Por Pablo Pellegrino

«El Presidente dijo el día lunes ‘que el dólar se vaya donde se tenga que ir de manera de que los argentinos aprendan a quién votaron; y por haber votado más devaluación y más inflación'». Las palabras son del expresidente del Banco Central, Martín Redrado, y coincide con la lectura que varios economistas de que la megadevaluación del lunes fue un efecto buscado por el gobierno para que Mauricio Macri aplique el «correctivo» que el electorado recibió en la histórica conferencia del lunes 12 de agosto.

Sin embargo, desde la misma «vereda» las posiciones son encontradas. Por ejemplo: la frase de Redrado, que ejerció su función durante el gobierno de Néstor Kirchner pero que fue un ferviente opositor a los gobiernos kirchneristas, choca contra lo que sostuvo Emmanuel Álvarez Agis, viceministro de economía durante la gestión de Kicillof, de que el dólar a 60 pesos es razonable, dichos que fueron apoyados por el propio Alberto Fernández. Lo paradójico es que parecen haberse invertido los roles y allí donde Redrado denunció impericia y complicidad del BCRA hubiera sido más lógico ver el apellido Álvarez Agis. 

¿Por qué Alberto considera que ese nivel del tipo de cambio es razonable?, ¿cuándo fue que el gobierno de Macri decidió «planchar» la cotización del dólar?, ¿qué significa tener un tipo de cambio competitivo?, ¿cuáles son los escenarios que se abren de cara al próximo gobierno? Los interrogantes que deja una semana marcada por lo que todos (a excepción de los que todavía siguen «a muerte» con la economía de Cambiemos) coinciden en definir como un «pánico desmedido» de los mercados. 

El lunes 11

La historia del salto de más de 20% que registró el dólar el lunes después de las PASO comienza cuatro meses antes. A fines de abril, el Comité de Política Monetaria del Banco Central (COPOM) anunció que modificaba, nuevamente, su esquema cambiario, abandonando parcialmente lo pactado con el FMI. 

Desde la salida de Caputo del BCRA se estableció el esquema de bandas de flotación cambiaria consensuado con el Fondo que establecía un piso y un techo de cotización que, en caso de perforar uno de esos límites, la entidad monetaria estaba autorizada a intervenir en el mercado cambiario. 

El 29 de abril el COPOM anunció que las intervenciones serían discrecionales sin tener en cuenta un techo o un piso, sino cuando lo considerase necesario. 

Eso es lo que el candidato Alberto Fernández denunció durante la campaña: que el gobierno utilizaba las reservas y los instrumentos del Central con el fin de obtener durante los meses previos a los comicios donde Mauricio Macri se jugaba la reelección la denominada «paz cambiaria». 

«Hubo una sobrerreacción de parte del mercado. Un poco lo que pasó el jueves y viernes antes de las elecciones influyó seguramente en esa sobrerreacción. Hubo un overshooting, seguramente alimentado también por la impericia política después de la primera conferencia de prensa y también con el dejar pasar del Banco Central», dijo a Contexto el economista de la Universidad de Avellaneda Sergio Chouza sobre lo sucedido el lunes. 

Chouza: «Hubo un overshooting, seguramente alimentado también por la impericia política después de la primera conferencia de prensa y también con el dejar pasar del Banco Central».

«Una variable tan relevante como el dólar en nuestra economía tiene que tener una trayectoria que se pueda condecir con el precepto que sigue cada Administración», continuó el economista. 

En el mismo sentido, Juan Valerdi, economista y exasesor del BCRA, sostuvo que «el Banco Central no solamente tenía el poder de fuego para salir el lunes a calmar, sino que además tenía autorización del FMI para vender más de 200 millones de dólares, y vendió mucho menos que eso». 

Por un lado, la perforación del techo de la banda podría haber sido combatida con los 250 millones de dólares que el FMI autorizó a gatillar en ese caso, pero también jugaron los factores de la «confianza»: por un lado en las encuestas que daban chances a Macri de pelear la reelección y que llevaron a un salto injustificado de la bolsa y los bonos argentinos, y por otro, la conversión del candidato más votado en un Fidel Castro, como definió el jueves Emmanuel Álvarez Agis en una entrevista con Luis Novaresio. 

Este último economista, de consulta permanente por parte de Alberto Fernández, considera que el accionar del Banco Central fue correcto en los días posteriores a las PASO y dijo que el tipo de cambio actual es razonable. Esas palabras fueron repetidas por el candidato del Frente de Todos. 

