Por Ramiro García Morete

«No hay una voz/ Son muchas más/ La melodía nos vino a buscar/ Ni más ni menos, que en una canción» («Ni más ni menos»). Nadie sabe dónde termina un río y comienza otro. Nadie puede definir de dónde viene exactamente eso que amable o tempestuosamente aborda la orilla. Quizá por eso el agua no es de nadie. La música tampoco. Viaja en cauces que también se cruzan y por eso, como el río, parece que se repite pero siempre está cambiando. O como los barrios, que también se parecen pero cada uno guarda su propia memoria. «Son mucho más que un simple acto de historias repetidas», rezaría una canción. Tolosa no fue lo mismo cuando Lisandro Barrera llegó de Quilmes, como tampoco lo sería Meridiano V, epicentro de varias de sus canciones, ni ahora Ringuelet donde está establecido con su propia familia. Sin embargo todos acunaron «una risa desmedida, un mate y un fogón» para tomar la criolla y replicar melodías propias y ajenas, coplas de libertad de tierra adentro y de más allá.

Alrededor de la canción confluyeron con Joaquín «Vasco» Arrese Igor, curtido por el tango pero también por el power de su guitarra Yamaha Stratocaster conectada al overdrive OCD. Fue en uno de esos asados en lo de Seba, cerca de La Grieta, donde se pusieron a conversar y notaron que ninguno estaba tocando. Precisamente como una conversación definirá Pablo ese juego entre criolla y eléctrica que sentó las bases de lo que primero fue un dúo. Hasta que el demo de 2016 convocaría al bajo de Pablo Grinde nutrido por el jazz y el folclore, tanto como la batería de Joaquín Zaidmany su fusión de ritmos. Desde el folclore al rock, desde el candombe a Silvio Rodríguez, el único límite fue sonar desde la genuina conjunción de los elementos. Como cuando Lisandro lleva un tema a la casa céntrica de Pablo y cada uno se lleva para pensar sus partes, o como cuando suena en la sala cercana a Plaza Belgrano, donde el notable ensamble que acompaña la cálida voz no pierde la raíz folclórica pero suma potencia. La que avizora el próximo material, influido por un contexto bastante menos luminoso que el que conforma el álbum debut Despabilar. Con invitados como el histórico Pitufo Lombardo o los locales Milena Salamanca y Lucas Finocchi, el disco es una excelente carta de presentación de un grupo que como sugiere su nombre va y viene por viejas aguas que siempre traen algo nuevo: De la Orilla.

«Despabilar es nuestro primer disco –introduce Barrera–. De alguna manera despliega un montón de géneros que a la vez se fueron dando naturalmente. Venimos de distintos palos los integrantes. De la Orilla se fue configurando de esa manera, donde prima la canción. Es el hilo conductor. Nace en guitarra criolla y después se le van poniendo lo aditivos. Se labura en grupo, es ese crisol». El álbum expresa esa mezcla sin necesidad de capas ni muchas sobre grabaciones: «Fue una decisión. Es muy transparente… lo que suena en el disco es lo que suena en vivo, más allá de algún detalle o las voces. Es muy franco y queríamos que suene así».

Abordando géneros tradicionales la necesidad de una impronta es mucho más vital aún: «Eso es más buscado. Es decir, esto tiene que sonar a De la Orilla. La sonoridad del Vasco dentro de este proyecto le aporta un color distinto. Por el lugar de donde viene y el sonido de viola que siempre usa. Es lo que hace empastar y darle coherencia a través del disco. Porque más allá de los géneros, está el rock unificando como lenguaje».

A lo largo del disco, las líricas expiden cierto aire redentor o de luz, sin perder una mirada subyacente. «Tiene que ver con los momentos en los que fueron compuestos los temas. Dentro del optimismo, tiene una postura tomada y combativa. Fueron compuestos en un periodo de tiempo de diez años, entre 2004 y 2014, en esa década. Otro contexto. En un caso era reafirmar un momento regional, y ahora el opuesto». Por eso adelanta: «Los temas nuevos vienen al revés. No bajón, pero más de batalla y de protesta. No es una cuestión panfletaria. No es Macri Gato ni caer en ese lugar. Más bien por temáticas. Se sostiene eso de no convertirse en un panfleto sino de sentar postura ante los momentos históricos».

Ese estado se trasladará a lo estrictamente musical: «Ese es un proceso que se viene dando. Hay temas que quedaron más tranquilos porque eran de ese momento. Luego le fuimos tomando el gustito y la mitad de Despabilar se nota. El disco que vendrá será bastante más poderoso».