Se cumplieron dos años desde la última vez que Johana Ramallo fue vista saliendo de su casa, a las cinco de la tarde del 26 de julio de 2017. A partir de allí, familiares y amigos iniciaron una lucha incesante por su aparición que continúa hasta el día de hoy, tal como lo demostró la manifestación que llevaron adelante, veinticuatro meses después, para reanudar el pedido de justicia. En ese marco, su madre, Marta, dialogó con Contexto.

«Seguimos sobrellevando mucho dolor a dos años de la desaparición de Johana seguida de femicidio», comentó.

la ausencia de Garro y de Vidal a la hora de recibir a familiares y poner recursos a disposición acentuaron aún más la desidia política para hacerse cargo de la situación.

«Seguimos esperando que el Poder Judicial active la investigación para encontrar a los responsables. Por eso estamos acá exigiendo verdad, memoria y justicia por mi hija», relató la mujer, convertida en la protagonista de una búsqueda incansable que apunta, principalmente, a la actuación de una red de trata.

Con el operativo policial antimanteros todavía desplegado en el centro platense, Marta Ramallo se hizo presente este viernes frente los Tribunales Federales de 8 y 50, acompañada tanto por allegados y miembros de la comunidad como también por estudiantes universitarios y figuras políticas, como la referente de Género del gremio estatal CTA, Estela Díaz.

Cabe recordar que hace dos meses tanto la madre como los abogados confirmaron que un peritaje develó que los restos humanos encontrados en la zona de Palo Blanco de Berisso coinciden con el ADN de Johana, hecho que confirmó el feminicidio de la joven. La información había sido mantenida en secreto de sumario desde 2018, pero versiones filtradas en la prensa local generaron un revuelo que complicó aún más el delicado tratamiento del caso.

Con el correr de los años, el pedido de aparición de Johana se convirtió en una causa colectiva tanto contra las redes de trata que mantienen cautivas a miles de mujeres como también contra los entramados de connivencia entre los poderes políticos, judiciales y policiales para encubrir ese sistema.

«El Poder Judicial, por no haber activado las medidas suficientes en su momento justo, nos ha dejado contra viento y marea peleando. Cada vez que cruzo las puertas de un tribunal lo único que recibo es un vaso de agua o un té para tranquilizarme», consideró.

«Lamentablemente, voy a sufrir siempre una pérdida que se pudo haber evitado si hubiesen escuchado nuestros reclamos y las pistas que veníamos siguiendo», reiteró. «No voy a dejar de luchar por mi hija, y que pague quien tenga que pagar», agregó.

Según han denunciado familiares de Johana en varias oportunidades, la investigación llevada adelante estuvo plagada de complicaciones jurídicas que aletargaron todos los avances. Al mismo tiempo, la ausencia del Estado municipal y provincial –bajo conducción respectiva de Julio Garro y María Eugenia Vidal– a la hora de recibir a los familiares y poner recursos a disposición acentuó aún más la desidia política para hacerse cargo de la situación.

«No voy a dejar de luchar por mi hija, y que pague quien tenga que pagar»

Johana desapareció el 26 de julio de 2017 en 1 y 63, conocida como la zona roja de La Plata, a solo diez cuadras de la Gobernación. Fue allí donde se la vió por última vez con vida, registrada por una cámara de seguridad de la zona.

Desde la desaparición, Marta Ramallo y el movimiento de mujeres han señalado a las fuerzas policiales bonaerenses, puntualmente a la Comisaría Novena, con jurisprudencia en el lugar, y han asegurado que avalan y facilitan el funcionamiento de una red de trata, con complicidades estatales y judiciales.