Por Ramiro García Morete

“Entre el humo de los automóviles/ los dientes mastican basurales./ Y desde aquí, sentadx en la plaza,/ puedo ver las flores del cementerio”. Leíto lo explicará mejor que nadie. Es como uno de esos lentes para jugar con las cámaras del celular. “Podés sentarte en el cordón, hacer zoom en un verdín y se genera un mundo mágico de porquería que está fantástico.” Allí donde todos pasan de largo o corren la vista, entre gusanos, arañas, caracoles y mucha mugre, puede estar la belleza. “Lo raro en lo cotidiano”, reforzará. Hacer de lo mundano varios mundos posibles. Como fue mundano ese bidón de agua que sirvió de bombo, a mediados de 2000, en la casa de Daniela en el barrio de Ringuelet. Algunas piezas más que completaban la batería y posiblemente un Peavey pequeño para la viola eran los precarios recursos. Muy distinto a lo que ocurriría tantos años después con Caminante, donde, a pesar de lo casero y la consola ubicada en plena cocina familiar, se equiparían de modo tal que el álbum superaría al anterior (grabado en estudio y mezclado en Estados Unidos). Pero hacer con lo que hay a mano siempre fue la premisa. Pasarían luego múltiples bajistas, llegarían a ser un septeto, viajarían diez veces a Uruguay, editarían discos de notable confección estética y hasta tendrían a Genaro (ocho años de edad y ya baterista de su propia banda: Foc). Sosteniéndose mutuamente, construyeron un imaginario propio cimentado por un sonido denso por momentos y a la vez dócil, yendo desde lo experimental al stoner, pasando por el noise y la canción. Un bicho raro y encantador que ha sabido generar su propio ecosistema y mantenerse vital al punto de prepararse para celebrar los quince años. Y es que en un mundo donde el horror se esconde en sonrisas amenas y publicidades atractivas, quizá el Cuco sea el mejor aliado para abrazar en la noche.

“Imagino que ese tipo de cosas las termina de cerrar el ojo que está observando –reflexiona el cantante y guitarrista sobre el tenor conceptual de la banda–. Nosotros no lo pensamos. Sí nos gusta plasmar los intereses de lo que hacemos. Si hay un libro o una película que nos gusta, se mete solo. No es que pensamos hacer un tema sobre tal cosa. La música sale solita. Sí lo pensamos cuando hacemos algún evento. Pero no hay especulaciones. Lo conceptual tiene más que ver con la gente que te va a ver.”

Tras la partida del bajista Seba Novoa Oliva, la banda actualmente forma un trío con dos guitarras (Franco Marturet es el otro ejecutante de las seis cuerdas). La banda, que sigue presentando su último material, está en un momento más bailable. «Fuimos cambiando, explorando… Estamos más rítmicos y bailables, desde el sentido tribal más que electrónico. Sigue habiendo contrastes y mucha música experimental.”

Respecto del estilo, que escapa a los moldes que predominan en la ciudad, no es tomado como un obstáculo. “La actitud siempre fue encontrar otros pares a los que les guste compartir la música que hacemos. Quizá en La Plata no hay una escena muy grande de lo experimental. Pero en Capital o en el Conurbano, como Maswichtz, hay un momento de bandas. Contamos con ellos, como también con Uruguay. Armamos un circuito.”

Con la idea de grabar un EP, en junio llevará a cabo una nueva edición del festival Mugre o Muerte, así como preparan su “fiesta de 15” para septiembre. Este miércoles a las 21 hs, Cuco se presenta en Pura Vida (Diag. 78 e/ 8 y 61) junto a Paltax y Killing Croma.