Por Ramiro García Morete

“Voy a escribir la canción que un día soñé para vos, comprendí cuán libre es tu amor al fin” (“Crear, soltar”). Su pinta fue como un imán. Pelo largo y enrulado, un cigarro tallado en los labios. “El Slash de la cuadra”, recordará de aquella infancia en 11 y 47, a unos bondis de su actual casa en Villa Elvira. Con ocho años y amiguito de uno de los hermanos, entró a la casa de este llamativo adolescente. Eran tiempos de MTV y fiebre por los Guns, Nirvana, Aerosmith. Cuando “El Slash” le mostró su Gibson se le cayó “la pera al piso”. Supo que era lo suyo. De manera urgente pidió una a sus padres –quienes cultivaban gusto por el jazz, la bossa o los Beatles– pero fue la abuela Kela quien accedió. Pero la Faim Les Paul Roja y sus anhelos rockeros no se darían tan bien con su ingreso al Conservatorio. Allí sí asimilaría los conocimientos armónicos que marcarían su paso por Tropel o en sus primeros discos, más cercanos a la herencia del rock nacional (Spinetta, Páez, García) que escucharía cuando precisamente ingresó al Nacional. En los pasillos del colegio volvería a tener la sensación, al ver unos pibes tocando la criolla. Cadenas Rotas sería su primera banda y “Sueños locos” su primera canción, en clave rollinga y dedicada a una señorita que había ganado su corazón. Pero el gran amor, libre amor al fin sería ya sin vuelta atrás la canción. Inclusive cuando desde Las Fuerzas Extrañas se sumergiría en el universo más electrónico. Quizá un paso previo a Sin sombra y todo el material inminente donde el músico apunta al pop con reminiscencias ochentosas y recursos contemporáneos. Un paso más para Lucas Vanza, quien desde aquella Gibson a estos sintetizadores, camina enamorado por la senda de la canción.

“Estuve dos años sin sacar nada –introduce Vanza–. Porque me metí en un proyecto más experimental como es Las Fuerzas Extrañas. Al retomar mi proyecto solista, quise darle un giro a la sonoridad. Yo venía de un rock más jazzero, más spinetteano por llamarlo así. Y quería explorar ese lugarcito más pop, como Virus o todas esa bandas de los ochenta, pero con los recursos que nos permite la tecnología actual.”

El hecho de haber montado un home estudio cambió su perspectiva a la idea de componer, partiendo a veces desde una base o una batería programada. “Estaba en un búsqueda más desprejuiciada. De sentarme con la guitarra y hacer acordes más clásicos. Desde los sintetizadores y desde la síntesis del sonido. Lo más primigenia. Eso no deja de ser sutil. En lo sencillo hay complejidad y hermosura.”

Para lograr ello, recurrió a Gastón Porro. El cantante de Un Planeta viene desarrollando una interesante carrera como productor y otorgó a Vanza las herramientas para elaborar el sonido que buscaba. “Lo llamé cuando empecé a enterarme de que él producía bandas que me gustan mucho. A Teo Camino, a Franca… dije ‘¡como la tiene!’. Me pidió que esté en todo momento. Desglosó, sacó las baterías, armó otras y empezó a usar los sintes mágicos que tiene en su casa. Está al lado tuyo. Y si no te va consultado. Hasta que se queda callado. Y ves la cabeza que tiene, sabe captar lo que uno.”

Vanza señala de su obra las líricas. “Me interesa y muchísimo. Es la otra gran mitad de lo que son mis canciones. Le doy igual importancia. Me gusta escribir. Quizá el pop o gran parte no creo que le dé mucha bola a la cuestión literaria.” Pero deja en claro que evita cuestiones panfletarias a la hora de ser interpelado por lo social. “No soy asiduo de escribir como algunas bandas, que te lo dicen literal. Por ejemplo, estoy por sacar un tema sobre una piba que sufre una violación. En ningún momento va a decir eso abiertamente. Sino que hay imágenes oscuras. Y así en general. No te voy a decir: hay que salir a prender fuego el Congreso.”

La idea de Vanza es sacar singles a lo largo del año. “Quiero que se convierta en un álbum que haya un hilo, cada dos meses. El próximo en teoría en junio. Generar novedad constantemente. Porque cambió la modalidad de escucha. Hay un cambio de paradigma a nivel consumo de música..

Y el hilo, una vez más, es la canción. “Yo me fui guiando por una frase de Zeppelin. La canción sigue siendo la misma. Se puede utilizar en varios aspectos. Hay que explorar. ¿Qué mejor que explorar los estilos? Es como leer solo un autor, es quedarse acotado. He hurgado en varios estilos. El rock es muy abierto y permeable a distintos estilos como el funk, blues, el jazz. La canción me parece que es un hilo conductor. Siempre utilizo para unir esos estilos.”