Por Ramiro García Morete

“Entonces Dios le preguntó: –¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? ¿Acaso has comido del fruto del árbol del que te dije que no comieras?». No estaban comiendo fruto, sino más bien bebiendo alguna cerveza. Distendidos y con la confianza de un grupo que lleva su tiempo de trabajo, disertaban sobre Las gárgolas, la obra que habían llevado a cabo y que estaba marcada por el sufrimiento. Particularmente en una escena donde una bailarina quedaba envuelta en un plástico y otra le ponía hielos. A partir de esa imagen luminosa y sensorial, pensaron una obra opuesta, desligando el cuerpo de esa carga negativa que inventó ese invento llamado Dios. Inspirados por las lecturas de Giorgio Agamben, la historia del arte y sus propias inquietudes, surgieron los interrogantes: ¿cómo sería la desnudez allí?, ¿cómo es un cuerpo no marcado por la sensación de pecado, la culpa, la vergüenza?, ¿cómo danzan estos cuerpos?, ¿qué hacen?. Porque el cuerpo es siempre una pregunta, un terreno a disputar y reconfigurar. Como los versos de Whitman que preguntaban si el cuerpo vale menos que el alma, “¿y si el cuerpo no fuese alma, qué es el alma?”. Y el alma del arte son las preguntas, más que las respuestas. “Se trata de una exploración o experimentación, no con una idea científica –dirá Diana Rogovsky–. Rondar alrededor de algo, un objeto que no da respuestas. Rondaste y no pudiste asirlo. Es dar vueltas alrededor y compartir lo que encontraste por ahí. Se trata de eso.”

Como esos cuerpos desnudos que rondan por una escena desprovista de música, Edénica es la obra que esa autora construye para imaginar un estado idílico de plenitud y goce, con un grupo de artistas y cuerpos que desde la danza y la performance buscan dejar la sensibilidad al desnudo. Con el trabajo performático de Ayelén Demichelis, Alejandro Gregorio Lonac, Gabriel Lugo y Mónica Menacho, Edénica se presenta este domingo a las 20 hs en Dynamo Teatro (17 y 68).

“El cuerpo en la danza son muchos cuerpos –reflexiona Rogovsky–. Cada una construye un cuerpo distinto. A lo largo del día se va entrando y saliendo el cuerpo. No está adscripto a una técnica en particular. Se investiga ese lugar del propio cuerpo y construye para la obra. Es un campo de interpelación permanente, para la danza, para la performance, el teatro.” Y afirma: “Siempre es una pregunta. Un cuerpo en escena genera un montón de movimientos, de asociaciones con otras imágenes que pueda producir en quien mira”. Y agrega: “Investigamos hasta que vamos seleccionando ideas y armando un guión. Después se trata de meterse en esas escenas”. Allí no hay música. “Decidimos que la sonoridad de la obra era el ruido de los plásticos.”

La desnudez y la vergüenza son abordadas. “Hay una escena que trabajamos sobre el pudor. La toma de conciencia de que estás desnudo. Hay un momento en que se notan y se cubren. A Eva la quieren vestir y no quiere, como si no sintiera tanta vergüenza. Después hay una vergüenza real. Que nos pasa al mostrarnos. Para quien mira, hay una sensación de libertad y algo que alivia. A los intérpretes les pasan distintas cosas en distintos momentos.” Y comenta que hubo “una discusión respecto de la feminidad y masculinidad. Ese asunto de los genitales masculinos que, a diferencia de mostrar las tetas, está visto de otro modo”.

En tiempos de avalancha semántica y de textos, Rogovsky piensa sobre el lenguaje de la danza para comunicar. “Me interesa mucho la literatura. Y en general en mi trabajo aparece algo vinculado a la palabra. Te diría en verdad con el significado. Me gusta tratar de llegar adonde las cosas no significan o ya no saben dónde no significan.”

Con dos fechas confirmadas para junio, existe un proyecto de streaming a concretarse. Rogovsky piensa en la dificultad de este tipo de proyectos en medio de la crisis y en el motor para seguir: “Es una especie de locura. Cumplí cincuenta años y me pregunto por qué lo sigo haciendo. Es un esfuerzo enorme, donde siempre hay mucha autoexplotación. En este caso, tuvimos subsidio del Fondo Nacional de las Artes. Lo que pienso es qué nos pasa en el hacer de la obra que nos da cierta felicidad. Edénica tiene que ver con proporcionarnos una especie de alivio. Podemos jugar, disfrutar, ser felices, irnos a otro universo un rato. La cotidianidad es áspera. Disfrutar de la vida, hay algo de eso. Se vuelve con otra potencia».

FICHA TÉCNICA

Performers: Ayelén Demichelis, Alejandro Gregorio Lonac, Gabriel Lugo, Mónica Menacho.
Vestuario: Marta López.
Iluminación: Gonzalo Monzón.
Video: Nabilia Zampaco.
Fotografía: Fernando Norberto Ghersi.
Dirección: Diana Rogovsky.
Duración: 50 minutos.