Desde que asumió la alianza Cambiemos, la situación de los clubes de barrio es de supervivencia. La política tarifaria del gobierno pone de rodillas a estos espacios que no han recibido medidas en particular por su condición de instituciones sin fines de lucro.

De la mano de la aplicación de los aumentos en las tarifas que impulsó Cambiemos de manera ininterrumpida desde marzo de 2016, los clubes han entrado en un trance cada vez más complejo para poder enfrentar sus gastos. Por su condición social, no trasladan esos aumentos al pago de las cuotas y recurren en muchos casos a la realización de actividades extradeportivas para no cerrar sus puertas.

«La verdad que es indignante que una multinacional pague el mismo costo por kw que paga un club de barrio»

Ante este apremiante panorama, ayer, cincuenta clubes de barrio porteños decidieron llevar a cabo un apagón desde las 19 hs como mecanismo de protesta. Fue para pedir la aprobación del Proyecto de Ley 888/19 de la Legislatura porteña que apunta a aplicar una tarifa social eléctrica con subsidios del 50%, según establece la iniciativa del legislador Mariano Recalde (Unidad Ciudadana).

“Apenas terminás de pagar una boleta y ya te llega la otra. Eso hace que no contemos con la plata para comprar material deportivo, artículos de limpieza y otros gastos. La verdad que es indignante que una multinacional pague el mismo costo por kw que paga un club de barrio, porque es una entidad sin fines de lucro”, señaló Ariel Palombi, miembro de Flores Club y Defendamos los Clubes.

En La Plata se viven dificultades similares por los efectos de la crisis económica. Alejandro Martínez, presidente de la Liga de Fomento Dardo Rocha, club de Ringuelet, afirmó en diálogo con Contexto: “Hace un año que no tenemos gas, renunciamos al servicio porque no podemos pagarlo. Tuvimos que elegir entre seguir con luz o con gas, entonces nos abrigamos y lo cortamos para poder seguir”.

En este club, donde a partir del pago de una cuota de cincuenta pesos niños y adultos practican taekwondo, zumba, yoga, fútbol e informática, sus referentes organizan fiestas en el salón para no dejar de funcionar. “Nos mantenemos con los eventos sociales, como los cumpleaños. Vienen familias que no pueden pagar un salón de fiesta y por eso lo hacen acá los fines de semana”, agregó Martínez.

Frente a estos apuros generados por los tarifazos de los gobiernos nacional y provincial, los clubes han pedido ayuda al municipio de Julio Garro, desde donde no mostraron interés por llevar soluciones. “El intendente Garro nos llamó y dijo que iba a intervenir, pero nos mandó a hablar con un gerente a Camuzzi, y ahí nos contestaron presentando los números que debíamos. No hubo ningún tipo de plan de pago especial que nos permita afrontarlo”, dijo Martínez.

El caso de este club de Ringuelet se replica en otros puntos de la ciudad, donde incluso los clubes se dedican a crear comedores y merenderos para albergar a los chicos que, debido al avance del hambre y la pobreza, concurren allí para alimentarse.

“Por la crisis social, hicimos 32 merenderos en los clubes de los barrios más vulnerados. Los pibes van a jugar y se marean porque no comen en sus casas”, dijo a Contexto Alberto Alba, presidente de la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas de La Plata, que nuclea a trescientas instituciones entre clubes, centros de fomento y otras entidades. “Las tarifas que recibimos no tienen nada que ver con la realidad de los clubes”, añadió.

Existe la Ley Nacional Nº 27.218, a la cual la provincia adhirió pero nunca puso en práctica, que establece un régimen de promoción diferencial que contempla los tres servicios públicos (luz, agua y gas).

«Por la crisis social, hicimos 32 merenderos en los clubes de los barrios más vulnerados. Los pibes van a jugar y se marean porque no comen en sus casas”

Ante la falta de políticas para el sector, organizaciones de clubes de barrio, entre las que se encontraba la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas de la Plata, se reunieron hace dos semanas con miembros de la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires para poner en común las problemáticas y construir posibles soluciones.

“Así no aguantamos más. Pero no vamos a abandonar la lucha porque es necesaria, por el valor social que tiene este tipo de clubes para el desarrollo de los chicos”, concluyó Alba.