Por Ramiro García Morete

Para su fiesta de quince, Malena vistió un hermoso vestido que consiguió en oferta. Fue su padre quien la peinó y la novia de su papá le hizo las manos, las mismas que hoy están manchadas por látex tratando de montar la instalación. No es que no le preocupara sentirse “bella”, pero en su casa –donde nunca sobró dinero– sobraba amor por otro tipo de estética, más ligada a una idea de belleza que luego explicará. Por eso se recuerda a los seis pintando murales con sus compañeritos y no reconoce un momento de su vida sin ser observadora. “No podría estar nunca en el mundo sin estar en la manera que yo sé estar”, dirá. Pero aun así, nadie escapa a ese mundo. Y a muchas de sus reglas. Tras algunas changas y recién anotada en Diseño Gráfico (carrera que al año cambiaría por Plástica, a la par de Expresión Corporal), Malena comenzó a trabajar en un Centro de Estética alrededor de 2010. Zona céntrica, diversidad de servicios como perfilados de cejas, tratamientos para la piel, manos, celulitis y demás bajo la firma con nombre y apellido de la dueña. Lentamente comenzaría a tomar tareas que iban más allá de recibir a la gente. Entonces, lo asumía como algo divertido y natural.

“Hay Centros de Estética blancos y centros de colores pastel. Malena trabajó en todos”, escribirá la artista Clara Tapia, quien hoy la ayudará a recrear estos lugares que a veces son blancos, otras color pastel, donde suena chill o la 92, “tipografías doradas, delgadas y con serif”, donde hay boxes, vidrio… pero, sobre todo, mucha angustia y presión social. A la par de sus planteos personales, descubriría todo lo que esos lugares encierran. Con una cámara analógica y luego con un par de celulares precarios, comenzó a tomar fotos e intentar abordar preguntas que –siente– no suelen hacerse. Ese proceso de trabajos precarizados pero voracidad de comprensión es condensado más como una experiencia que como un catálogo de imágenes. Acompañado de la instalación performática Profunda (con camilla y todo), Malena Vilches expone Belleza Profusa este sábado de 19 a 23 hs en Galería NN (49 Nº 719).

“Estuve trabajando de esteticista desde los diecinueve, veinte años –evoca la artista–. Lo tomé como un trabajo bastante formal en relación con lo que venía teniendo, con esa responsabilidad. Siempre me divirtió un poco…” Al principio no cuestionaba mucho esos espacios. Pero luego surgieron “sensaciones o reflexiones respecto a la gente que se venía a atender… Cómo eran las mujeres que venían, si eran grandes, si eran jóvenes, de donde venían”. Vilches se reconoce “siempre observando todo, colores, permanentemente. En realidad, es enfocarse en una cosa. Tampoco es todo. Como un mundo aparte, una burbuja. Entrás en un mundo.” Y en ese mundo que son los Centros de Estética halló un terreno donde se reflejaban cuestionamientos propios y colectivos. “En un momento tuve que romper con un montón de cosas sobre quién era, qué quería… algo muy personal. Y eso me hizo parar en otro lugar dentro del rol esteticista, mucho más crítico. Qué loco. Porque yo pensaba que eran cosas mías, de deconstrucción de mi propia identidad. Y ahora me doy cuenta que éramos todas las que estábamos padeciendo esas inhibiciones, esas restricciones sociales.”

Básicamente observaba “el sufrimiento de las mujeres”, explica. “El ir a buscar una cuestión que tenga que ver con la belleza, pero en realidad darme cuenta que había una tristeza, un dolor, por detrás. Cuando empecé a ver mucho eso, que me estaba pasando a mí también, dije: ‘¿de ahora en adelante qué voy a hacer con esto?’.” Y grafica: “Imaginate que estaba en contacto directo con mujeres. Directo es pasar una crema por el cuerpo durante treinta minutos. Quizá ocho mujeres por día”. Vilches no juzga a las mujeres que asisten a esos centros: “Para mí entran como confundidas. No saben bien por qué quieren tener la cara más linda. Por qué una mujer quiere sacarse celulitis. Porque se la ve, qué se yo. No es que va a decir ‘en realidad estoy angustiada’. No está esa reflexión a la hora de entrar al Centro de Estética”.

Al principio dibujó y pintó mucho. Los cuerpos femeninos son recurrentes en sus trabajos. Y también incidieron sus estudios de danza y expresión corporal: “Se le presta mucha atención a la percepción propia. Cómo construís tu cuerpo desde tu percepción, no desde afuera. Tenía la idea del cuerpo muy presente y estaba absorbiendo por otro lado desde el Centro cómo debe ser ese cuerpo”. En el proceso, fue importante el taller de fotografía que tomó con Creadores de Imágenes, tanto como fantasear que, ante los sueldos precarios, le estaban pagando para ser fotógrafa. El resultado es un catálogo con registros diversos sobre el cuerpo y esos espacios, con claras referencias a ese imaginario que va desde la cartelería hasta las revistas usuales. “Me parece fundamental trabajar sobre las maneras de representación que no sean hegemónica.”

Vilches reflexiona sobre la belleza desde la estética de estos centros y desde la estética de las artes. “Eso es re interesante. Es grande la belleza. Entran un montón de cosas. Pero en el Centro de Estética es una. Una sola idea. Una idea que no existe, a la que no se llega nunca pero igual siempre tenés que pretender.” Y se atreve a pensar la belleza desde el arte. “No sé… puedo decir cosas de las que me puedo arrepentir. Quizá el sentido es la belleza. No tiene que tener una coherencia con lo que se percibe de ese sentido. La combinación. Lo que se percibe y el sentido que eso tuvo.”

Belleza Profusa, de Malena Vilches, se presenta el sábado 27 de abril, de 19 a 23 hs, en Galería NN (49 N° 719).