Por Ramiro García Morete

“Yo con mis cosas, vos con las tuyas/ vos con tus cosas, yo con las mías/ yo con tus cosas, vos con las mías/ vos con mis cosas, yo con las tuyas.” Detrás del primer disco, de bellas canciones y sonido vivo, “hay una historia invisible” con un galpón de techo de chapa, instrumentos prestados, demos descartados, idas y venidas. Fue alrededor de 2014 en Chascomús. Tampoco se deja entrever cómo se conocieron y tampoco importa demasiado. “Nos conocimos como se conoce la gente en un pueblo, que se conoce y ya”, dirá Fermín, quien expresa con fluidez pero sin rodeos las ideas de una banda donde precisamente las ideas son la banda. Las mismas que no hallaban referencias en un pueblo donde hay algunas ineludibles: la laguna, un expresidente y… el rock & roll de La Piesa. No es que estuviera mal, pero estos chicos no gustan de quedarse quietos o encerrados en un lugar. Quizá por eso sus líricas pueden tener un sesgo de cotidianidad pero no de costumbrismo. Tras editar Amable (2017) fueron atravesados por una serie de eventos personales cuya historia también es invisible. Cierto aire de duelo dio pie para que las recurrentes conversaciones se plasmaran en el Ableton y ampliaran su mirada pictórica. Porque las canciones son el medio para poner en sonido la visión de Damián Bilbao, Joaquín Delgado, Ignacio Haye, Ezequiel Minghetti y Fermín Ugarte, quienes oscilan entre los 21 y los 26 años. Y “afuera la guerra civil argentina” y los sonidos de las nuevas olas que los interpelan, pero no los acotan. Como si el ecléctico Familia (2017), lleno de melodías cándidas sosteniendo letras consistentes y buenas vocales, fuera un abrazo entre voces y compositores que se mezclan, confunden y ven un mundo lleno de mundos que se mueren o transforman. Casi como un fantasma espiando la tumba, la banda deja entrever una herencia del rock nacional, cierto linaje con el indie pero esencialmente con el inasible espíritu que cada canción proponga. Uniendo partes se arma esta criatura que tiene nombre pero no rostro: Tobny Houston.

“Familia es un disco más profundo y más colaborativo respecto a la composición. Y es más profundo en la producción”, introduce Ugarte y se despega rápidamente de rótulos. “Sí, es verdad que de alguna manera cada canción crea sus propio universo. Pero no nos definimos bajo el género canciones, porque no nos gusta sentirnos limitados por la variante de una duración o determinada idea de estribillo, letra y melodía.”

En Familia no sólo se reparten las firmas sino también las voces. “Cantamos los cinco, al unísono o armonizando, cantando con amigues. Teníamos ganas de darle esa impronta de que no se entienda muy bien quién es el que canta, que se vaya mezclando. En el arte del disco no terminamos de aparecer nosotros ni nuestra cara. Sino que hay una entidad colectiva y una mutación según el relato que cada canción sugería.” Y extiende: “Es algo de mutación constante. De alguna forma los discos son fotografías del momento en el que se encuentra el imaginario de la banda, las temáticas y las cosas que vamos transitando. Familia tiene un imaginario súper fuerte que se definió por tener un sonido más psicodélico muchas voces. Pero primero viene el concepto y sentarnos a charlar para entender y canalizarlo”.

Sin dar detalles, el cantante habla de caos en sus vidas personales. “Detallarlas no puede interesarle a nadie. Y eso genera el universo a través de la pérdida o del duelo. Todo el disco está signado por la muerte. No necesariamente de personas. Sino de todas las cosas, del romance, de la esperanza, de las visiones del mundo.”

Las bandas (que forma parte del sello independiente Lagunera) tiene una posición respecto a cómo incide lo que la rodea. “Estamos atentos al sonido, pero no al sonido del otro. Los sonidos son colores y nosotros estamos queriendo pintar un cuadro. La elección nunca es paradigmática. Nunca viene desde un lugar de pensamiento contemporáneo en cuanto a la estética. No tiene que ver con la moda, sino una expresión sincera.” Y en términos sociales eso se expresa así: “Pasa que no creemos que sean canciones yocéntricas. Desde el capricho qué quiere decir: yo quiero ahora. Ni son definitivas. Las canciones nacen de todo lo que nos interpela. La política claramente lo hace y lo que pasa en la calle. Pero no somos de hacer una lectura literal, sino que funciona como un espejo. Inevitablemente se filtra porque somos personas sensibles y porque no podemos mirar hacia otro lado. Pero son parte de todo el gran cuadro”.

Si bien es el baterista –responsable de la portada del disco– quien se dedica a las artes plásticas, la analogía es recurrente porque “la idea del color y el espacio de trabajo en blanco es excelente para describir la forma en que hacemos la música”. De ese modo Tobny Houston no es un personaje ni nada en concreto: “Es lo que quieras que sea. No queremos explicarte lo que sucede. No queremos explicarte el truco de magia. Y que hagas tu propia interpretación. Eso es lo que hace que sea tuyo y no sólo nuestro. Que pueda apropiarse y sea de quien quiera lo que quiera que sea”.