Por Ramiro García Morete

“¿Por qué he llegado aquí cuando no tenía ir? Pero si te vuelvo a encontrar quiero que me lleves a ese lugar”. Era una caja de madera medio abandonada. Acostumbrado a disfrutar sin mayor detalle informativo la música que el padre hacía sonar (desde Pink Floyd hasta María Bethânia), sin embargo había algo allí que lo invocaba especialmente. Pilas de casetes que incluían Led Zeppelin I al IV, Rolling Stones y también Toquinho fueron apropiadas por este pibe de Caseros en tiempos donde imperaban los CD. De hecho pudo hacerse de una copia digital de Lenny (Kravitz, claro) y a la par también se apoderó de la criolla de su progenitor. “A partir de ahí me volví loco y empecé a tocar mucho tiempo”, evocará Andrés Robledo. Tocar por tocar, como siempre. “Nunca me di cuenta, fue siendo solo”, expresará. “Sin ningún tipo de ambición ni nada. Solo por tocar”, definirá la prehistoria de una banda que surgió con la misma naturalidad. Alejandro Navoa vivía a unas cuadras e iban juntos a la escuela. Faltaría para aquella navidad o cumpleaños (no recuerda, pero es por esa época del año) que unos amigos de la familia pudieron comprarle la stratocaster roja de lutier que tanto anhelaba y en su casa no le podían pagar. Casi como hoy -cuando aún teniendo un premio Gardel pujan por pagar sus cuentas y recorren en auto el país tocando y vendiendo sus vinilos- no sobraba el dinero.

La crisis post 2001 forzó un cambio de colegio, pero cuando las cosas se encaminaron un poco. Ya con esa guitarra, Ale lo fue buscar diciendo que tenía bajo y que en el barrio Nicolás Heis (o el Tumba) tocaba la batería. Unidos por todas esas bandas clásicas en inglés y con raíz de blues, no pensaban ni hacer temas ni hacer un disco. “Nos sentíamos bien tocando en un garaje como quien va a jugar al fútbol”. Fueron años así, de “pasar de ser adolescentes a jóvenes”, definirá Robledo al rato de asumir que nuevamente están en una de esas curvas que la edad nos pone para volver a decidir el camino. Entonces como ahora, debieron ser francos como su sonido. No termina más (que bautizaría su disco debut) fue el primer tema que realmente tuvo forma. “Seamos sinceros a esto, vamos a hacerlo de verdad”, se dijeron entonces. Como hoy, que tras cosechar elogios de la prensa especializada como un trío incendiario, buscan una nueva forma de contar la misma historia. Por eso está contento estos días: hay música nueva y el espíritu de siempre. Con la misma franqueza que confiesa: “Tiene mucho que ver con la experiencia de estar los tres. Le tengo un poco de miedo al día de mañana no tener eso y ver cómo reacciono como compositor”. Siendo uno de los guitarristas más talentosos del under argentino, con docilidad y autoridad escénica, Robledo se conjuga perfecto con la precisión de Navoa y un baterista brillante como Heis. Todo indica que queda mucha ruta por delante y que de esa sala sigue siendo como la mágica experiencia de abrir una caja y llegar a un lugar desconocido.

“Estamos componiendo el tercer disco -cuenta Robledo y si bien no sabe si será disco o simples, cree que algo saldrá antes de fin de año-. De repente en los últimos días se abrieron las puertas de la creación, de la inspiración. Este disco fue complicado. En los últimos años estuve aprendiendo y así como me dio herramientas, también me enrolló un poco. Pero ahora lo hicimos fluir y parimos siete temas al hilo. Estoy re contento”. En ese proceso hubo un particular interés por la armonía, con acordes abiertos y cierto aire jazzero. “Quería reforzar la melodía. Personalmente siempre fui muy rítmico y de la experiencia en sí. Quería reforzar cosas que me gustan y ahora siento que suenan más unido. Está re zapado, tiene acordes de jazz… Nuestra idea no es hacer el mismo disco, disco tras disco. Queremos encontrar recursos. Es un poco tratar de inventar la rueda de vuelta”. Y definiendo ligeramente lo que viene como un “Pappo´s blues jazzeado”, adelanta que la idea es que sea más crudo aún y sin sobre grabaciones: los tres sonando como en la sala.

La particular coyuntura parece incidir: “En las bandas que nos gustan los discos reflejan la situación que atraviesan en ese momento. Y nosotros ahora escribimos sobre la falta de dinero, sobre no poder adquirir las cosas que quiero y a la vez la necesidad de viajar mucho. También hay más canciones de amor, cosa que no hacía. Es un momento en que soy sincero con que no tengo un mango y sincero en que estoy compartiendo el corazón. De eso habla el disco. Todo nos está encontrando en una situación especial. Estamos por cumplir treinta, un momento de transición en nuestra vida. La banda creció mucho artísticamente, en los viajes, con los logros… Pero se hace difícil vivir de la música”. Sin embargo hay algo claro: “En estos últimos días, estoy entendiendo que hay algo dentro de mi corazón que quiere hacer canciones. Por más que no tengan peso, quiero ir un escalón más, quiero que estas letras pasen a sonido. Eso me lo voy a llevar hasta el día en el que me muera”. Y vuelve a referirse a la satisfacción de encontrar ese sonido o canción buscada: “Es todo por encontrar ese momento. Y también tocarlas y compartirlas. Hacerlas y compartirlas”.

El momento histórico también indica que las tendencias musicales se inclinan a otros sonidos. Robledo no da rodeos: “Tocamos esto porque estamos siendo sinceros nosotros. El rock es una cosa subterránea que va todo el año. A veces va más rápido o más lento. Se sube o baja más gente, pero siempre está. No sé qué pasará con el trap en diez años. Te aseguro que en este momento hay pibes que están haciendo música con la guitarra. Con más viento a favor o en contra. Ojo… el trap está buenísimo, cuando está buenísimo. Como cualquier género”.

Dentro del estilo más concreto de la banda -donde se los puede ubicar entre Hendrix y Jack White pasando por el rock argentino de los inicios- la palabra clave es el blues: “Primero y primordial al día de hoy, entendía que todos los músicos rockeros que nos atraían, les gustaba el blues. El blues tiene un sentimiento poderoso, muy contundente y visceral. Su origen. Quizá con la madurez pude entender más cosas que hay en esos tres acordes. Lo encontré también en el folklore, es ese mismo hilo”.

Editados en Brasil, país que visitaron en el 2017, registraron una bella y particular versión del himno nacional que emitía rotativamente el Canal Encuentro. Vuelve a surgir una palabra: política. “Desde que te levantás de la cama estás haciendo política. En cada producto que elegís. Y las decisiones incluyen al que hace pan, corta el pelo y también al que hace canciones. Si no tenés un mango porque las decisiones de los dirigentes no benefician a todos, los que hacemos canciones somos parte. Y la gente va a preferir comprar comida antes que ver una banda. A mí me da bronca que en estos años crecimos unos escalones, pero si hubiese habido una situación o estabilidad económica distinta hubiese sido un poco mejor”. Y remata con una sonrisa: “Y bueno… soy artista de clase baja y trabajadora”.