La papelera Unión Platense, recuperada por sus trabajadores en 2001, está en jaque por los tarifazos y hoy corren riesgo sesenta fuentes laborales. “Ya hicimos el reclamo al gobierno nacional y al provincial pero no tenemos respuesta de nada. Nos la bancamos solos hasta que llegó el día que nos bajaron la llave de luz. Estamos prácticamente en la calle ya”, aseguraron en diálogo con Contexto.

Ubicada en el barrio platense de Gonnet, la Papelera Unión Platense ve un futuro incierto ante las abultadas tarifas que tienen que afrontar, que ya le valieron el corte de los suministros de gas y energía eléctrica. La suma sólo de luz escala a nada más ni nada menos que siete millones de pesos, cifra que se vuelve impagable para los sesenta trabajadores que administran de forma autogestiva la planta.

La empresa fue recuperada por sus trabajadores en 2001, tras el abandono de sus dueños en el contexto de crisis. Por ese entonces eran sólo veintisiete los empleados, que, en forma de cooperativa, de la mano de la recuperación económica del país, pudieron duplicar el personal.

Desde la llegada del macrismo al poder, las tarifas se multiplicaron al punto de volverse impagables: anteriormente las boletas de luz rondaban los 250 mil pesos, pero hoy alcanzan el millón, precisaron los trabajadores en diálogo con Contexto.

“Son impagables, montos muy elevados que nos llevaron a generar deuda, y hoy en día nos bajaron la llave del gas y de la luz. Somos sesenta familias que corremos riesgo de quedarnos en la calle”, detalló José Mansilla, integrante de la cooperativa.

«nos bajaron la llave del gas y de la luz. Somos sesenta familias que corremos riesgo de quedarnos en la calle”

“Venimos tratando de cumplir con todo, pero con los últimos aumentos que hubo se hizo imposible. Ya no podemos hacer más nada. La única forma de salir de esta es trabajando, pero nos cortaron la luz y no podemos”, sostuvo el trabajador, quien detalló que en este contexto de crisis las ventas bajaron a la mitad; por lo tanto, ante menores ingresos se ven imposibilitados para afrontar tales deudas.

En este marco, y sin soluciones por parte del gobierno nacional y provincial, a donde ya fueron a reclamar reiteradas veces, los trabajadores de Unión Platense ya piensan en la posibilidad de cierre. “Estamos decidiendo qué hacer; si presentamos quiebra, si vendemos. No tenemos ganas de cerrar, pero este gobierno nos está llevando a eso.”

“Estamos decidiendo qué hacer; si presentamos quiebra, si vendemos. No tenemos ganas de cerrar, pero este gobierno nos está llevando a eso”

“En este momento estamos necesitando que el gobierno nos escuche y nos dé la posibilidad de seguir trabajando. Necesitamos que intervenga con estas empresas que son las que nos están cortando con una soga y no nos dejan ni respirar”, explicó Mansilla.

“Ya hicimos el reclamo al gobierno nacional y al provincial, pero no tenemos respuesta de nada, nos la bancamos solos hasta que llegó el día que nos bajaron la llave de luz y estamos prácticamente en la calle ya”, agregó el trabajador.

Cabe destacar que más allá de los sesenta trabajadores que ven su fuente laboral en riesgo, el cierre de Unión Platense implicaría también pérdidas económicas para más de trescientas familias al ser un punto clave para cartoneros y carreros de la ciudad que venden los cartones a la planta que los recicla para la producción de papel.

El caso de CITA

En La Plata, similar situación atravesó la Cooperativa Industrial Textil Argentina (CITA), la textil recuperada de barrio El Mondongo, que tras 65 años de historia paró sus máquinas en 2017. La apertura de importaciones, la caída del mercado interno y los fuertes tarifazos lograron que sus trabajadores decidieran frenar la producción.

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CITA era una fábrica que para tener rentabilidad debía vender aproximadamente 80 mil metros de tela mensuales. En 2016, la poca rentabilidad que conservaban se trasladó al pago de la luz y el gas, de forma que se quedaron sin dinero para volcarlo a la compra de materia prima y seguir fabricando. En pocos meses notaron una caída en las ventas y pasaron a producir sólo 30 mil metros. Finalmente sus trabajadores apagaron las máquinas.