Por Ramiro García Morete

Si la memoria fuera una casa estaría marcada en estos días complejos. Pero no sólo la verdad es demasiado grande como para esconderla en un embute, sino que no se trata de un refugio inmóvil sino de un ejercicio constante. «Han querido meter esa historia para adentro y sacar todo a la calle», piensa y pensó hace un par de años Adriana Sosa. Un contexto de retroceso en la reparación, con sectores discutiendo la emblemática cifra de 30.000, el libro LOMJE (Libres O Muertos Jamás Esclavos) y su obsesión por rescatar historias no muy difundidas de la ciudad impulsaron a la actriz y egresada de la carrera de Cine a un nuevo enfoque de una vieja pero siempre vigente historia. Junto a Mercedes Santa Cruz dieron forma a un documental sobre tres casas de La Plata que fueron «reventadas» en 1976 por las fuerzas de la dictadura cívico-militar. «Pese al esfuerzo autoritario de no dejar vestigio, el documental recuerda que en esas casas el embute transformaba los espacios y que hoy esas casas transforman la arquitectura simbólica de nuestra ciudad», señalan las realizadoras sobre estas locaciones que contaban con esos particulares escondites para mantener actividades o información fuera del alcance de las fuerzas represivas. Con entrevistas a María Isabel Chorobik de Mariani (la inolvidable «Chicha»), Nicolás Berardi y María del Cielo Taimite Toncovich, el mediometraje (de poco más de treinta minutos) será proyectado mañana a las 19 hs en el Auditorio Centro de Arte de la UNLP (Edificio Karakachoff, 48 e/ 6 y 7) con entrada libre y gratuita.

«Embute es una derivación lunfardeada de embutir, de meter una cosa dentro de otra», introduce Sosa, y luego enumera: «Son tres casas. Una de Mariani, que es la que más se conoce y tuvo trascendencia por la Asociación Anahí. Allí se hizo una película que se llama La casa de los conejos. Tenía un criadero de conejos con doble medianera. Y detrás se editaba una revista. La otra casa en el centro cultural El Bichicuí, que es un espacio de memoria pero no un museo. Es un centro cultural donde vive gente y mantiene el espacio como estaba. Tenía un embute bajo tierra, en el patio, que se hundía y se levantaba todo con un sistema hidráulico. Ahí se hacían documentaciones para personas que tenían que emigrar. La tercera tenía un embute en el techo, donde se guardaban… cuestiones importantes». Hay una teoría no confirmada que indica que los tres embutes fueron construidos por el mismo ingeniero.

La última dictadura es un tema sumamente abordado. «Por eso nos pareció que el recorte era una forma de acercamiento al tema distinto. Aunque en cierto modo siempre hablás de la memoria, de la resistencia.» A lo largo de las entrevistas, «no todas las personas reaccionan igual ante sus propias emociones. Las preguntas son más que nada informativas: que cuenten qué hacían ese día, cómo era su vida antes, después… Pero las reacciones son muy diferentes».

«Lo que nos interesó desde el documental es que estas casas siguen vivas y siguen funcionando como espacios de memoria. Nos interesa la expresión y pensar en ir desde el embute hacia la calle, de lo cerrado a lo abierto. Esa fue nuestra intención», resume quién ya realizó otros documentales sobre la ciudad, como Soy mestiza (sobre los indígenas cautivos en el Museo de Ciencias Naturales).