Por Ramiro García Morete

“Mi marido era muy alegre/ y un cazador me lo mató/ con una escopetita verde/ el día de San Borombón/ Una bala le mató el canto/ –y era tan linda su canción–,/ la segunda le mató el vuelo/ y la tercera el corazón”. Cuando estaba en tercer grado, la “señorita Mirta” les hizo escuchar “La pajarita Pinta”. Diego Martez aún no tenía ese apellido artístico, pero sí esa sensibilidad. Y se puso a llorar. Un año después interpretaría en un acto escolar al protagonista de la “Canción del jardinero”. Si como en “Serenata para la tierra de uno” es verdad que “el idioma de la infancia es un secreto entre los dos”, su poesía ha florecido en la tierra de todes. “Al que mata a los pajarillos/ le brotará en el corazón/ una bala de hielo negro/ y un remolino de dolor”. Transversal a las edades, múltiple en sus sentidos, sensible y combativa, los adjetivos se agotan al referirse a una obra que ni las escopetitas verdes pudieron borrar ni desaparecer. Sin embargo está aquí, en la memoria colectiva más arraigada que es la que emerge con la pureza del canto. Por segunda vez y tras una primera función con entradas agotadas, este jueves se llevará a cabo “La Plata Canta a María Elena Walsh”. En una nueva producción de Caminar de Elefante, Legüereale, Diego Martez, Fulanas Trío, Luna Roja y Las Guitarras Negras, Nat Soulé, Ana Marconi, Federico Arreseygor & Cintia Coria y Martes de agua repasarán y versionarán el cancionero de una de las autoras más importantes de nuestra historia desde las 21 en Guajira (49 e/ 4 y 5).

“María Elena Walsh representa muchas cosas, es por un lado la máxima creadora de música infantil del país y tal vez también de la región y por otro es una intelectual comprometida con la realidad de su pueblo –comenta Alejandro Bértora, del proyecto tanguero Luna Roja y sus Guitarras–. En un sentido más general podríamos decir también que es la mujer que no se quedó cumpliendo los mandatos sociales y batalló por su deseo, una voz muy valiente, de las más valientes de nuestra historia”.

“Representa un paisaje sonoro de mi infancia –expresa Cintia Coria, cantante que forma parte de As Madames y que se presentará junto al pianista Federico Arreseygor– En especial algunas de sus canciones. No tanto desde la escucha de discos, si no porque sonaban fragmentos de canciones en la voz de mi mamá. Ahora que yo soy mamá se resignifica esa escucha, y suenan discos de María Elena en mi casa materna/paterna para que los escuchen lxs nietxs”.

“Su música solía sonar en casa –suma Arreseygor la infinidad de recuerdos que invocan a Walsh–. Un disco de vinilo que mis viejos ponían muy seguido, junto a un cassette que reproducían en el auto y acompañaba nuestros viajes familiares”.

Todes coinciden en que es mucho más que una autora de “canciones infantiles”. “Ya de más grande, su figura comenzó a atravesarme desde otros lugares –cuenta Diego Martez, quien en mayo celebrará sus quince años de carrera nada menos que en el Teatro Argentino–. Ver la fortaleza de una cantora que decía muchas cosas que otres no decían, con mucha sencillez y crudeza. Junto a Leda me marcaron un camino, una forma de componer y de decir. Sencillamente no volví a ser el mismo”.

“Recuerdo que en la adolescencia –aporta Coria–, una adolescencia tardía quizás, comencé a interpretar el significado de algunas de sus letras y cuando resignifiqué en ‘La pájara Pinta’… ‘Mi marido era muy alegre y un cazador me lo mató…’ fue muy fuerte el darme cuenta del contenido de ese texto y todas las emociones y sensaciones que eso me generaba”.

El ciclo ha tenido ediciones versátiles como una dedicada a Luis Miguel. “Es un ciclo muy interesante –declara Bértora–. Nos dio una gran alegría la invitación porque es una posibilidad de hacer de la música un juego, jugar un poco más coloreando de nueva una canción que por alguna razón nos convoca aunque no sea nuestra. Es interesante el intento de aportar una nueva voz a lo que ya dice una obra. Además nos ayudó a encontrarnos con artistas que nos gustan mucho y compartir el escenario”.

A su vez, Diego Martez destaca “el desafío que representa para cada unx, músicx, en donde nos vemos por fuera de nuestro sitio de confort, en donde debemos atravesar un proceso creativo para generar una interpretación que represente nuestra música. Sin dudas es uno de mis ciclos favoritos de la ciudad”.