Por Ramiro García Morete
Foto: Sol Perednik

«Baila todo el piso, flotando todo en el aire/ Estamos afuera de cualquier grito, netamente distinto/ Rítmica, mística, rítmica/ Acá mucha gente pelea para equivocarse de corriente». Hacía calor y después allí estaban de nuevo. Riccardo, Fran, Matías y Anator. La misma casa en pleno La Hermosura, rodeada de pasto y alguna que otra vaca. Como poco menos de una década atrás, cuando todo comenzó. Después de año y pico sin verse. Nada en particular: hijos, mudanzas, casas nuevas. La vida, suelen decir. Pero allí estaban, tras aquellos mensajitos de Fran al grupo de WhatsApp.

«Tengo algo, deberíamos juntarnos». No es texual, pero sí la idea. Y allí estaban, casi como un reencuentro espiritual que duró un fin de semana. Y sintieron que el piso seguía bailando, que seguía flotando algo en el aire. La mística rítmica estaba intacta. Se asombraron y no tanto. «Ese feedback, ese entendimiento, es lo que más rescato de nosotros. Y hay bandas que no lo tienen», contará Ricardo.

Eso habrá sentido este expresivo y creativo genovés que dejó Trieste escapando de Berlusconi y siguiendo a una argentina, cuando se metió de lleno en el rock. Fue Fran –cuñado de esa novia que lo guió hasta La Plata– que lo llevó a un concierto en Estación Provincial de Villelisa y Mostruo en 2008. Más volcado al rock steady, el dub o el soul, comenzó a asimilar no sólo el candente circuito local, sino artistas internacionales del género. Pero el pulso sincopado no desaparecería de su intuición musical cediendo al 4×4, sino que sería un ingrediente esencial de esa mixtura de ritmos, sonidos y hasta lenguas que desplegaría la banda a lo largo de dos álbumes discos y dos EP. La mística rítmica. El último material publicado hasta el momento data de 2015 y comienza con un tema: «Second Time«. Casi como un presagio de este presente, con un sonido más sintético y un nuevo enfoque apuntado estrictamente a la música y al disfrute, Argonauticks tiene material nuevo de pronta publicación. Con la perspectiva de una nueva ocasión pero con el pulso intacto de la primera vez.

«Sacar un disco es una palabra antigua», considera Riccardo Dessupoiu. «Vamos a sacar un puñado de temas con un concepto. Una obra que en cada tema tenga referencia bajo un sentido que le vamos a dar nosotros ligado bastante al arte visual (de la mano de Ufano, quien nos está manejando la parte gráfica). Ese concepto, surgido en ese fin de semana y que cayó en manos de la producción de Luciano Caselli, implica siete temas y un nombre: Anoréxica».

«La anorexia –explica el músico– es un síntoma psicológico por una presión social. Es una palabra cruda, muy dura, pero es una realidad. Existe en toda clase social. Y tiene una lectura más allá de la comida. Es una presión social, el agotamiento de la persona». Lo social está presente desde distintas vertientes, como la lucha feminista.

Richard se encarga de aclarar que «sería hipócrita» posicionarse como «feminista», pero que sí hay una intención de apoyar la causa desde las canciones y que además contarán con mujeres invitadas tanto en el material nuevo como en los próximos conciertos. «Es un pequeño aporte», expresa, y también reconoce la incidencia de una coyuntura crítica del país: «Ninguno de los cuatro vivimos una situación al margen de lo que vive el 90% de la gente. Es imposible que no podamos hacer una lectura o un reflejo en el momento que creamos este monstruo. Por eso varios títulos de algunos temas hacen referencia. Hubo una lectura de lo que nos pasó. Justo en el ínterin que paramos, nos deprimimos también por todo lo que pasó…. Sin hacer bandera política, pero es la realidad».

Yendo a lo musical, la partida del tecladista Nicolás abrió paso a sintetizar y quitar algunos elementos accesorios a lo que quieren comunicar. «Hay de todo, pero simple. En este periodo nos dimos cuenta y lo vio Luciano. Una maduración de sonido. Por ejemplo, yo no voy a tocar la guitarra y dedicarme al canto y el frontman. Ser sintético en cuanto a información, más apuntando a lo que queremos.» Más allá de la energía y ese feedback, Riccardo Dessupoiu aclara que «hay una visión estética y que no está tirada al azar. Nosotros tenemos fronteras de improvisación inconscientemente determinada. Está todo pensado y dedicado. Y nos ponemos a charlar. La influencia siempre fue variada porque quisimos. Nos permitimos un montón de cosas porque cada uno viene de un lugar distinto. Lo decidimos hacer desde el comienzo».

Este sábado a las 23 hs, Argonauticks se presenta en Rey Lagarto con la apertura de Emilia Inclan. Si bien hay algunas fechas en Capital para el año, la idea es ir paso a paso. «Decidimos totalmente la calma. Puro y fundamental. Bajar todo tipo de ansiedad y de cosas que no nos interesan. Todos estamos muy enfocados en divertirnos y sacar buenas obras. Lo que sabemos hacer, hacerlo bien. Sí profesionalmente. Pero no tengo ganas de hacer eso del recorrido. Prefiero más quedarme en casa y leer un libro para después escribir algo. Una posición más romántica. Alimentar más lo que vamos a hacer.»