Por Ramiro García Morete

«Sentado en mi sillón favorito estoy bien/ Whisky en mano y mis discos en autoplay/ No preciso/ Nada más/ No me insistan». Al regresar a su casa, tras casi doce horas afuera desde el amanecer, no había sillón ni whisky. Sí su compañera –la misma que luego le recomendaría focalizarse en un solo proyecto– a punto de traer al mundo a Nina y la sensación de que ya no insistiría con la música. El doloroso 2 de abril de 2013 le había puesto un lapidario fin a Falso Primer Ministro, ahogando más de dos décadas de grabaciones y maquetas de una banda más esencial que reconocida en el devenir del rock y pop platense.

A Pancho y Adolfo los había conocido al egresar del San Cayetano, un par de años después de que bandas como Duran Duran y las juntadas cerca de la escuela lo alejaran del folklore. Sí, este adorador de los sintetizadores que sin embargo toca la guitarra cantó en su preadolescencia en una formación telúrica llamada Los Horneros. Pero ya lejos de los años escolares, el 6 AM clavado en el reloj ya no era la hora de regreso sino la de partida. Pero cada uno transcurre el Día de la Marmota como puede.

De a poco comenzó a programar y grabar cosas, por línea y con auriculares, para no alterar la calma nocturna. Elegancia natural surgiría como algo distinto, bastante ajeno a la estructura que estaba habituado. Tan distinto como la inquietud de cantar, después de tantos años de componer para otras voces. Lento pero metódico («nunca fui hippie ni me gustaron los hippies», bromeará) fue sumando lo que creía entonces invitados. Su primo y tecladista Leandro Sala ya se había ofrecido a acompañarlo. Flavio Mogetta (bajista, periodista y escritor) sumaría algunas letras, coescribirían alguna más y luego traería de su mano al baterista Federico Matzeiko.

El disco terminado –con la producción final de Alfedo Calvelo– condensaba la herencia del pop elegante y oscuro con sólidas líricas sobre amores y vínculos. Había que tocarlo, fue la sensación. Aquella reunión en un cervecería de 20 y 67 lo confirmó. Alcanzaron algunas risas para comprender que ahí había una banda, que se completaría cuando Federico Jaureguiberry (quien grabó múltiples saxos) se sumara tras el debut en Ciudad Vieja: Daniel Cat. O la nueva vida del Gato Daniel Campagna.

«Le iba a poner Gato Campagna –cuenta él, claro– pero después del proyecto empezó a crecer en invitados. Me empecé a plantear el nombre… si era un proyecto solista, cosa que nunca me gustó. Con el disco terminado decidí pensar un nombre más colectivo».

Esa identidad se trasladó al vivo: «Se fue modificando porque se grabó de una manera. No pretendía que se respeten los arreglos y así está buena. Cada uno tocando como toca y con todo eso se le fue dando otro color». Más allá de cierto norte estético, la banda se permite las variantes: «Me gusta la mezcla. Hay algunos temas que suenan rock, otros pop. Inclusive hay un bolero que lo tocamos con bongó, que fue idea de Flavio. Esas cosas que probás y quedan. También hay temas más pesados o incluso uno en el que rapea Astor (Mogetta, ex As y la Masa Atómica)».

Campagna deja en claro el enfoque del proyecto: «Tenemos una banda porque tenemos ganas. Todos querían tocar con la tranquilidad y el relax de saber que somos cuatro tipos adultos que buscan disfrutar la música. Con los tiempos que tenemos. Por ejemplo, en verano paramos tres o cuatro meses». Sin embargo, las ideas no se detienen y el músico cuenta que ya hay un repertorio presto a ser trabajado. «Ya tenemos. Al principio lo encaro yo y luego se va modificando. Ahora estoy demeando y ya hay once canciones avanzadas».

Este miércoles 19 de junio a las 21:30 hs, Daniel Cat se estará presentando en Estación Provincial (17 y 71).