Por Rocío Cereijo

El impresor tipográfico porteño Federico Cimatti realizó, con 50% de tinta dorada y 50% de materia fecal, una impresión tipográfica que exhibió en el vallado de Plaza de Mayo con la leyenda «Esto es Macri». Junto con esta iniciativa, difundió un manifiesto en donde se convoca a los ciudadanos que se sientan reflejados en la acción «a expresarse por medio de acciones mínimas, poéticas y continuas que hagan comprensible lo que vivimos cotidianamente como trabajadorxs, como parte de la lucha cotidiana y colectiva por transformar la realidad y construir ese mundo que necesitamos vivir».

El representante de Prensa La Libertad afirmó que en un marco de degradación de las condiciones económicas impulsada desde el gobierno nacional contra los trabajadores, «las acciones mínimas, poéticas y continuas que hacen comprensible lo que vivimos cotidianamente se convierten, desde hace tiempo, en una necesidad de existencia, un modo de enfrentar un contexto marcado por la propuesta de precariedad y el ajuste como modelo de vida». Además, convocó a la unidad entre los trabajadores «desde una mirada crítica, para apoyar un programa que ponga un freno a las actuales políticas económicas de dependencia imperialista y que estimule la producción y desarrollo local».

«Esto es Macri» empezó a tener forma a mediados del mes pasado como una expresión en un contexto de muchísima asfixia económica.

Cimatti dialogó con Contexto y mencionó que recibió agresiones de trolls en redes sociales tras la divulgación del proyecto. Entre los cuestionamientos más frecuentes «ponían en duda la palabra ‘artista'», sostuvo, y agregó: «No tengo ningún problema si no se usa la palabra ‘artista’. Podemos hablar de un ciudadano haciendo uso de su voz pública o de un ciudadano politizado. Si es arte o no es justamente un debate para personas que están atrás de la pantalla».

¿Cómo surgió esta idea de acción poética?
Esto es Macri empezó a tener forma a mediados del mes pasado como una expresión en un contexto de muchísima asfixia económica. Como trabajador independiente me encuentro en una disyuntiva entre costear todos los gastos y comer. Nace, también, como un acto de llamamiento que, más allá de querer hacer grande un gesto artístico o un hecho poético, es más bien un ejercicio para poder sacar a la luz un texto que habla de cómo está la situación actual.

La intención es que este tipo de expresiones se abra entre tanto silencio mediático en una discordancia entre los mensajes oficiales y la realidad que estamos viviendo. La prensa intenta quedarse con el artilugio de un hombre cometiendo este acto, que a simple vista puede ser brutal, pero la idea es que se pueda poner en crisis.

Desde hace tiempo estoy investigando la materialidad con la que imprimo. Me importa el mensaje y creo que la tinta y la construcción de la materialidad también es parte de ese discurso. Entonces, ante tanta bronca y asfixia económica por el contexto impuesto, encontré este artilugio para hablar de la figura del presidente. Eso es más interesante que la realización, que es una mera excusa para poner en relieve otras cosas.

Cuando se abren estos actos poéticos es cuando se corre el velo de toda la masa de información que hay que atravesar para llegar a algo que se podría llamar «verdad», con la connotación que tiene esa palabra en estos tiempos. Fue una obra que me llevó un tiempo porque tuve que producir también el texto, que es inherente a la obra.

¿De qué manera se vio afectada tu labor con la gestión del gobierno de Cambiemos?
Con un nivel de ajuste brutal. Trabajo en la industria gráfica, que sufrió muchísimo el aumento de los insumos por materia prima importada. Me ha llevado a vivir el día a día y a endeudarme. Eso es lo que no me permite ver el horizonte y es esa la realidad que desarrollo en el texto, a la que nos han empujado. No tenemos por qué quedarnos callados, cada ciudadano tiene que ser un comunicador de esa bronca.

¿En qué consiste tu trabajo con la «bici-imprenta»?
Es un proyecto enmarcado en Prensa La Libertad, una imprenta tipográfica que funciona hace casi once años en el barrio de Abasto, en Buenos Aires. La bici-imprenta responde a la búsqueda de sacar realmente la impresión tipográfica a la calle. Durante un tiempo pegué afiches u otras acciones, pero me di cuenta de que había algo que no terminaba de completar. Sentía que estaba sacando expresiones a la calle, pero que no estaba pensando.

Este tipo de acciones como Esto es Macri me enseñaron a encontrar la potencia de que esto es comunicación. La bici-imprenta se basa en este espíritu: es mostrar el sistema productivo con el que esta técnica está hecha. Y me parece que cuando las personas ven este objeto en el espacio público también hay algo disruptivo. Porque el espacio público está visto para transitar y no para ser habitado.

Me interesa mucho esa cuestión de vivir en los espacios públicos de un modo más poético, porque es, de algún modo, ir contra ese miedo que está proyectado sobre la población desde el poder de la seguridad.

La máquina es de los años veinte. En enero o febrero terminé de preparar mi bicicleta de todos los días para poder hacerla circular por la ciudad con la máquina atrás. Lo interesante es que es una unidad de impresión que me permite imprimir quinientas páginas por hora, o sea que hay difusión. Es decir, más allá de ser un objeto bello, es funcional.

Tu arte es, sin lugar a dudas, político. ¿Creés que es posible escindirlo?
Le sumaría el eje «vida», que va cociendo estos dos ejes. Creo que es imposible. Viene unido a la sensibilidad de poder identificar los signos de la realidad. En mi obra, particularmente, la materia prima es la realidad. Cosa que fui aprendiendo con el tiempo, como entender cómo funcionan los contextos económicos en el impacto de la obra.

Cuando uno tiene un poco más de margen económico se puede dar el lujo de pensar otras cosas. Particularmente, estos años he trabajado con muchos temas que me han sensibilizado: el «2×1», Santiago Maldonado y las campañas del aborto, por ejemplo, que me parece que son expresiones simbólicas de este tiempo, de hacia dónde se está llevando la lucha contra esta maquinaria enorme que nos aplasta. Mi proyecto se basa cien por ciento en la materia prima, en lo real . De lo real para poder participar en eso: construir una voz pública.

¿Cuándo nació Prensa La Libertad?
Surge el 2 de junio de 2008. Estudié en la Universidad de Buenos Aires, me formé en la FADU [Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo], donde también di clases y donde sigo haciendo cosas con los estudiantes. Prensa La Libertad surge desde un nivel de necesidad de poder salir de la trampa del mercado laboral que estaba viviendo.

Cuando se abren estos actos poéticos es cuando se corre el velo de toda la masa de información que hay que atravesar para llegar a algo que se podría llamar «verdad».

Sentía un nivel de chatura y de poca posibilidad de realización personal y de entender el trabajo desde otro punto de vista. Iba a mi trabajo y la pasaba muy mal; me hacía mal la relación de autoridad. Conocí a un tipógrafo de Merlo por error y cuando entré a su taller me pasó algo, conecté con algo. Me sumé a algo que venía pasando, que desconocía y que estaba oculto.

Rescaté una máquina, empecé a hacer afiches, trabajos por encargo, y me di cuenta de que iba en serio, que podía ser un proyecto de vida y un sustento económico. Es un desafío por hacer algo tan específico en un país con tantos vaivenes económicos. Este año sacaré el quinto libro impreso en tipografía. Son respuestas que damos desde la resistencia: para mí resistir es, también, construir como contraataque.