Por Ramiro García Morete

“¿Cuándo terminará la balacera y los atletas podrán saltar el mar?/ la falsa calma llegará y volveré con discos viejos a casa”. En la casa de Tandil, la madre ponía un caballete, una tabla y los tres hermanos (dos de Boca, uno de River) se entretenían dibujando sobre viejas revistas sobre la Segunda Guerra Mundial. El padre –que desconoce que esos ejemplares hoy están en lo de su hijo menor– nunca fue de escuchar mucha música. Sin embargo Guillermo, el mayor, sería quien al empezar a estudiar inglés acercaría al más pequeño de la familia –bostero como él– las canciones de los Beatles. Coetáneo y cercano a bandas míticas como Katarro Vandálico sería el que le abriría la puerta al punk y tras ver un concierto en Capital, heredarle la pasión por Ramones. Aunque en aquella casa también sonaban Guns o Bon Jovi. No sabemos si en aquel particular escenario de operaciones, en falsa calma, imaginarían que detrás del mayor –quien llegó a La Plata a estudiar Bellas Artes y luego armaría la banda Moretones– Marcos iría trazando un mapa interior donde el valor alegóricos de las guerras, el poder simbólico de los héroes populares y las urgencia del rock más crudo constituirán un universo interior sobre el cual colgarse el bajo. El milenio recién comenzaba, Bianchi y Riquelme le daban a Boca la gloria que el Abuelo no gozó en vida y Okupas era nuestra Trainspotting. Padre y docente ya, no sucumbirá a la melancolía al evocar Aviones del Futuro unos buenos años después, surgido en el seno de esa pandilla que llaman Laptra y alrededores. Tampoco dramatizará este nuevo escenario: la banda se está separando. Distintas formaciones, “como doscientos cincuenta guitarristas” y un puñado de discos con sintéticos y apasionados relatos que van de las bengalas de la segunda bandeja de la Bombonera, pasando por los bombardeos de Saigón hasta el muchacho de fuego de Banfield.

“Cuestiones de laburo, distancia, las chicas están en Buenos Aires, cansancio por derrotas sufridas, pocas victorias. Una asociación de cosas. Ir tomando la decisión de que se separe el matriomonio. Yo estoy con el proyecto de volverme a Tandil con toda la familia. Angie está tocando con Las Ligas menores, viajando mucho lo cual es muy gratificante.” Igual que en la guerra, no hay tiempo para lamentos sino para atacar o replegarse. Sin embargo, una propuesta de Gastón Olmos (ex 107 Faunos y talentoso diseñador) de hacer unos registros visuales suscitaron grabar un par de temas y una cosa llevando a la otra. Marcos (bajo y voz), Cata Croci (batería) y Ninja de Berlín (guitarra) tienen aún balas en la cartuchera. Como Buena gente, el material que hoy estrenan, y la fecha de este sábado a medianoche junto a Bestia Bebé en Pura Vida (Diag. 78 e/ 8 y 61).

El cantante y bajista intenta explicar el particular imaginario de la banda que se estrenó con el disco Barrabrava. “Yo particularmente tengo fanatismo por la barre de José o mejor dicho por la investigación: muchas revistas, muchos El Gráficos. Hay personajes que son propios de La Conjura de los Necios. También un fanatismo por la Segunda Guerra Mundial que se ve en ‘Escenario de Operaciones’. Y con Roberto (por Sandro) no solo comparto 19 de agosto sino que de hace mucho tiempo me pareció una figura inspiradora, un genio, un fuera de serie… al nivel de John Lennon”. Y explica respecto a sus inspiraciones: “Por un lado está la metáfora. Uno va componiendo por lo que va leyendo… no tanto por películas. Yo pienso las canciones como un capítulo de un libro… tiene que pasar algo, tiene que haber un personaje o varios. Desnaturalizándome y analizando cómo escribo, veo que tiene que haber acción generalmente. Tiene que pasar algo. Como las canciones sobre Sandro, donde una refleja la vida y la otra la muerte”.

Nunca digas nunca, pero al parecer Marcos se quedará sin grabar abundante material: “El disco que se venía daba como para un disco doble. Se trataba sobre banalidades de la vida. Referencia al amor, al cansancio, a mi perro Jorge. El paradigma viene de personas mayores que aceptan un poco más la vida cotidiana, dejar de lado el escepticismo y el lado de en contra del sistema. Aceptar la realidad y hacer canciones banales. Soy de esos que cada disco está basado en un concepto”.

Marcos Antonio se permite citar victorias en este recorrido de la banda. “Haber tocado en Niceto, en el Konex, haber tocado con El Mató, que nos escuche Germán de Mal Momento y que le guste. Yo soy fanático de esa banda. Fue a un ensayo… de las cosas más lindas en mi vida. Pero básicamente ir a tocar afuera, comer asado, pasar toda una tarde juntos. Como cuando debutamos en Azul con La Venganza de Chjeetara y los GoNeko, que eran cinco tocando pero fueron quince, toda la pandilla de Parque Patricios. Fue un fin de semana de locura del que me acuerdo la mitad de las cosas.”

Mientras tanto, el músico se encuentra en “unos proyectos con Martina Urrutia. Dos canciones. Un concepto minimalista. Van por otro lado. Más melancólicos. Estamos con eso. Falta masterizar. Pero muy distendido, cero pretencioso. Cuando podemos nos juntamos”. Y aunque su plan sea volver a su ciudad, confiesa: “Yo creo que voy a estar ligado. O haciendo canciones o produciendo. O grabar maquetas, que es lo que más me gusta en el mundo. Grabar con alguien o que alguien vengan a grabar”.