Por Pablo Pellegrino

Si el llamado telefónico de Mauricio Macri a Alberto Fernández se hubiera producido el mismo domingo aciago que vivió el gobierno luego del resultado de las PASO, el miércoles hubiera sido distinto. En lugar de «escuchar» las urnas, un presidente desencajado salió a responsabilizar al kirchnerismo por la inestabilidad financiera que sus propias políticas generaron e, increíblemente, al electorado. 

«Antes de comentar las medidas en detalle, quiero pedirles disculpas por lo que dije en la conferencia del lunes. Dudé de hacerla porque todavía estaba muy afectado por el resultado del domingo, además, sin dormir y triste por las consecuencias que tuvo en la economía», fueron las palabras del mensaje grabado que emitió el jefe de Estado. 

Curiosa relación ha tenido la Administración de Cambiemos con las conferencias de prensa y los mensajes gubernamentales: el año pasado, luego de la corrida cambiaria que comenzó en abril y decantó en el millonario acuerdo con el FMI, la «responsable» de la inestabilidad había sido, según Macri, la conferencia de prensa que ofrecieron Federico Sturzenegger, Marcos Peña, Nicolás Dujovne y Luis Caputo el 28 de diciembre de 2017. 

Luego de atribuir culpas a la oposición, al electorado y pedir perdón, el presidente anunció una serie de medidas que llegan tarde y cuyo único y confeso horizonte es el 27 de octubre. Inmediatamente después, las pantallas de los principales bancos del país reflejaban una nueva disparada de la divisa norteamericana, que llegó al récord de 62,17 pesos. 

Según reflejaron algunos sectores de la prensa oficialista, en la noche del martes fueron María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y el ministro Rogelio Frigerio quienes «convencieron» a Macri de cambiar el tono político de su mensaje y hacer frente a la reinstalada crisis, o sea, ser presidente. No solo una cuestión de racionalidad y responsabilidad avalaría el pedido de su equipo, sino una mera cuestión de supervivencia: el riesgo de que el resultado de octubre pueda empeorar para el oficialismo pone en peligro los pocos bastiones que todavía puede cuidar, en particular, «el pago chico» de CABA. 

«Recién tuvimos una buena y larga conversación telefónica con Alberto Fernández. Él se comprometió a colaborar en todo lo posible para que este proceso electoral, y la incertidumbre política que genera, afecte lo menos posible a la economía de los argentinos», publicó en Twitter horas después del mensaje que emitió desde la residencia de Olivos. 

El llamado fue confirmado por el propio Alberto Fernández. En principio, el presidente le envió un mensaje de WhatsApp que no fue respondido porque el candidato del Frente de Todos estaba dando clases en la UBA. «Tuvimos una buena charla con el presidente», dijo a la prensa Alberto, quien destacó que, a pesar de estar a disposición del gobierno «para que los argentinos no sigan sufriendo», el presidente sigue siendo Macri «y el resorte del manejo de la economía y del país lo tiene él». 

Durante la conferencia, Fernández insistió en que las medidas anunciadas horas antes «promueven el consumo y en eso podemos estar de acuerdo, pero en el contexto que se toman pueden ser riesgosas». 

El delicado momento que vive el país y el «operativo temor» que se activó desde el lunes reavivó la discusión sobre el potencial adelantamiento de las elecciones o una salida anticipada del gobierno. «Hay que hacer un esfuerzo entre todos para que no nos hagamos más esa pregunta. El presidente tiene que llegar al 10 de diciembre y yo voy a ayudar que así sea», fue la definición del candidato del Frente de Todos. 

El mensaje de Fernández fue mesurado: prefirió no dar detalles sobre la charla de quince minutos que mantuvieron ni responder cuando fue consultado sobre el polémico mensaje presidencial del lunes. «Yo quisiera que la economía se tranquilice, se ordene, y que todos los que estuvieron vociferando que nosotros éramos Venezuela se desdigan, porque ellos son los que generaron este caos en el mercado internacional y sembraron dudas inexplicables», manifestó.

El combo octubre

El paquete de medidas anunciadas por el gobierno nacional en el marco de la reavivada crisis financiera contempla, entre otros puntos, exenciones y facilidades impositivas para trabajadores y pymes, bonos para empleados públicos, aumento del salario mínimo, pagos extra de la AUH y becas y suspensión por noventa días de aumentos en combustibles. 

De las medidas anunciadas se desprenden al menos tres rápidas lecturas: en primer lugar, el tardío reconocimiento de que la situación económica era insostenible, aun sin tomar en cuenta la reciente suba del dólar; por otro lado, la insuficiencia de los beneficios, que serán corroídos por el salto inflacionario que se espera; y, finalmente, el sentido de la oportunidad de un confeso paliativo de tres meses de cara a las elecciones del 27 de octubre. 

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El riesgo de tomar una medida de este estilo, que implica una erogación de 40.000 millones de pesos, del que también habló Alberto, es que los «mercados» le piden a Macri no gastar una sola moneda más. Gastar en un contexto en el que la voracidad del sistema financiero solo pide «ahorrar» (ajustar) para garantizar el pago de la deuda ayuda a profundizar la «desconfianza». 

¿Golpe de timón o puesta en escena? 

El anuncio de las medidas del miércoles, el llamado a Fernández y el pedido de disculpas parecieron evidenciar un cambio radical en la actitud del gobierno. Sin embargo, el rumbo parece el mismo, no solo desde el punto de vista económico, ya que el paquete de medidas configura un paliativo con fecha de vencimiento, sino también desde el punto de vista político. 

Las expresiones de Mauricio Macri, tanto en el mensaje que grabó como en los tuits que describieron el llamado al candidato opositor, continúan atribuyendo la responsabilidad de la inestabilidad financiera al resultado electoral y destacan el «compromiso» de una persona que todavía no tiene ninguna responsabilidad institucional, como Alberto Fernández, de llevar tranquilidad a los mercados. 

Aún peor es la señal de la ya clásica incendiaria Elisa Carrió, que desde sus redes sociales elucubraba sobre un posible fraude electoral. Según la diputada, muchos telegramas llegaron con cero votos para su fuerza política, prueba suficiente para sostener que «el control narco en determinados sectores del norte y del Conurbano es central» para determinar las irregularidades en el proceso electivo. 

Cabe destacar que en cada elección que se celebra en Argentina hay telegramas que llegan con ese tipo de información y, de hecho, el Frente de Todos también contabiliza cero votos en muchos de ellos. El telegrama no tiene ningún peso legal, sino que se confecciona con fines meramente informativos para el recuento provisorio. 

Para aclarar esas inexactitudes está el escrutinio definitivo, en el que no se toman en cuenta los telegramas, sino las actas firmadas por todas las autoridades de mesa. Aún así, de existir una irregularidad de ese estilo se abren las urnas y se cuenta otra vez. Algo que los argentinos, y en especial la diputada, saben.