Por Ramiro García Morete
Foto: Luciana Zylbelberg

«…y los argentinos descienden de los barcos», suele decirse. Puede que esa sensación de pertenecer no forme parte del gen nacional, si es que tal cosa pudiera existir. Quizá el punto no es el origen de nuestro descenso sino el foco de ascenso: la necesidad constante de ser algo más. A veces para bien y muchas más no tanto. El día que asumió el actual gobierno, Ana Laura Suárez Cassino pensó en algunas de estas cosas. ¿Qué ocurriría con algunas cosas que se habían logrado? ¿Cómo sostener discursos que se iban a diluir? Más allá de que La razón de mi vida y otros textos de Eva servirían de referencia para el proceso de investigación, «no es una obra peronista», advierten. Sencillamente se reconoce esa época como una instancia en la que innegablemente hubo avances para esos sujetos que transcurren la obra y van desde un gauchito boxeador a una periodista sin memoria pasando por una peluquera incendiada. Con la distancia temporal planteada, se habilita el espacio para el humor y la reflexión en esa suerte de disección humana en pos de algo que sólo en la cabeza de algunos argentinos existe: El Argentino Perfecto. El sábado 8 de junio a las 21 hs se presenta en el Centro de Arte de Universidad Nacional de La Plata (48 y 8).

«El argentino siempre quiere estar en otro lado, ser otra cosa. Pero ¿pudimos «ser otra cosa» alguna vez? La historia dice que sí. ¿Cuándo fue? Y si fue, ¿qué quedó de todo eso? ¿Quedó algo?», plantea la obra. «Hay algo acá de que siempre queremos ser otra cosa, nunca estamos conforme –cuenta la directora–. Por un lado no está mal querer avanzar, económicamente. Sin embargo siempre se percibe cierto desprecio». Y explica la elección del primer gobierno, «como hecho histórico que permitió a ese argentino, inmigrante, dar un salto, estudiar, tener su casa. Apareció también la estética de Daniel Santoro (pintor y artista plástico). Súper peronista, pero muy cuestionador con sus dibujos y materiales… La pregunta fue: si en este momento pudimos acceder al voto, a la vivienda, al turismo, ¿qué hicimos con todo eso?». Suarez Cassina remata: «La pregunta se viene al hoy».

Con alusión manifiesta a El humano perfecto, de Jorge Leth, una presentadora que habla en neutro relata esta disección, mientras los personajes exponen sus miserias y prejuicios en un juego escénico que incluye una cámara en vivo que proyecta en una pantalla. Un desafío de la autora fue que la crítica no adhiriera tampoco a esa visión también tan argentina de que los argentinos somos el problema, tan funcional a algunos discursos. «Aparecía eso. Pero lo que nos ayudó es que la particularidad de cada personaje develaba un gran egoísmo. Es bastante moral ahora que lo pienso. Está la pregunta sobre lo colectivo. Y si nos salvamos todos o algunos. Eso trasciende los partidos. Yo estoy del lado de que nos salvemos más, de repartir en más. Claramente hay una dirección así en la obra. Pero no refuerza una cosa partidaria».

Licenciada en Dirección Escénica de la UNA y abogada, la directora nacida en Trelew reconoce las dificultades del teatro independiente: «Yo siempre digo que tengo un trabajo para comer. Y otro para vivir, que es el teatro y es donde tengo algo para decir. Es difícil. Pero si tenés algo para decir, tratás de producir de la manera más efectiva. Es trabajoso, pero si trasciendo el mero deseo de estar en un flyer, de trascender el ombligo, y encontrás algo que decir, eso hace que tengas ganas de seguir». Quizá esa sea la diferencia entre ser y querer ser. Por eso acepta el juego de palabras y la asociación con el término «wannabe» para el ser nacional: «¡wannabe total! Tiene que ver con no aceptar lo que sí hay. No para conformarse, sino para transformarlo en valor. Como si te quedara chico el zapato. Por eso nos cuesta tanto lo colectivo».