«Dólar Alberto»

El diálogo entre Mauricio Macri y Alberto Fernández, y fundamentalmente la definición de este último sobre el dólar como «razonable», lograron traer algo de calma a la semana de furia. 

«Cuando vos mirabas el dólar de 45, ese dólar era alto, no el más alto de la historia, pero demanda contra oferta te daba empate. O sea que 60 te da que ganás; es francamente un precio de pánico. Con 60 no necesitamos ni control de importaciones, ni cepo», dijo durante el reportaje con Novaresio el ex viceministro de Economía. 

«Cuando vos mirabas el dólar de 45, ese dólar era alto, no el más alto de la historia, pero demanda contra oferta te daba empate. O sea que 60 te da que ganás; es francamente un precio de pánico»

Ese dólar pánico permite evitar, entre otras cosas, que continúe la merma de reservas y que el público corra a dolarizarse, cueste más viajar al exterior o importar.

Sobre este punto, Valerdi explicó que «el dólar razonable tiene que ver con un cuadro que miran del tipo de cambio real que más o menos en 60 pesos y le da un margen para tener superávit comercial y no tener tanta sangría por importaciones, viajes y demás», aunque destacó que «lo que pasa es que hablar de tipo de cambio real en un contexto inflacionario como este…, el dólar razonable en seguida deja de serlo». 

Para que el dólar sea «competitivo», es decir, que pueda generar un mejor desempeño de los productos exportables del país, tiene que acompañar el ritmo de la inflación. El gran problema es que un contexto como el actual puede dar lugar a una retroalimentación: la suba de la inflación determina un aumento del tipo de cambio para que siga siendo competitivo y, a su vez, esa suba del tipo de cambio impacta luego en los precios. 

«El gran problema que enfrentás es que te pongan los precios en ese nivel de pánico: que hoy tengas cadenas de alimentos, cadenas de uso difundido que dicen ‘ahora es 57 pesos pero en sesenta días va a ser 65, por las dudas lo pongo a 65’», señaló Álvarez Agis, y coincidieron los dos economistas consultados por este medio. 

«El gran problema que enfrentás es que te pongan los precios en ese nivel de pánico: que haya cadenas de alimentos que dicen ‘ahora es 57 pesos pero en sesenta días va a ser 65, por las dudas lo pongo a 65’»

«Cuando es abrupta la devaluación, son mayores los traslados; cuanto más dolarizados están los eslabones de la producción, los traslados son mayores, pero no siempre lo son cien por ciento», consideró Chouza, y añadió que «tendería a pensar, si marcás en un consenso amplio, con un acuerdo social amplio como plantea Fernández, con representación de todos los sectores, existe la posibilidad de tener una trayectoria estable para dar cierta coordinación al traslado a precio». 

«Va a haber una inercia, sí, seguro. El gran desafío es tener una trayectoria gradual, armónica y decreciente, y evitar saltos bruscos como en estos años de programa ultraortodoxo, donde a pesar de tener mayor prudencia fiscal y el monetarismo más recalcitrante, la inflación se ha espiralizado y este año va a ser mayor a la del año pasado», completó. 

«En momentos de crisis, de volatilidad y de corrida en manada, no hay nada razonable, decir que un dólar de 60 es razonable está salteando que tenés un Banco Central que está pagando una tasa efectiva de interés por las Leliq que es una locura», planteó Juan Valerdi, pero coincidió en que «en economía necesitás primero la confianza, y de la mano de eso, los agentes económicos tienen que confiar en las reglas de juego que hay y el poder del que las puso para imponerlas». 

«Hoy Macri no tiene el poder de imponerlas, sino que además no es claro, es contradictorio y cambiante en las reglas de juego. Eso hace que los agentes económicos estén desorientados y ante la duda se retraigan y vayan a liquidez, a dólar, o que se sienten arriba de la mercadería y no repongan por no saber a cuánto van a reponer, cuánto van a ser los insumos, cuáles van a ser las reglas de juego para el movimiento de capitales y demás», afirmó. 

El debate sobre cómo sigue la cosa hasta diciembre y después sigue abierto. Lo que sí es seguro es que el «dólar Alberto» y el elogio del candidato del Frente de Todos al accionar de Guido Sandleris durante la semana tienen un eje claro que fue parte de lo que habló con Macri en el diálogo telefónico que mantuvieron: cuidar las reservas en vistas de lo que se avecina en 2020.