Cuando todo indicaba que el presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, no podría evitar el juicio político en su contra, la entrada en escena del gobierno de Estados Unidos a través de su embajador en Asunción, Lee McClenny, y del presidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, permitieron que el mandatario paraguayo escape de lo que parecía un destino inevitable.

Tras estallar el escándalo por el acuerdo secreto firmado entre los gobiernos de Paraguay y Brasil por la distribución de la energía de la represa hidroeléctrica de Itaipú, que perjudicaba contundentemente los intereses de Paraguay, le causaba un sobrecosto de alrededor de 200 millones de dólares, lesionaba su soberanía energética, las protestas no pararon de crecer y la oposición comenzó a aglutinarse en claro repudio a la actitud del gobierno.

El domingo 28 de julio, Abdo Benítez intentó «calmar las aguas» al anunciar que anularía el acta firmada con su par brasileño Bolsonaro. Pero eso no fue suficiente para frenar la indignación. Entonces el mandatario paraguayo utilizó como primero fusibles para frenar las protestas a los involucrados directos en la gestación del acuerdo. Fue así que les pidió la renuncia al ministro de Relaciones Exteriores, Luis Castiglioni, al embajador en Brasil, Hugo Saguier, al director de Itaipú Binacional, José Alderete, y al titular de la Asociación Nacional de Electricidad (ANDE), Alcides Jiménez.

La estrategia de Abdo Benítez no fue exitosa y el escándalo no solo continuó, sino que se profundizó. Según denunciaron los medios de comunicación y los líderes de la oposición, el director jurídico de la vicepresidencia, José Rodríguez, había confirmado que «por pedido de Abdo Benítez, se planteó eliminar el punto número seis del Tratado de Itaipú, para sacarle atribuciones a la estatal ANDE y permitir que la empresa privada LEROS, vinculada al presidente Jair Bolsonaro, pudiera quedarse con el negocio de la comercialización de la energía paraguaya».

Estas nuevas revelaciones llevaron al Partido Liberal Radical Auténtico, Frente Guasú, y unos sectores del Partido Colorado (el cartismo) y del Partido Democrático Progresista a avanzar con la idea de iniciarles juicio político a Abdo Benítez y a su vicepresidente bajo la acusación de «traición a la Patria» y «mal desempeño en sus funciones».

Todo indicaba que las horas de Abdo Benítez al frente del gobierno paraguayo parecían contadas, pero entraron en escena Jair Bolsonaro y Donald Trump.

Después de guardar silencio por varios días respecto del tema, el mandatario brasilero aseguró que estaba dispuesto a rever el acta firmada con quien denominó su «amigo Marito». Al mismo tiempo, desde la Cancillería de Brasil se emitió un comunicado en el que se señalaba que entre los dos gobiernos se compartían profundos valores, entre los que estaban «la promoción de la democracia en la región y a la protección de los derechos de la familia. Esa elevación sin precedente de la relación Brasil-Paraguay se debe, por sobre todo otro factor, a la excelente relación personal entre los presidentes Abdo Benítez y Bolsonaro, a la coincidencia de visiones estratégicas».

El documento de Itamaraty también señala que «el gobierno brasileño está convencido de que el presidente Abdo Benítez reúne todas las condiciones para continuar conduciendo ese proyecto», y luego lanza como amenaza la posibilidad de aplicar «la cláusula democrática» y suspender a Paraguay del Mercosur. El texto señala que «al reiterar su total respeto al proceso constitucional de Paraguay, Brasil confía en que el proceso sea conducido sin quiebre del orden democrático, en respeto a los compromisos asumidos por Paraguay en el ámbito de la cláusula democrática del Mercosur-Protocolo de Ushuaia».

Como si la presión de Bolsonaro no hubiera sido suficiente, el gobierno de Donald Trump intervino a través de su embajador en Asunción, Lee McClenny, quien sin respetar barreras decidió cometer un nuevo acto de injerencismo y entrometerse en asuntos internos de Paraguay. En la noche del miércoles, a través de Twitter, el embajador norteamericano le advirtió a la oposición «esperamos que se respeten los procesos democráticos, tomando decisiones con calma».

Tiempo después, al confirmarse que el juicio político había sido desactivado, el embajador de Trump volvió a manifestarse en Twitter y señalar «hemos observado de cerca y con consternación los acontecimientos recientes y aplaudimos la prudencia de los líderes para encontrar una salida viable. Respaldamos los esfuerzos del Presidente @maritoabdo a favor de la transparencia. Somos aliados… en la lucha contra la corrupción, el narcotráfico, el financiamiento al terrorismo y los grupos criminales internacionales. Compartimos las metas de fortalecer las instituciones democráticas para un futuro más próspero, seguro, y democrático de la gente de #Paraguay«. Los sugestivos puntos suspensivos después de la expresión «somos aliados» son literales del tuit escrito por el embajador McClenny y dejan un claro mensaje.

Abdo Benítez estaba contra las cuerdas y a punto de caer, pero una ayudita de sus «aliados» le permitió escapar de un resultado que parecía inevitable.