Por Ramiro García Morete

«Que no nos roben las cosas que hicimos con el cuerpo y con el alma entera: eso es nuestro». Tincho, que puede olvidar alguna fecha pero canciones no, recordó «La Violeta». Se trata de una canción de Carlos Goldfeld que nunca grabaron con el grupo folklórico que tuvieron de jóvenes. Había quedado a un costadito como ocurre con algunas canciones, vaya a saber por qué. «Las canciones tienen su tiempo», dirá el baterista. Los grupos –y cualquier vínculo– también. Porque ya había pasado un tiempo desde aquella vez que escuchó cantar a Marian en una clase o algo así de la Facultad de Bellas Artes. Entonces se habían prometido hacer algo juntos, pero al parecer el amor los distrajo de un modo encantador. Pero la música, pan de cada día, nunca faltaría en la mesa. Como el día de hoy cuando constantemente se pasan discos y referencias y cada tanto Marian le sugiere: «Relajate, descansá la oreja, hacé otra cosa». Pero aquella noche o día retomaron la promesa y Marian puso su bella y versátil voz con tantos años de folklore. Y de a poco armaron el tema. Y lo subieron al entonces novedoso Myspace, logrando un pequeño éxito.

«Los temas andaban solos. No me costaba mucho que la voz sonara hermosa. Rápidamente había química», recordará Tincho. Casados y embarcados, más de un lustro después y con dos discos en su haber, el dúo se prepara para lanzar material y continuar con esa mixtura de canción íntima y sensorial en la que la raíz folklórica y los sonidos contemporáneos se abrazan. Del mismo modo que en «Salgo del tiempo», el único tema que más allá de la producción y arreglos conjuntos coescribieron. Allí Tincho sintió que faltaba un tono o algo distinto. Marian lo completó y le dio un giro. Juntos, pero con personalidades definidas. En los grupos –y cualquier vínculo también– la unidad no tiene que ver con la uniformidad y mejor que volverse uno es la suma de dos.

«Estamos sobre el final del disco nuevo –cuenta Martín Casado sobre el presente del dúo–. La idea es que salga los primeros días de agosto. Son cosas que van quedando de otros discos, temas que fueron apareciendo». Desde su propio estudio, pasando por Mirífico o un Cipoletti, el material se ha ido grabando de modo itinerante. Si el álbum homónimo de 2014 tenía un sentido más acústico y Circulae (2017) experimentaba más con las programaciones, surge la duda de dónde se situará lo próximo. «Yo creo que todo es una continuidad. Pero a nivel sonido no lo veo ni como eso ni una síntesis. Este es distinto. Hay una idea más acústica, no demasiado. Porque yo toco la batería, no es que vamos a un plan súper acústico cantautor. Muy pocas o casi ninguna programación. Muy poco uso de la compu… a diferencia de los otros discos». El músico explica entonces dónde reside la diferencia: «El primer material tiene como característica que tiene tres canciones de amigos, mías, de Marian. Es más heterogéneo. El segundo está todo pensado conceptualmente. Las hicimos para ese disco. Este viene por ahí, pero en esta oportunidad los temas son casi exclusivamente de Marian».

Casado cuenta que se centró más en la producción: «Hay un laburo muy importante con la poesía, pensada cada una de las palabras. Una idea conceptual entre los temas. Lo bueno es que Marian me hace que enfoque a ese lugar, sobre lo que estamos diciendo y qué intensidad tiene que tener cierta canción».

«La cotidianidad hace que pierda perspectiva –confiesa a la hora de definir a Mariángeles Betervide–. Es una artista increíble y muy amplia, no sólo como cantante. También como compositora, poeta y tecladista. Siento que es el complemento ideal para mí, que soy un tipo que toda la vida tocó la batería. Necesito que alguien ponga la cara y el cuerpo. Típico músico que nadie ve. En la producción, encerrado». Sin embargo, este músico de gran experiencia con variados proyectos reconoce Martes de Agua como «donde pongo mis emociones, mis canciones, donde tenemos la libertad de hacer las cosas… La posibilidad de criticarnos y pensarnos a nosotros».

Cuando salga el disco, planean presentaciones en La Plata, pero también en Neuquén, Córdoba, Río Negro. Hay un factor que paradójicamente favorece la actividad de dúo integrado por musiques con otros proyectos: la crisis. La merma o baja de conciertos le dio más aire a la agenda. «La coyuntura para mí es pésima –dice sin rodeos Tincho–. Trabajo exclusivamente de la música por suerte desde siempre. Una parte de docencia, gran parte de tocar, otra de fabricar instrumentos, de producir, de grabar. Vivo de eso. Y, por ejemplo, hasta hace cinco o seis años vivía casi de tocar en un montón de tipos de músicas distintas. Eso no sólo se redujo a un 20%, sino que trabajos que dejé de hacer cuando quise volver no existían más. De laburar en fiestas, hacer cierto sonido, que el rubro se redujo a su mínima expresión y no da trabajo a nadie. Yo lo noté… me afectó».

La coyuntura «se filtra muchísimo» en lo artístico. «No desde la literalidad, pero sí desde lo poético. Somos dos personas a las que la realidad nos atraviesa. No creemos en la separación entre arte y sociedad, arte y problemas. Sí o sí se filtra».