.

Del Gobierno de la Ciudad no se comunicó ni se acercó nadie, como si no hubieran tenido nada que ver. Eso tampoco lo puedo creer. Estamos solos, moviéndonos entre la morgue judicial, la Fiscalía y el Juzgado, para que no se trate de otro caso donde quede impune la bestialidad de las Fuerzas de Seguridad.