«Lo que está claro con esta crisis del CONICET es que hay una crisis política, porque no hay una línea clara que baje desde las autoridades», reflexiona Mauricio Erben, decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP, investigador principal del CONICET y docente universitario. Se refiere a la situación del sector de ciencia y tecnología, que dejó de ser de alarma para convertirse en un ajuste que alcanza a todos sus organismos y actividades. El estado crítico se agravó la semana pasada cuando se conoció que más de dos mil doctores con doce años de formación universitaria quedaron afuera del ingreso a la carrera de investigador científico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), cuyas autoridades aprobaron el ingreso de sólo el 17,7% de los postulantes.

Desde la comunidad científica hablan de un “cientificidio” y de “una nueva fuga de cerebros”, producto de la política del gobierno nacional que el año pasado, en el marco de la profundización del ajuste económico como camino de salida ante la crisis financiera y cambiaria, redujo a secretaría el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

¿Cómo es la situación del sector de ciencia y tecnología y qué cambios llevaron a este escenario?
La situación es una crisis presupuestaria que afecta a las instituciones madres del sistema científico, como son CONICET, INTA e INTI. Para tener una comparación con respecto al anuncio de ingreso a la carrera de investigador del CONICET, en 2015 la cantidad en el ingreso fue de 850 frente a 450 de este año, en el marco del Plan Argentina Innovadora 2020 que elaboró el propio (Lino) Barañao durante el gobierno de Cristina Kirchner. Pero cuando asume (Alejandro) Ceccatto en CONICET, dice que como estaba era inviable porque no podían ‘darse el lujo de tener investigadores del CONICET cuando los niveles de pobreza son tan altos’. Fue un giro discursivo que va más allá de la crisis presupuestaria, apuntaron a destruir las bases del sistema, que es la credibilidad en lo que hacemos. Lo que está claro con esta crisis del CONICET es que hay una crisis política porque no hay una línea clara que baje desde las autoridades. Cuando tenemos a 2.100 doctores que quedan por fuera de la posibilidad de continuar en el CONICET, pienso cuál es la perspectiva mientras avanza el desempleo con el sistema financiero dominado la economía.

¿Cómo impacta esto que describís en las universidades y centros de investigación de La Plata?
La situación de La Plata es similar a la del resto del país. Como el Centro Científico Tecnológico (CCT) de La Plata es el más grande que tiene CONICET, esta realidad afecta de manera muy directa. Como decano de la Facultad, lo que he tenido que afrontar, sobre todo a fines del año pasado, fue la crisis presupuestaria de gastos de funcionamiento que este año sigue en niveles de gasto que rondan en un 40% de lo asignado nominalmente hace dos años, de manera que se han hecho reducciones de todo tipo. Esto significa que no hay más dinero para mantenimiento de equipos, se reasignan contratos de limpieza para minimizar las prestaciones al mínimo o el caso de las guardias de seguridad que se comparten entre institutos. Es un ajuste muy brutal, sumado a que el CONICET dejó prácticamente de financiar proyectos de investigación, lo que afecta seriamente la continuidad de trabajo.

«no hay más dinero para mantenimiento de equipos, se reasignan contratos de limpieza para minimizar las prestaciones al mínimo o el caso de las guardias de seguridad que se comparten entre institutos. Es un ajuste muy brutal, sumado a que el Conicet dejó prácticamente de financiar proyectos de investigación, lo que afecta seriamente la continuidad de trabajo»

¿Cómo se relaciona el debilitamiento del sistema científico con el debilitamiento del sistema productivo del país, que también está en crisis?
Un modelo de ciencia responde a un modelo de país. Más ciencia es más soberanía. Hay que pensar en un desarrollo de país que tenga en cuenta primero las necesidades de la sociedad y cómo el sistema científico puede resolverlo, en los sectores productivo, de salud, pero también en las ciencias sociales.

Una de las consecuencias que provoca este ajuste es la llamada “fuga de cerebros”. ¿Qué alcance puede tener?
La problemática más concreta en la que se manifiesta la crisis tiene que ver con dos aspectos. Primero, por el dinero que envía anualmente el CONICET para los gastos de funcionamiento de su propios institutos. En la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP, el año pasado tuvimos una crisis seria en ese sentido, porque estuvieron al borde de cerrar institutos que dependen de esta porque por ejemplo no se garantizaba la limpieza mínima de lugares comunes. Y lo segundo tiene que ver con los recursos humanos y proyectos. La disminución del CONICET se vio también en el otorgamiento de becas y todo este combo hace que las 2.100 personas que actualmente quedan afuera del sistema científico lo más probable es que opten por un camino al exterior, que la salida, como se decía en 2001, sea por Ezeiza. Esto es de una gravedad muy alta, porque el Estado pierde siete años de haber financiado los estudios de posgrado.

¿Y cómo responden las universidades a este proceso?
Las universidades atendemos el tema haciendo un gran esfuerzo para poner líneas de retención de recursos humanos a través de cargos docentes con líneas de investigación, pero claramente el sistema universitario en cuanto a la ciencia y la tecnología es complementario con los organismos, es parte de un sistema, pero no puede hacerse cargo de todo lo que el CONICET deja de absorber. Así, el sistema entero se resquebraja.

Promediando el último año de Mauricio Macri en el gobierno, ¿cree que puede haber algún tipo de avance durante esta gestión, o tiene que haber un cambio político drástico para que a la ciencia se le vuelva a dar importancia?
Uno de los hitos en ciencia y técnica es la creación del Ministerio de Ciencia y Técnica, que en la comunidad fue visto de manera muy positiva por cómo de esta manera se consideraba el sector. El año pasado el Ministerio fue degradado a Secretaría de Estado. Y en el CONICET la situación también es complicada por la falta de renovación de los miembros del directorio, como el caso de Roberto Salvarezza, que había sido elegido y el presidente Macri no lo designó. Además, Ceccatto pidió licencia y el CONICET ahora está prácticamente acéfalo. De manera que con todo esto el gobierno actual no ha dado muestras de entender para qué necesita un sistema de ciencia y tecnología y las muestras son desde el punto de vista institucional como político, si lo vemos desde un contexto más amplio sobre qué significa la ciencia y la tecnología para un país como el nuestro.