Por Claudia Vásquez Haro*

La presencia de Judith Butler en Argentina una vez más ratificó que existe una élite privilegiada de investigadorxs/académicxs cisgénero/blancxs que acaparan el acceso a todos los espacios académicos, políticos y culturales, donde protagonizan diferentes discusiones en las que también se abordan temáticas referidas a la identidad de género, sin la presencia de las personas trans y travestis en las mesas de debate.

Este mecanismo ha sido recurrente a lo largo de las visitas de la profesora Butler a la Argentina y a otros países de la región, como en el último viaje que realizó a Brasil, donde el movimiento trans y travesti fue muy crítico con respecto a la falta de diálogo e intercambio directo, sin intermediarios, con la filósofa estadounidense.

En esta ocasión, se evidenció una vez más dicha práctica durante la participación de Butler en la Universidad de Tres de Febrero (UNTREF), en el marco del coloquio “Los mil pequeños sexos” y el conversatorio “Activismo y pensamiento”, llevados a cabo hace unos días en la ciudad de Buenos Aires. Allí, la reconocida activista Marlene Wayar, autora del reciente libro Travesti / Una teoría lo suficientemente buena, se vio obligada a acreditarse como prensa para poder hacerle una pregunta a Butler en público.

Por otro lado, durante el coloquio internacional “La memoria en la encrucijada del presente. El problema de la justicia”, ocurrido en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex-ESMA), me acerqué a la profesora Butler para pedirle una entrevista mientras ella recorría los pasillos de la Casa de Abuelas de Plaza de Mayo, y muy atenta accedió a darmela. Minutos después, parte de lxs integrantxs de su consorcio, conformado por investigadorxs, obstaculizaron el encuentro, dejando mis preguntas sin respuestas. Es el modo en que operan los escalafones medios que, por preservar lugares de poder, entorpecen estos intercambios.

Las preguntas que me surgen son: ¿hasta qué punto Butler es condicionada, en relación con su agenda, que no pide sentarse en los paneles de discusión y exposición con una representación mínima de personas trans y travestis, teniendo en cuenta que sus temas de investigación nos involucran transversalmente?, ¿quiénes se benefician con la visita de Judith Butler a Argentina?, ¿quién acumula el capital político y académico?, ¿es esta una práctica que permite sostener el statu quo de algunxs investigadorxs?, ¿a qué sector del feminismo favorece?

En un contexto donde las feministas terf avanzan con profunda hostilidad hacia las diferencias y, puntualmente, las personas trans y travestis, Butler debería tener el gesto político de acompañar y fortalecer la presencia y los aportes de producción de conocimiento de nuestro colectivo.

En un país como la Argentina, pionero en legislaciones alcanzadas con un activismo trans y travesti profundamente creativo y combativo, no se puede desconocer que nosotrxs pusimos el cuerpo para conseguir que el Estado reconociera nuestro derecho a la existencia, dando a conocer nuestra capacidad de agencia. No es posible escindir la teoría de la práctica, teniendo en cuenta que nuestros valores son la militancia, el activismo y la resistencia, y devenimos investigadorxs porque partimos de la praxis política, es decir, somos sujetxs haciendo cosas para transformar nuestra realidad, y luego teorizamos. Estos son los modos en que pensamos la investigación.

No estamos cuestionando los aportes teóricos de Butler ni su significación como figura trascendental de la teoría queer y los estudios de género. Somos conscientes de que su trabajo revolucionó nuestra manera de entender y aproximarnos al género. Lo que nos genera interrogantes es su praxis ética y política, en relación con el intercambio de saberes con las personas trans y travestis en los ámbitos académicos, políticos y culturales.

Las personas trans y travestis también somos investigadorxs, militantes/activistas, docentes, migrantes, de pueblos originarios, entre otras categorías. Es decir, estamos atravesadas por realidades que no son exclusivamente las relacionadas con la identidad de género. También construimos nuestra propia memoria y somos parte fundamental de la memoria entendida en términos colectivos. Por lo tanto, somos interlocutoras válidas para participar con voz propia de estos espacios que, por ahora, se encuentran acaparados por la élite antes mencionada.

Le recuerdo a la profesora Butler la invitación que le hice personalmente a la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, con el objetivo de que comparta conversatorios y actividades con personas trans y travestis provenientes del activismo social y político, la academia, los sindicatos, entre otros, no sólo de la Argentina sino también de Latinoamérica y el Caribe. Y agrego las preguntas que no pudo responder:

  1. ¿Cuál es la potencia de la performatividad en tanto prácticas políticas que permiten la construcción y reconstrucción de la memoria?
  2. Si entendemos que la memoria es un espacio creativo, y que contiene hiatos, ¿cómo cree que es posible narrarse a sí mismx y con otrxs?
  3. Ante esta avanzada de la derecha en los gobiernos y los fundamentalismos religiosos, ¿cómo debemos pensar en los desafíos colectivos que emprendemos en alianza con otrxs a la hora de actuar y hacerlos visibles, en tanto actos políticos y subversivos en el espacio público?
  4. ¿Cómo pensar, y pensarse, dentro de la matriz de inteligibilidad cuando la posibilidad de subjetivación aparece ontológica y epistemológicamente condicionada?
  5. ¿Cómo podríamos concientizar y sensibilizar a la sociedad respecto del derecho al duelo público de las personas trans y travestis, como lo detentan las personas cisgénero?
  6. ¿Cómo podemos pensar las memorias en plural, y no sólo cristalizadas en el 24 de marzo en el contexto argentino?

* Docente e investigadora de la FPyCS, UNLP. Titular de la Dirección de Diversidad Sexual de la FPyCS, UNLP. Integrante del equipo de Prensa y Comunicación del Espacio Memoria y Derechos Humanos ex-ESMA.