Por Ramiro García Morete

“No quiero un espejo/ no quiero consejos/ no quiero tus cátedras”. Rudie Martínez habla rápido. No apurado, aunque se esté preparando para ir a su trabajo. Se dedica a la cocina y, a pesar de las pretenciosas analogías románticas que uno presume, dice que no tiene nada que ver con la música: “Es una mierda”. No importa si lo dice en serio, aunque todo indica que sus palabras son sumamente genuinas. Y sintéticas, como su verso propio favorito que cierra «Cátedras»: “Yo sé que un día volverás”. Dice que es perfecto, porque lo resume todo: “Cuando no nos iba a ver nadie, cuando iba a vernos gente, cuando dejo de ir, ahora que volvió…”. No casualmente su línea preferida mira hacia adelante. “Mañana es mejor”, asimilará el apotegma spinetteano a sus sentencias que en el fuero íntimo le han valido el apodo de Passarella. Rudie no deja pasar nada que lo moleste ni que esté mal. Musicalmente hablando, aclara. “La moral me la paso por el recontra orto. No existe esa palabra.” Se trata del compositor y mente detrás de una de las bandas argentinas más originales surgidas a fines de los noventa, o mejor dicho, principios de siglo. Combinando pop, electrónica, letras sofisticadamente emocionales y la voz notable de Toto Nievas, marcaron un camino a muchos artistas a la par de seguir expandiendo su propio sonido. Cuando el ex Increíbles Ciudadanos Vivientes (banda platense de culto) decidió dejar este mundo, la banda obviamente se detuvo. Pero alternando las vocales de Jerónimo Romero y Haien Qiu, el año pasado el grupo que cuenta con siete discos y dos EP en su haber regresó y está presto a lanzar material nuevo. Por ello y sobre todo por lo que vendrá, esta noche en Pura Vida se celebran los veinte años de Adicta. Y que cumplan muchos más.

“Básicamente estamos grabando un disco en etapas. El 17 de mayo vamos a lanzar Ruido negro, planteado como un EP, junto a un tema viejo. Uno cantado por Haien y otro por Jero.” Esa dinámica de alternancia se repetirá a lo largo del año con otros EP que la banda irá editando acorde a los tiempos que corren.

Martínez no duda: “Seguimos siendo intrépidos y avanzados. Seguimos buscando. Lo que pasé ayer no importa mucho, me importa mañana. Experimentar. Mañana es mejor…”. Y reafirma: “La música es lo único que me importa y lo único que me importará. La vida en general me importa bastante poco. Después sí, hay una carrera, muchas canciones y por qué no disfrutarlas”. Ese rol prioritario no infiere sin embargo una gran explicación metafísica. “La música siempre fue mi vida. Nada de eso de estar a salvo. Estoy en riesgo total, como todos. Y las dos horas que tocás son catarsis. No sé, es sólo arte. Es bastante simple yo estoy buscando nada.”

Su focalización en ello por fuera de otros elementos que circulan se expresa, según ejemplifica, en que “mucha gente ni sabía que era yo el hacia las canciones”. Algo que suele pasar cuando canta otra persona. Martínez elogia a las dos voces actuales de Adicta. “Jero, además de ser un guitarrista increíble, tiene una expresividad única y una afinación perfecta. Algo que me importa porque me gusta mucho la música inglesa. Haien tiene una actitud muy exótica y mucha sensibilidad, perfecta para las canciones las canciones de la banda. Creo que se las apoderó.” Para Martínez la voz es fundamental. “Si no cantaría. Cosa que he hecho, pero nunca en Adicta. Si no sabés cantar, no cantes.”

Martínez habla con seguridad sobre sus propias seguridades. Como cuando piensa en el lugar de la música electrónica actualmente: “Obvio que sabía que ese era el futuro. En 1999 lo hicimos y todavía sigue sonando bien”. O cuando su disco favorito Cátedras viró: “Yo flashé los setenta cuando no estaban de moda y la gente me recontra cagó a palos. Y después me dijeron: qué gran disco, en verdad no lo entendía…”.

Adicto a los libros (actualmente está leyendo tres a la vez), dice que ya no escucha música. “Solo la que hago. Trabajo mucho y cuando llego a casa… enjoy the silence”. Antes del show del viernes en Pura Vida, afirmó: “Nos encantan todos los escenarios. Son iguales, para uno o para 50 mil como cuando tocamos con Durand Duran o New Order”. Y asevera que tocar con la banda inglesa surgida de Joy Division no significó mucho, que solo fue un show. Lo que tiene significado es su vínculo con la ciudad, a pesar de estar radicado en Capital Federal: “Soy platense. Y puto. De esas dos cosas no se sale”.