El juicio que condenó a cadena perpetua a Marcela Mendoza por haberse defendido de su agresor fue anulado tras la decisión de la Sala N° 1 de Casación Penal, que reconoció los groseros errores que cometieron los jueces Ernesto Domenech, Andrés Vitali y Santiago Paolini y la fiscal Silvina Langone, quienes no tuvieron en cuenta las denuncias por violencia de género que le había realizado a Eduardo Gómez, su expareja, quien falleció cuando intentó prenderla fuego en el interior de un auto.

En este marco, Casación dio el visto bueno al recurso presentado por la defensa y decidió anular “el veredicto y la sentencia dictada en esta causa por el Tribunal en lo Criminal N° 3 de La Plata; y reenviar a la instancia de origen para que jueces hábiles reediten los actos necesarios para la celebración de un nuevo juicio”.

Tras esta decisión, el tribunal de alzada, lejos de corregir el fallo, decidió que se deberá constituir otro tribunal para llevar adelante un nuevo JUICIO.

Tras esta decisión, el tribunal de alzada, lejos de corregir el fallo, decidió que se deberá constituir otro tribunal para llevar adelante un nuevo juicio. “El déficit estructural es tan grande que Casación dice que esto no es una sentencia y por lo tanto se le aplica la sanción de nulidad y sostiene que debe hacer un nuevo juicio”, explicó a Contexto Adrián Rodríguez, abogado de la mujer que lleva casi cuatro años en prisión.

Los hechos ocurrieron el 9 de agosto de 2015. Mendoza salió de su casa a encontrarse con Gómez, quien la llamó para hablar en Ruta 11, en la localidad de Coronel Bavio, partido de Magdalena. Él tenía dos exposiciones por violencia de género y una perimetral, pero ella accedió a verlo ante el temor de que el agresor fuera a su casa, donde estaban sus dos hijos.

Poco después, arriba de un auto, él comenzó a insultarla y pegarle, hasta que clavó los frenos y le tiro un líquido encima. Ella sintió el fuego e intentó escapar tirándose del vehículo. Gómez, en tanto, quiso seguirla saliendo también por el asiento del acompañante, pero estaba envuelto en llamas. Producto de las quemaduras, murió días después.

Tres años más tarde, Marcela fue condenada a perpetua en un fallo basado mayormente en testimonios de amigos y familiares de Gómez. A ella, que recientemente se había mudado a Bavio, el pueblo la condenó en base a rumores y versiones que afirmaban que estaba loca y obsesionada con Eduardo, que había nacido y se había criado allí.

Con esos testimonios, sin pruebas científicas concretas, entre prejuicios y flojos argumentos, los jueces Vitali, Paolini y Domenech –este último, oriundo de Bavio– la condenaron a perpetua.

Marcela fue condenada en un fallo basado mayormente en testimonios de amigos y familiares de Gómez. A ella, que se había mudado a Bavio, la sociedad la condenó en base a RUMORES.

“¿Cómo explicar que la imputada fuese ajena a toda maniobra si presentó lesiones de quemadura en sus manos?”, se preguntan los magistrados en el fallo, que no tuvieron en cuenta que las lesiones fueron en la parte dorsal, lo que coincide con la versión de Marcela, quien afirma haberse cubierto el rostro para protegerse. “¿Por qué reunirse con el imputado si tenía una orden de restricción solicitada por ella?”, agregaron.

Este juicio, puesto en cuestión por la fiscal de Casación y visto por la Cámara, resultó anulado. “Es tan deficitaria la sentencia, que se le aplicó la peor sanción que puede tener una resolución judicial, que es la nulidad”, destacó el abogado.

Marcela habló desde la cárcel

Mientras espera la definición al pedido de excarcelación y el sorteo de un nuevo tribunal, Marcela sigue afirmando su inocencia y cuestionando el juicio que la condenó. En diálogo con Contexto desde la Unidad N° 33 de Los Hornos, donde se encuentra detenida, destacó que desde Casación “se dieron cuenta que ese juicio fue bochornoso, que no hay pruebas ni nada”.

Mendoza celebró que “se cayeron los veinticinco años”, pero advirtió que, a pesar de esto, desde la Sala I no le otorgaron la excarcelación. “Se están dando cuenta todos que soy inocente, pero no me dan la libertad”, agregó.

“Soy inocente, tengo que estar en mi casa, ya llevo cuatro años lejos de mis hijos”, insistió MENDOZA.

“Soy inocente, tengo que estar en mi casa, ya llevo cuatro años lejos de mis hijos”, insistió Mendoza, que, sin condena, replica: “¿Quién me devuelve mi tiempo?”.

Dentro de prisión, donde han sido reiterados los reclamos de las detenidas por falta de agua, alimentos en mal estado, y un sistema sanitario crítico, Mendoza, que es celíaca, ha tenido un gran deterioro de salud, según destacan sus últimos estudios, por lo que se espera que la Justicia también tenga en cuenta este punto y avance finalmente por la libertad.