La detención del periodista y fundador de WikiLeaks, Julian Assange, es, lisa y llanamente, un acto de terrorismo. Quienes organizaron la detención, y sus socios, buscan aleccionar a todos los que se atrevan a desafiar al poder, sembrar el terror en todos los que se atrevan a buscar la verdad y echar luz sobre los oscuros manejos que tiene el Departamento de Estado de Estados Unidos a través de sus embajadas y el vínculo de estas con los medios de comunicación hegemónicos y con los líderes regionales de la derecha.

“Nos sacamos una piedra del zapato”, dijo el mandatario ecuatoriano, Lenín Moreno, luego de que Assange fuera detenido y sacado por la fuerza de la Embajada de Ecuador en Londres. Moreno se transformó así en un cómplice necesario del entramado que terminó con el encarcelamiento del periodista de origen australiano y ciudadanía ecuatoriana.

El arresto de Assange es un golpe a la libertad de expresión, un ataque a la prensa independiente y un claro atentado a la búsqueda de la verdad.

Sólo para ejemplificar con el caso argentino, los cables de la embajada norteamericana en Argentina revelados por Assange mostraron el vínculo-dependencia que tenían con la representación diplomática estadounidense Mauricio Macri, Elisa Carrió, Jorge Lanata, el fiscal Alberto Nisman, el Grupo Clarín y otros tristes personajes del poder local.

El fundador de WikiLeaks estaba refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres desde 2012. El gobierno de Rafael Correa le brindó asilo y reivindicó su lucha por la verdad. En 2017, la asunción de Lenín Moreno y su claro alineamiento con los intereses de Estados Unidos pusieron en riesgo el asilo. Moreno buscó denodadamente la manera de expulsar al periodista de la embajada en Londres y este jueves 11 de abril, en clara violación de las normas del derecho internacional, permitió que las fuerzas de seguridad británicas entraran a la embajada (que es territorio ecuatoriano) y se lo llevaran por la fuerza, arrastrado de pies y manos.

El expresidente de Ecuador, Rafael Correa, señaló en su cuenta de Twitter: “El traidor más grande de la historia ecuatoriana y latinoamericana, Lenín Moreno, permitió que la policía británica entre a nuestra embajada en Londres para arrestar a Assange. Moreno es un corrupto, pero lo que ha hecho es un crimen que la humanidad jamás olvidará”.

El fundador de WikiLeaks enfrenta un pedido de extradición del gobierno de Estados Unidos. De llegar a suelo norteamericano, deberá enfrentar un juicio que podría condenarlo a la pena de muerte.

El poder, una vez más, intenta “matar al mensajero”. Desconoce que, aun con ese método de terror, no pueden matar la verdad.