Por Ramiro García Morete

“Caminando entre la gente / les quiero regalar un poco de mi gracia / y el ritmo dominar / ¿Suena bien? ¿Suena mal? / Somos tantos, somos nada / así es la humanidad / todo pasa por tu mundo / y ahí lo procesas / ¿Suena bien? ¿Suena mal? / Todo va a estar bien, todo va a cambiar / espero que vos sanes del odio”. Con las zapatillas de lona pegadas con cinta scotch como todos, porque no había un mango, lo miraban sin embargo por su pañuelo rosa “a lo stone”. Eran mediados de los noventa y en encuentros de punk se coreaba y pedía por la muerte de Mick Jagger. A él, que se había acercado a esa música porque “si alguien presta, ya estás tocando y no hace falta estudiar escalas porque estás preocupado en sobrevivir”, le parecía absurdo. Se había enamorado del género por bandas como Attaque, pero también disfrutaba de Led Zeppelin. La guitarra había llegado de un modo inusual: un heavy asiduo a la pizzería de su padre ya no podía pagar su abultada deuda y dejó una Ibanez. Sin saber tocar, con sus amigos se las rebuscaban para componer con una sola cuerda. El clima de época -algo similar a estos días- parecía proponer escasos horizontes. Sin Futuro sería el nombre de la banda. Más allá de la pasión por el género, se sentían “Patricio y Bob Esponja: No teníamos ganas de tirar botellas ni de vomitar en la calle. Queríamos ser felices”. Cerca de su casa de la calle 67 estaba la casa de Lucio, nombre que recordarán aquellos que hayan visto en conciertos auto gestionados a Fun People. Eso y el advenimiento de los 2000 de la mano de algo que se llamó Indie, les abrió una escena más amena a su estética que circulaba por el Viejo Varieté o La Galería. Y también las precarias pero fructíferas posibilidades del Vegas en la PC para poder grabar canciones. El futuro -o algo así- llegaría y a mediados de 2014, tendría la necesidad de algo nuevo. Al principio habría varias formaciones en base a amigos que iban rotando. Pero la misma idea clara: canciones frescas pero decididas, con espontaneidad punk y actitud rockera, con líricas esperanzadoras pero para nada ingenuas.

Constituido como un frontman más genuino que arrogante, Mauro Haramboure hallaría la formación. Violeta Di Franco (bajo y coros) aportaría su importa. Junto a Lucas Chaqueta Mascaro (guitarra), Cristián González (sintetizador), Pablo Gabrielli (batería) y Jairo Magi (guitarra) conforman hoy la banda que tras algunos EP, suena bien sin importar si ocasionalmente sonará mal. Tanto en el vivo como en los registros, profesan a través de melodías guitarreras absoluta humanidad. Producido por la banda, el EP/Video “La Saga de la Humanidad” es el último y mejor trabajo de Los Bicivoladores. Un poco de gracia y amor entre tanta gente que no sana de su odio.

“Es la primera vez que estamos conformes con el sonido”, asume Haramboure respecto al nuevo material. “Lo armamos nosotros. Grabamos en mi casa con lo que teníamos. Pero tuvimos nuestros tiempos y nuestros gustos. No nos podíamos adaptar a los tiempos de los estudio o de otra personas. Nos costaba mucho lograr lo básico. Y en estas canciones nuevas estamos súper contentos, estamos conformes porque suena parecido a lo que teníamos en la cabeza”.

El material, subido a YouTube, está acompañado de un video donde se muestra a la banda en situación de vivo. “Salvo un par de acciones, está todo improvisado. Era mostrar lo que nos pasa cuando tocamos en vivo ante diez personas: ahí no fallábamos. Pero por ahí no es fácil en los discos. El video se trató de eso, de ver si podíamos mezclar ambas cosas”. El músico cuenta que en un show de Los Bicivoladores puede pasar cualquier cosa. “Creo que nuestra propuesta es ir a la esencia de lo que es un hecho artístico. La esencia, para nosotros, es comunicarse desde la sensibilidad de uno hacia la sensibilidad del otro y conectarse con otras personas a través de una idea, o ritmo. No sale fácil, porque a los diez segundos hacemos el ridículo y nos olvidamos de una estructura o de caer bien parados (risas). Y hay gente que le gusta. Nos dicen que se sienten más tranquilos viendo eso a que todo está en su lugar”.

La banda profesa con romper esas estructuras del rock, pero siempre desde el rock: “Ni hablar. Porque es como en la política. Uno tiene que entender que no viene a tener las mil verdades reveladas y hay que cambiar todo. También nos sentimos parte de un estilo de música, pero rompemos algunas cosas que sirven para avanzar”.

Y extiende algunas ideas: “Tenemos la pasión como bandera. Y también eso va por el lado de política. Por cómo hacer la cosas, cómo cambiar las cosas, sea lo que sea. Me pongo a ver las cosas que grabamos antes y el concepto general es que nos preocupamos un montón por estar frescos y enérgicos, pero también por ver que nos pasa alrededor, pero bien cerca. El sistema gigante y mundial ya sabemos que no está bien. Pero en nuestro lugar nos dimos cuenta que es la música nuestro lugar para trabajar desde lo político. Para pensarlo, criticar a nuestro amigos, criticarnos. Después nos pasan cosas que nos sorprenden a todos y la pasamos como el culo. Queremos estar vivos y despiertos, ver en qué fallamos. Si el sistema falla, que el nuestro no falle tanto. Es lo que queremos transmitir”.

Los Bicivoladores se presentan el 7 de septiembre a las 21 hs en La siembra cultural (6 e/ 62 y 63) junto a Amariyo.