Por Ramiro García Morete

Fue en alguna de esas noches de septiembre, cuando La Plata ofrece algo más que humedad y neurosis. Entre humo y cerveza, Rebecca y Paloma asomaron al balcón y a la cálida brisa de algo nuevo. Posiblemente dentro se tratara de uno de esos departamentos adornados con más gusto que dinero, entre notebooks con calcos y una heladera semivacía. Dos amigas cansadas de trabajar para otros buscando una idea. Grandes conversaciones en espacios pequeños. Una escena tan reconocible y real que podría ser ficción. Porque en tiempos de meme y YouTube, la identificación parece ser eje rector y central de las narrativas. No sabemos si sonó la voz de Gwen declamando «It’s my life», pero estas egresadas de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social sintieron que –tras diversos proyectos de escritura– era hora hacer algo propio. Su verdad, aunque nadie esté muy seguro de si existe algo así. Con el número treinta amenazando el documento y la confusa sensación de tener un pie en la generación anterior y otro en la sucedánea, tuvieron algunas certezas. El feminismo sería el tema, porque ¿qué otra cosa será el patriarcado sino esa forma constante de vivir a merced de otro? No lo responderá un varón, pero tampoco ellas lo harían de modo lapidario. La idea sería mostrarlo desde la humanidad de la contradicción y desde el lugar honesto en que se sienten interpeladas por los bienvenidos cambios. Otra certeza sería el medio. Si el cine es una verdad veinticuatro veces por segundo, su verdad duraría el casi minuto de un feed de Instagram. Con la herencia de la sitcom pero condensado en microrrelatos, donde el pie no sólo diera paso al remate sino pisara la mina. Porque «me ponés la pata y exploto», dirá luego Rebecca Ferdean, que además de escribir protagonizará junto a Valentina Ascolese y Paloma Priottiesta la serie que busca que además de risa estalle el sentido. Con producción de Usina de Contenidos Maleza, el 27 de junio se lanza Mina a través de la cuenta de Instagram @mina_seriexplosiva.

«En principio, con Paloma definimos qué plataforma queríamos para la serie», introduce Ferdean. «Instagram es donde circulan un montón de sentidos de la juventud, un lugar de uso continuo y masivo. Porque ahí está el público al que nosotras queremos apuntar. Obviamente el formato nos determinó un montón de cuestiones técnicas que tuvimos que adaptar». Entre ellas, la duración: «El feed te permite como máximo un minuto y entre títulos y demás los capítulos se reducen a cincuenta segundos. Cada capítulo funciona en sí mismo como microrrelatos unitarios».

Ferdean cuenta que la serie se relaciona mucho con el formato de la sitcom o el sketch y que habla de cuestiones totalmente cotidianas y bajadas a la realidad de cada une. «Se habla de feminismo pero no es TV educativa, con conceptos cerrados. Sino que a partir de situaciones concretas se abren preguntas. La idea no es bajar línea y que esté totalmente aprobado por todo el feminismo y las prácticas correctas, sino debatirnos». Con personajes obviamente magnificados pero basados en su realidad, Ferdean explica: «No somos nacidas en esta ola de feminismo como la nueva generación. Estamos en un proceso de deconstrucción, pero con lógicas machistas previas. Planteándonos esto ya no, no me parece adecuado, esta cuestión ya no me parece pero lo sigo haciendo… y ahí se abren las preguntas».

A través de los adelantos a modo de presentación subidos a Instagram, las tres protagonistas parecen estar conscientemente definidas. «Creo que tiene mucho que ver con el fenómeno del meme e identificarte con algo. Es como contar con esta punta del iceberg, mientras atrás transcurren un montón de cosas». Paloma aún estudia y es nómade, de casa en casa. Valentina es algo más estructurada y Rebecca explosiva. Pero a todas las atraviesan problemáticas comunes que van más allá del feminismo. O que en verdad también forman parte, como cierta desorientación ante las expectativas y mandatos sociales. «Obviamente aparecen cuestiones como los conflictos laborales. O lo que imaginábamos que sería la vida a los treinta. Mi personaje está en esa dicotomía de estar recibida pero no sabe qué le gusta en verdad, cuando el plan de su madre era estar con la casa y el perro».

Desde el nombre, la serie propone apertura. «Una serie feminista que se llame Mina es raro, ya que siempre fue un término despectivo. Pero a la vez significa que me ponés la pata arriba y te exploto». La autora devenida en actriz («me chantaron, pero creo que soy bastante desenvuelta») asume los cuidados que requiere el humor ante ciertas temáticas. «Algo que me parece importante es decir que somos re conscientes de que somos mujeres heterosexuales cis. En algún momento queremos incorporar disidencias y personas que quieran hablar desde otros lugares. Yo no me quiero reír de algo que no me pertenece». Pero aclara: «Nosotras producimos contenido y medio que lo largás a una vida propia. Cómo lo vea la gente está bien, y los que lo critiquen también. Es una construcción colectiva. No soy una feminista consagrada y siento que tengo mil quinientos errores en lo cotidiano. Desde ahí, quitar tabúes. Me encuentro diciendo una barbaridad, también es lo que me pasa. Es mi contradicción diaria y no quiero que no esté».