Contexto dialogó con Gabriela Rivadeneira, expresidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador y una de las figuras más relevantes de la política regional. La breve entrevista se realizó en el marco de la conferencia de prensa que la asambleísta brindó antes de disertar en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, en una charla abierta junto a la diputada provincial Florencia Saintout, la senadora nacional María Inés Pilatti Vergara, la diputada nacional Laura Alonso, Stella Calloni y las periodistas Cynthia García y Lucía García.

¿Qué rol tuvo Estados Unidos en la reconstrucción de la derecha en la región?
El gobierno de Estados Unidos había perdido su hegemonía en la región porque hubo presidentes que impulsaron políticas soberanas. En su estrategia para recuperar esa hegemonía utiliza el formato del lawfare, que es la persecución política a través de los sistemas judiciales y el anclaje en los monopolios mediáticos que operan ágilmente para desprestigiar y desgastar a figuras emblemáticas de los procesos progresistas. Eso lo hacen con el afán de generar dentro de las poblaciones imaginarios que luego puedan condicionar a los votantes a la hora de tomar una decisión. Eso se ve claramente en los casos de Brasil y Argentina, donde ganó un candidato opositor al kirchnerismo. Así lograron evitar que pudieran continuar los procesos populares.

¿Y el caso de Ecuador?
El caso de Ecuador parece ser diferente, pero el formato es el mismo, sólo que allí no se trató de la llegada al gobierno de un líder opositor. En Ecuador hubo una contrarrevolución que surgió de nuestras propias raíces, y por eso la traición es mucho más fuerte. De todos modos, es parte de esa estrategia que tiene anclaje en el gobierno de Estados Unidos, que busca la ocupación y la usurpación de nuestros recursos naturales. El petróleo, el agua, el litio. Bolivia hizo públicas las reservas más grandes de litio, y eso siempre va a estar en el foco de los gobiernos de Estados Unidos.

«En Ecuador hubo una contrarrevolución que surgió de nuestras propias raíces, y por eso la traición es mucho más fuerte»

¿Los gobiernos populares no advirtieron lo que se venía o no supieron construir las herramientas para frenar el golpe, la traición, la desestabilización y el engaño electoral?
Creo que lo advertimos, especialmente cuando vimos los golpes en Honduras, contra Manuel Zelaya, y en Paraguay, contra Fernando Lugo. No dimensionamos la estrategia que Estados Unidos tenía para la región. Correa decía hace cuatro años que venía en camino un proceso de restauración conservadora y no lo supimos decodificar bien. Muchos pensaron que eso iba a pasar en otros países, pero en los suyos no.

Desde ese accionar que nos ha mantenido tan ocupados en problemáticas propias de nuestros países hemos obviado este tipo de conversaciones de la articulación regional. Creo que eso fue una gran deuda de los partidos políticos. Por eso hoy la labor de los partidos políticos progresistas es la confluencia de ideas y del debate de la calle. No podemos perder el debate en la calle, con la gente, y el trabajo de concientización, y confiar en los pueblos. Debemos confiar en los pueblos para poder retomar el camino de los procesos progresistas en toda la región. Esa es la tarea que nos corresponde, por eso estamos aquí. En octubre va a realizarse un proceso electoral clave. Si en Argentina gana Cristina Fernández se puede impulsar un giro progresista en toda la región.