Por Ramiro García Morete

“No flasho cuentos de preso/ pero conozco los tomos/ por eso vale oro mi palabra/ y mi silencio”.  Cuando pasea Paula y Balto por el Barrio UOM de Ensenada, con una sonrisa, gafas, rulos y estilo fresco, todos lo saludan y hasta le celebran algún tema. Ya no es como cuando comenzó a escuchar reggaetón y le gritaban “DaddyYankee”. Eso ocurrió tras una infancia en la que en lo de la tía sonaba Ráfaga o Amar Azul y él  -un poco por generación- se volcaba a la cumbia villera, pero  en la que también conoció la salsa y otros ritmos en una casa “de peruanos y paraguayos”. Ya de chico le gustaba “vacilarla” y por eso prefería Calle 13 al Cangri. “Suave, sabe muy suave”, evoca e imita la voz. No le iba tanto la de gangsta. Quizá porque estuvo ahí, tuvo el peligro en las manos  o sobre la mesa. Y  en un momento decidió salirse. Lo suyo no es cartelearla y no será este texto quien revele detalles que no hacen falta: cuando alguien pateó ciertas calles, no necesita mostrar las suelas.

“Me gusta ser el loquito lindo del barrio, que juega con los perros… no me ceba que me miren con miedo”, dirá sobre su cambio. “Como Ringo, de barrio, loco lindo”, rapea. Como una tradición familiar, proveniente de su abuelo y heredada de un padre que –asegura- “tuvo una vida de película”, el box le enseñó la disciplina que no tuvo de chico cuando “me las mandé fuerte”. De hecho, el gimnasio debe ser el único lugar en el que no sonríe este tipo que levanta a puro dembow la cervecería céntrica en la que trabaja cuando llega temprano a acomodar y ordenar las mesas. Quizá de inquieto es que se inclinó por kickboxing o solo porque le tomó el gusto a las patadas. Pero  tanto en las batallas como en las barras, estaría más cerca de Alí que de Tyson: más flow que punchline. Fue a mediados de 2013 que se acercó a ella, mirando la Red Bull por internet y luego una competencia cerca de la estación. “Mochéabamos un poco”, pero comenzó a crecer y hacer amigos. Como Nasser, con quien afila su costado más rapper en Chypher 94. Y luego, otro oriundo de El Dique, como Joaquín El Negro Cantoná: ambos forman La Timba. Y las “colabos” no faltan. Desprejuiciado y optimista, este MC que para una vieja escuela remitiría a De la Soul o Tribe Called Quest, no le teme a ningún género y activa sin dudarlo: para Hankel, la música es su barrio.

“Lo fui trabajando -cuenta Hankel sobre su carácter-. En algún momento fue oscuro todo en mi vida en general. Me mandé mis cagadas. Tengo que hacer música, pensé. Trataba de abrir los ojos. Es muy loca si me pongo a hablar detalladamente. Creo que busqué la manera de sentirme del modo que quiero que todos sientan cerca de mí. Si tienen mambo, levantar. Capaz que en ese momento estoy para atrás, pero sonrío igual”.

El artista intenta distinguir sus proyectos: “Yo veo que donde conectamos con Nasseres en la parte más oscura. Tratar de desde ese lado. Como solista, me gusta más vacilar, escuchar pistas y llenarla con ritmo, más que buscar algún mensaje. Con el Negro creo que conectamos bien, todo el cuerpo y cara de La Timba. El niggajazzero borracho con la cabeza volada de música, el blanquito solo que vacila… Y ahora que tocamos con banda es la gloria”.

A su vez tiene algunos proyectos paralelos. “Con uno de los Muy Cebados nos encerramos a fumar uno, con el beatmaker y cosas de reggaetón y trap. Salio algo freestyleado. Para mi es esa. Si seguíamos colgando…no se hace nada. Así al menos sirve como motivación y quedan ganas de hacer algo mejor”.

A la hora de componer, combina freestyle con anotaciones que va haciendo cotidianamente en tres carpetas que guarda desde hace unos años: “Me gusta mucho prestarle atención a lo que digo, que tenga algo de sentido, sacarte una buena frase. Aunque tampoco soy de las técnicas. Me encanta la gente que lo hace, como le queda… pero yo no”.

Respecto al crecimiento de la cultura urbana en La Plata y alrededores, destaca: “mucho talento. Y  muchos pibes que a la  edad que flashabamos solo compes de freestyle, están pensando  en música.  Y hay más beatmakers y  estudios raperos. Porque no es lo mismo laburar con alguien que tiene un estudio pero no es raperos.  También hay más bandas: hay músicos que estudiaron y les ceba tocar con gente que rapea”.