Por Julián Fantozzi

Julián se despertó, la hora en su celular daba las dos de la tarde, se vistió y bajó apurado a comer. Sus padres se asombraron del apuro de su hijo por ir a ver una competencia de rap. Se dirigió hacia la parada de colectivo para marchar hacia Plaza Belgrano (13 e/ 39 y 40).

Josué Agrati uno de los fundadores de La Sucre llegó a la plaza un rato antes de que el evento comience, vestido con ropa deportiva y una riñonera de la que sacó un cigarrillo. Mientras empezaba a fumar, terminó de saludar a toda la gente que llegaba a anotarse.

La idea de organizar una competencia de rap le surgió a Josué en 2016 mientras concurría al taller “Somos Hip-Hop” del conocido freestyler Tata. Junto a su grupo con el que compartía ideas, objetivos y formas de pensar se decidió a llevar lo aprendido a la gente que tal vez no estaba tan integrada a la cultura del Hip-Hop, y así combatir ese estigma o imagen de machismo o racismo.

Ya con la organización en marcha, su primera aparición en el mundo de las batallas fue “Sucre, la batalla que nos une”, que se realizaba en distintas plazas de la ciudad, cambiando de ubicaciones cada dos fechas, con escenarios, luces y micrófonos. Este movimiento constante le demandaba a Josué y a su equipo la necesidad de conseguir marcas que los apoyen. Así, para fin del año 2016 lograron atraer a artistas de talla nacional como Duki, Acru y Dani para que se presenten en la última fecha como artistas invitados.

Esta logística no fue solo gracias a las marcas, sino que también hubo una gran administración interna para publicitar el evento, se pusieron en contacto con community managers para que los ayuden a manejar Instagram, Twitter y Facebook. También el canal en YouTube, que es el que genera más alcance gracias a la inmensa popularidad que cobraron las batallas de rap. Solo en su canal Sucre Producciones cuenta con vídeos que alcanzan las cincuenta mil vistas, con un total de cuatrocientas mil visitas y más de tres mil subscriptores.

En 2018 volvieron a las plazas. Eligieron Plaza Belgrano como nueva ubicación con la idea de entrar más en contacto con las familias que pasan la tarde ahí, para así terminar con lo hermético de las batallas de rap y estar más al alcance de los artistas de la zona.

¿Qué son las batallas de rap?

Las batallas de rap o freestyle consisten en dos o más personas que se enfrentan de manera improvisada. Inicia con un round de un minuto cada uno, en donde uno de los competidores ataca al otro, el cual se tiene que defender de los argumentos del rival. Terminado ese round se cambian de roles y al final el jurado tiene que elegir a un ganador. Los jurados eligen quién merece la victoria a través de ciertos parámetros como la cantidad de veces que un competidor ataca o se defiende en su minuto. También se tiene en cuenta la puesta en escena de los participantes, la facilidad de adaptarse a la instrumental o los juegos de palabras utilizados al momento de rimar. Una vez que cada uno de los jurados elige al que para ellos es el sobresaliente se disponen a contar los votos, hay situaciones en las que un competidor resalta más que otro o también puede suceder que haya un empate (en el ambiente se llama “réplica”) en la cual se cambia la modalidad de la batalla. A esta modalidad utilizada generalmente a modo de desempate se la llama 4×4, esto quiere decir que un participante improvisa cuatro versos y le toca al rival responder también con cuatro versos, hasta que el jurado se decidía por alguno de los dos.

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Julián había llegado tarde al evento por lo que solo pudo saludar a Josué y escuchar la última batalla de la fecha entre dos de los favoritos del público: Nasser y Volpe, quienes compartían un cigarrillo en medio de una ronda llena de gente expectante al comienzo de la batalla.

El último encuentro lo comenzó Volpe. “Nasser hace frases pero no hace los quehaceres, mejor andate a hacer los deberes”, fue una de los versos que generó asombro en la multitud, por la rapidez y el ingenio que mostró al utilizar el apodo del rival para sus juegos de palabras. Terminado su minuto y Nasser apeló a su ingenio para mostrar sus habilidades con la palabra: “dejó claro lo que estoy hablando, haciendo referencia a lo que está pasando. Yo no la estoy flashando, yo solo estoy rapeando y lo hago todo con ANDO”, disparó. No solo su rival era capaz de jugar con las palabras. Luego de unos versos más terminó el minuto de Nasser y con él, la primera ronda.

Con el comienzo de la segunda ronda, el DJ a cargo de las instrumentales se encargó de exprimir la capacidad de adaptarse y fluir sobre ella a los competidores. Primero le tocó a Nasser, que lo hizo de una manera muy cómoda pese a la dificultad del beat (ya que para poder improvisar sobre él se lo tenía que hacer de una forma más rápida) y aclara que no le importa perder este encuentro ya que él es el competidor con más competencias ganadas en lo que va del año. Ahora le tocaba responder a Volpe, que lo hizo con mucha fluidez y también lo atacó argumentando que la forma de improvisar de Nasser le resulta repetitiva y aburrida. Con eso Volpe cerró su minuto.

El jurado ya tenía un ganador. El resto de los organizadores llaman al público a hacer la cuenta regresiva para develar al nuevo campeón. ¡5,4,3,2,1! El campeón era Volpe.

Los contrincantes se saludan y se felicitan. Todos los participantes de La Sucre son amigos y compañeros. Una de las reglas de las batallas es que lo que se dice en las batallas se queda en las batallas. Y es así: todos, competidores y público, se acomodaron para pasar la tarde en la plaza.