Por Ramiro García Morete

«La música envejece conmigo…» («Lo supuesto»). La primera canción que compuso se llamó «Libertad», nada menos. «Con ese nombre tendría que haber sido la mejor canción del mundo», se reirá. Fue con la Prefecto Pérez, esa guitarra «hecha pomada, con madera de cajón de ropa» que su madre usaba para estudiar, que comenzó a componer. Sería ese componente rítmico que le abrió la puerta a otros sonidos, varios de los que su banda fusionaría muchos años después. No sabemos si se habrá animado a mostrar «Libertad», como no hace tanto envió a La Bienal el puñado de canciones «que no entraban en Caracol a Contramano» y nada menos que Lula Bertoldi le escribió al Facebook para felicitarlo y en cierto modo impulsar su primer disco solista. Lo cierto es que la guitarra confirmó algo que sus padres supusieron. Sobre todo su madre cuando lo anotó en Bellas Artes y le dijo: «Vas a tocar el piano». Es cierto que en su casa habitaban los discos de Charly, Prince, Michael Jackson, AC/DC. También que su padre es un conocido músico y profesor de guitarra. Pero a decir verdad, el niño que iba a la N° 10 no hacía mucho más que jugar al fútbol en la plaza. Aunque no faltaría tampoco el empeño de su madre sentándolo en la mesa a escribir, corrigiéndolo, explicándole qué es una metáfora, que es una analogía. «Hay una casa en mi casa y el suelo no me falta. Busco fuerza en la palabra», canta en «Una casa en mi casa».

Lo cierto es que ya de adolescente, fascinado también por Enio Morricone y la música para películas que luego estudiaría sin encontrar lamentablemente proyección laboral, halló un mundo. «Me di cuenta que me era natural, tenía un lenguaje, jugar con melodías y ritmos, que me gustaba a mí, me divertía como juego, y fue mi manera de presentarme ante los demás», dirá. Fue junto a la guitarra, instrumento con el que dice que se recibió de ejecutante con su disco, que llegaron las canciones, esas tablitas mágicas. La libertad de jugar con el tiempo, ese tirano que suele jugar con nosotros. Y en ese juego que es la música, donde el tiempo se detiene, o avanza, o se estira como elástico o rebota como pelota, tendría precisamente tiempo para hacerse un tiempo al margen del sólido camino de Caracol a Contramano. Con variedad de invitados (Daniel Masa, Milena Salamanca, Edu Schmidt, Bertoldi, entre otres) y ritmos que pueden ir del candombe al vals, de cierto brío folklórico a la canción hecha y derecha, sobre guitarras implacables y líricas cargadas de emoción, Lucas Serena condensa en un disco gran parte de su vida. Y es que quizá la música no envejece con nosotros, sino que con ella crecemos. Y dentro de ella podemos ser por siempre jóvenes, un poco niños, Olweiswachin.

«Aproveché a hacer una colección de canciones que no encontraron el camino en Caracol. Y aproveché para invitar a gente que le había tenido cariño, parte de mi información musical, con un color íntimo y familia. Grabamos de modo casero, con mi viejo, fue un juego donde pude probar arreglos locos con cosas de guitarras. Me recibí de guitarrista, me puse a estudiar como un condenado. Después hubo otros invitados externos como Lula, quien vino bárbaro para explayar un montón de ideas que tenía ganas».

Serena define Olweiswachin como «un disco donde aprendí mucho y muchísimo. Las canciones están escritas en un período de hoy a cuatro años atrás. Y atravesaron algunos momentos. El arte de tapa fue un homenaje a mi vieja, quien no llegó a escucharlo. Ella me enseñó a escribir, mi viejo la música. Es un agradecimiento a todos los que estuvieron conmigo. Como por ejemplo grabar con Nico Casinelli, extecladista de Orsai. Una banda platense gracias a la cual mamé el candombe».

Otro paso adelante para Serena fue la interpretación vocal. Con veintinueve años y un buen trecho recorrido, el concierto del 7 de junio a las 21 hs en el Dinamo Teatro (7 y 68) será su debut como cantante. «Vengo entrenando, estudiando un año y medio o dos. Grabé mucho antes de estar pulido. Grabaría de vuelta, si pudiera. Pero los discos son fotografías del momento. Es lo que tenía para dar y estoy contento con lo que quedó».

Respecto a un trayecto solista paralelo a Caracol, dice: «Mi idea es tocar mucho, como puntapié inicial, para foguearme, ver adónde me lleva. No tengo un objetivo a largo plazo».