Por Ramiro García Morete

“Somos memoria estampada en los murales y ropa de varias generaciones”. Sus amigos seguramente abrieron los ojos como lo haría su profesor de guitarra cuando le mostró un tango propio. “Qué interesante, bo”, expresó alguno, y decidieron grabarla con una radiocasetera. No recuerda bien la letra, pero sí que tenía una buena melodía. En definitiva, eso fue lo que siempre le atrajo y la razón por la cual pidió tomar clases del instrumento con el que a cuestas en su bicicleta cruzaría Rocha al salir del Liceo. El mismo que pidió a un amigo de su padre y luego le diera vuelta las cuerdas para zurda. Antes se había sentido atraída por el coro de la escuela. Pero, esencialmente, por la radio. En su casa no había antecedentes de grandes melómanos ni mucho menos músicos. Más que nada, ponían lo que estaba en la radio. “Con Palabra Clásica (2018) yo quería hacer un disco radial”, dirá en algún momento sobre el álbum que le valió el prestigioso Premio Grafitti como compositora.

Virus, Sosa, Maná y mucho pop latino era lo que sonaba en las radios. Y Shakira, por quien sentía profunda admiración. “Aprendía y memorizaba. Era una rockola”, dirá la mujer al recordar a la niña que aprendió por igual las canciones de Spice Girls y El Fantasma de la Ópera que alguien le trajo desde Estados Unidos. Pero escuchar su propia voz en un casete a la par de aprender clásicos como Candombe Mucho Palo o temas de Cabrera la alentó a seguir componiendo. Luego llegaría su arribo a la gran ciudad (Montevideo, por supuesto) y todas las experiencias que tan bien condensa Mesopotamia (2014). “Lo mágico que aparece al terminar una canción”, reza el tema que le da nombre al disco siguiente. Porque al terminar una canción siempre ha aparecido otra. Su notable capacidad de combinar profundidad, pericia y espontaneidad se potenció a su punto más alto. A través de logradas piezas pop y una producción que combina lo acústico con elementos contemporáneos, letras elaboradas pero fluidas y una voz encantadora, Palabra clásica muestra a la cantautora alineada tanto a referentes latinoamericanas como Natalia Lafourcade o Julieta Venegas, el costado más lúdico y simple de Regina Spektor y la tradición uruguaya. Entendiendo lo clásico como una lengua viva, como una memoria en movimiento, Florencia Núñez pide la palabra y envuelve de melodía para hacer con ella lo mismo que con su vida: una canción.

“Hay un cambio de sonoridad súper dirigido –dice comparando sus trabajos–. Orquestado, si se quiere. Las canciones eran distintas y sugerían esas decisiones que tomamos.” Y extiende: “Quería hacer un disco pop, con buenas canciones. Que sonara a nivel latinoamericano, con sonoridad luminosa. Por ejemplo, se masterizó en el mismo estudio que Adele o ArcticMonkeys, en New York. Fue una decisión estética. Quería que fuera radial”. Su voz también registró cambios, según entiende. “De un disco a otro pasaron tres años de edición. De ir buscando la voz, es atemporal, y llegar a una sonoridad definitiva. Siempre estamos evolucionando.”

Tan simpática como precisa, Núñez intenta explicar la sensación posterior a escribir un tema: “El hecho de terminar te hace sentir: vamos, puedo hacerlo. Es reencontrarte con esa virtud. Con eso que es delicado y que cuando llegas a buen puerto y te gusta, aparece esa piedra brillante, la pudiste tocar de nuevo. Vuelves a renovar el contrato con la música y la canción. Con eso que tiene una cuota de iluminación”.

Y como queda claro, dentro de ella la palabra tiene un rol esencial: “Es mi herramienta y es mi refugio. Si pensamos en la palabra como una institución creadora, para que las cosas sean hay que decirlas. Quizá es de lo que más me agarro al hacer un nuevo trabajo. Que lo que voy a decir tenga el sentido correcto. Como que me fijo en eso. No sólo en mis obras, también en las de los demás”. De ese modo es que “la palabra clásica es la canción, lo que siempre vuelve. Lo clásico es una constante. Es mi columna dórica. Siento eso en relación con la música y la canción como unidad creativa. De la que quiero trabajar y valerme”.

Núñez tiene muchos planes por delante, como un show de piano y voz o un disco que recopile y resignifique el cancionero de su amado Departamento de Rocha. Y, por supuesto, seguir tocando, ya sea en banda o en el formato que la traerá este sábado 27 en C’est La Vie (55 e/ 17 y 18) junto a su compatriota Franny Glass interpretando temas de ambos.

Más allá de los formatos y los estilos, a Núñez le preocupa “que prime lo genuino. Eso tiene mucho peso. Y quiero que cada canción realmente me lleve a un momento de iluminación”.