Este jueves 6 de junio, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, llegará a Argentina para reunirse con su par, Mauricio Macri. El mandatario neofascista será recibido con honores en la Casa Rosada y con repudio en las calles de Buenos Aires.

El alineamiento incondicional de ambos mandatarios con Estados Unidos condicionó la agenda del encuentro. Los desprecios del gobierno brasilero sobre el argentino no serán tratados en la reunión, que tendrá como principal tema de conversación las estrategias para profundizar el ataque contra Venezuela y la coordinación en materia judicial, un ámbito en el que ambos gobernantes han profundizado el formato de la persecución mediática-judicial contra sus respectivos opositores.

Poco antes de su visita, el líder neofascista brasilero hizo una serie de declaraciones con clara injerencia en los asuntos internos de Argentina. En una entrevista dada al diario macrista La Nación, Bolsonaro aseguró: «La Argentina y Brasil no pueden volver a la corrupción del pasado, una corrupción desenfrenada por la búsqueda del poder. Contamos con el pueblo argentino para elegir bien su presidente en octubre».

Luego remarcó: «Nosotros hacemos fuerza para que el pueblo argentino elija un candidato de centroderecha, como hizo Brasil».

Según señalaban desde el oficialismo, la agenda entre los dos mandatarios también abordará la posibilidad de realizar convenios de cooperación en materia de defensa, la situación del Mercosur y la necesidad de reforzar el Prosur.

El gobierno argentino no hará ninguna referencia a la serie de desprecios e incumplimiento de acuerdos por parte del mandatario brasileño. A sólo horas de ser anunciado como ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes había asegurado que ni el Mercosur ni la relación con Argentina eran prioridad para el nuevo gobierno de Brasil.

Con rapidez, los primeros gestos políticos del nuevo mandatario reforzaron esa postura. Históricamente, por ser su principal socio comercial, la primera visita al extranjero del presidente de Brasil suele ser la Argentina. Bolsonaro decidió que la primera visita fuera a Estados Unidos, luego a Chile, Israel y recién como cuarto destino decidió llegar a la Argentina.

Los gestos políticos fueron reforzados con acciones concretas. Luego de su visita a Washington y su reunión con Donald Trump, Bolsonaro decidió remplazar parte de la compra de trigo que por acuerdo dentro del Mercosur Brasil le hacía a Argentina y comprarle 750 mil toneladas de ese producto a Estados Unidos, lo que perjudica claramente a los productores argentinos y rompe lo convenido entre los dos países.

Organismos de derechos humanos, movimientos sociales y partidos políticos marcharán a las 18 hs a Plaza de Mayo para repudiar la presencia en Argentina del líder neofascista.

Bolsonaro es un firme defensor de la dictadura que asoló Brasil (que se extendió de 1964 a 1985). En una entrevista televisiva, al referirse a la dictadura dijo: «¡Que época maravillosa! Usted podía salir a la calle con seguridad. La familia era respetada». En otra ocasión aseguró que el «único error» de la dictadura «fue torturar y no matar».

Durante el impeachment (juicio político) que materializó el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff, Bolsonaro votó a favor de la destitución y dedicó su voto al coronel Alberto Brilhante Ustra, jefe del grupo que secuestró y torturó a Rousseff durante la dictadura.

Al ser confrontado por la diputada del PT María del Rosario sobre la violación sexual a los presos políticos durante la dictadura, respondió que él no la violaría a ella porque «no vale la pena».

También ha dicho que «los negros no sirven ni para procrear»; justificó que las mujeres ganen menos por el mismo trabajo porque «se embarazan y pasan seis meses de vacaciones»; ha tenido numerosos comentarios homofóbicos, entre ellos, que se puede evitar tener un hijo homosexual si se lo corrige a golpes; sostiene que los indígenas no tienen derechos sobre las tierras donde viven; milita a favor de la pena de muerte, y ha planteado que los analfabetos no deberían votar.

Dependencia total de los intereses de Estados Unidos, autoritarismo político, persecución mediática y judicial a los opositores, neoliberalismo económico y, encima, llega Bolsonaro.