Por Ramiro García Morete

“Gritar la sed en medio el alma/ derramarse como sombra/ por el vientre de la tierra/ rodar la voz, parir con vida la vida” (Falú, Pilar). Olimpio quería cantar. Siempre lo hizo. Pero cuando llegó de Italia, como tantos, tenía poco dinero y tuvo que relegar ese anhelo en busca del pan. Aunque este notable silbador y coleccionista de discos hizo el intento. Pero un profesor de canto lírico lo rechazó. Será por aquella frustración que tiempo después compraría el piano que su hija estudió más por mandato que vocación. El mismo piano en el que Andrés Pilar tocaría las primeras notas. Nacido en Brasil durante el exilio de sus progenitores, su casa estaba poblada de música que iba desde bossa a The Bleatles, pasando por Pink Floyd o tango. Solían juntarse unos cuantos argentinos desterrados en aquella casa de Sao Paulo y uno de ellos tocaba mucho la guitarra. Sería ya de adolescente que le prestaría mayor atención a ese señor llamado Juan Falú. “Gran motivador”, como lo definirá, el maestro le acercó el nombre de Hilda Herrera. Sería precisamente convocado por Falú y Teresa Parodi a aquel encuentro federal de músicos en Resistencia en 2013, donde conocería la voz de Nadia. Ese tono conmovedor alrededor del cual imaginó la coloratura de un ensamble, como los que dirigía en la USAM mientras tocaba en el trío con Juan Quientero y Santiago Segret. Herederos del espíritu de Leda Valladares y la certeza de que la música es de nadie y de todos, era hora a la vez de hacer sí un lugar propio para ella. Desde que Nadia dijo que sí y exalumnos o colegas se sumaron a la convocatoria, poco tiempo pasaría hasta el debut en Café Vinilo a fines de 2016. El 2017 editarían Dueño no tengo, un notable disco de piezas anónimas o no tan divulgadas de autores reconocidos, con prominencia melódica de la sección de vientos (así piensan el tridente flauta, clarinete y bandoneón), el reposo armónico del piano, guitarras precisas, el apoyo rítmico correcto y la interpretación emotiva de Nadia Larcher. El álbum llegó a tener una nominación a los Premios Gardel, pero esencialmente los destacaría como un proyecto destacado y promisorio en una música viva por definición. Don Olimpio es el nombre y el anhelo, igual que el del abuelo, rodar la voz nacida del vientre de la tierra.

Este viernes 10 a las 21 hs, Don Olimpio regresa a Lucamba donde ya había presentado su disco, pero esta vez con adelantos de su próximo material. “Sigue un poco la línea pero esta vez con la idea de hacer temas de gente que nos interpela en la actualidad –anticipa Pilar–. Hay temas de autores como José Luis Aguirre, con quien tuvimos un encuentro en Córdoba y también uno de Fandermole, con quien seguramente habrá un cruce musical.” En relación con el criterio original para escoger repertorio no muy conocido, Pilar considera que “aporta mucho más que hacer un tema que está trillado. Me divierte un tema que uno mismo no conoce tanto. Para hacer el arreglo es motivador, buscar un giro diferente. Esos clásicos que tienen miles de versiones. Es difícil encontrar ideas nuevas para un tema más transitad. Y además es mostrar algo que está escondido”.

Algo escondido saben tener las canciones y como arreglador, Pilar lo sabe. El camino con un tema comienza de un modo íntimo. “Me engancho con un tema. Lo versiono en el piano, empiezo a buscar e imaginar sonoridades para el grupo. Si le quedará bien a Nadia, que es la que pone la voz. Es un laboratorio de prueba y error, no es un método, cada arreglo. A veces es más fluido que otras.”

“En esos temas tiene que haber algo de la música y de la letra que me conmueva, que me parezca logrado. Pensar las canciones como letras y música. Si la letra no es buena no me va a emocionar. Y después hay ciertas letras por la temática o la poesía. ‘Maldigo el alto cielo’ de Violeta Parra está súper hecho, pero en esta época de ebullición y ganas de maldecir, era el momento. Nadia lo dice desde un lugar muy visceral, en este contexto político y económico.” Y agrega: “Está complicado, por complicado, porque además todos tuvimos que empezar a trabajar más y en otras cosas. Eso le quita tiempo a lo musical. Pero se pudo preservar el día fijo de ensayo”.

La instrumentación de Don Olimpio –que la semana pasada se presentó en La Rioja– no es casual: “La paleta sonora fue buscada. Lo único que quería era armar un ensamble. A mitad de camino de un grupo chico, de cámara y una orquesta. Un grupo numeroso que se pueda manejar. Me interesé en buscar una sonoridad de los instrumentos de vientos”. Y explica por qué elude ciertos recursos comunes del género: “Esta buscado porque me gusta. No pongo el bombo al palo y la guitarra no es algo que me atraiga. Siempre me gustó explorar tímbricamente”.

¿Por qué hacer folkore? Pilar es sintético: “Por gusto. Porque si se quiere tiene el plus de una música que nació en este territorio. Como si uno explorara en la memoria propia”.

Don Olimpio

Nadia Larcher / voz
Juampi Di Leone / flauta
Federico Randazzo / clarinete
Santiago Segret / bandoneón
Juan Manuel Colombo / guitarra
Leonardo Andersen / guitarra
Diego Amerise / contrabajo
Agustín Lumerman / percusión
Andrés Pilar / piano, arreglos y dirección